Opinión
Mes de la Historia Sanantoniense (Entrega III de IV)
martes 13 octubre, 2026
Los archivos profundos: El Valle de Legueremari, las tesis coloniales y la memoria rescatada
Alexis Balza
Investigar la historia de una frontera viva no es una tarea que quepa en los márgenes de un solo libro ni en una mirada superficial del pasado. Es un peregrinaje incansable de más de dos décadas que nos ha llevado a escudriñar los repositorios documentales más exigentes de América y Europa: desde el Archivo General de la Nación en Bogotá y Pamplona, pasando por Caracas, Mérida y Maracaibo, los archivos del Congreso de la República y de la Gobernación del Táchira, hasta cruzar el Atlántico para consultar los legajos de los oidores y adelantados en España.
Esta saga historiográfica y literaria que hemos emprendido —reflejada en obras como El Gentilicio Primado, Los Guardianes de la Frontera, Fuego en la Frontera o La Puerta de Hierro— busca devolverle al presente los rostros, las luchas, los deslindes y las verdades que nos fueron sustraídas por la narrativa tradicional.
Nuestra mirada histórica ha decidido ir mucho más atrás de 1724, rompiendo los esquemas coloniales convencionales para viajar doscientos años antes de la firma de las primeras actas parroquiales. Estamos reconstruyendo el poblamiento originario del Valle Táchira, conocido ancestralmente como el pueblo de Legueremari. Ya el 10 de abril de 1557 este asentamiento había sido registrado legalmente bajo el mando del encomendero Pedro López de Garfias, demostrando que la vida comunitaria, la siembra y la ocupación del suelo en nuestra frontera son infinitamente más antiguas de lo que los textos escolares nos enseñaron.
Esta evidencia irrebatible sustenta con firmeza nuestras tesis coloniales: 1) Fundación tardía y tejido social previo: La erección de San Antonio de Padua en 1724 no fue un acto de creación desde la nada, sino la institucionalización tardía de un entramado humano, social y económico que llevaba siglos habitando, produciendo y defendiendo este suelo; 2) La lucha oculta del gentilicio: El proceso fundacional no fue una concesión pacífica, sino una batalla jurídica y social contra el aislamiento, la bravura infranqueable del caudaloso río Táchira y las trabas eclesiásticas —como el prolongado litigio del cura Maizín de Capacho y la apelación ante el Arzobispado de Bogotá— que mantuvieron la intención fundacional en un doloroso limbo; y 3) Los hacendados, vecinos y familias pioneras del Valle Táchira no solo resistieron los pleitos de tierras y los abusos de jurisdicción entre Pamplona, Mérida y Cúcuta, sino que forjaron a pulso la verdadera cuna del gentilicio tachirense.
Sin embargo, las ideas, las tesis y las transcripciones se evaporan si no se siembran en la piedra firme de la institucionalidad. Por ello, este esfuerzo de investigación cobra vida y permanencia con la creación del Archivo Histórico del Centro de Estudios Históricos de San Antonio del Táchira, una realidad en marcha que constituirá un santuario documental de primer orden. Este archivo custodiará, estudiará y pondrá al servicio de Venezuela y del mundo los manuscritos, mapas, censos y expedientes que prueban nuestra solera histórica.
El Archivo Histórico del Centro de Estudios Históricos apoyará y mantendrá viva de manera eterna la memoria de nuestro Pueblo Primado, garantizando que las futuras generaciones de sanantonienses caminen sobre su suelo con el orgullo de saberse herederos de una historia grande, digna e indomable. Un pueblo que custodia sus raíces es un pueblo dueño absoluto de su destino.
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