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Inicio/Opinión/Reconstruir la democracia desde abajo: La urgencia de una reeducación total

Opinión
Reconstruir la democracia desde abajo: La urgencia de una reeducación total

sábado 14 marzo, 2026

Reconstruir la democracia desde abajo: La urgencia de una reeducación total

Carlos Casanova Leal

Reconstruir el tejido democrático desde sus cimientos es la extraordinaria tarea que enfrentamos en Venezuela. En un país donde la democracia ha sido erosionada durante 27 años, resulta impostergable iniciar este proceso general de reeducación política, ciudadana y funcionarial. Esta necesidad surge de la doble revolución impulsada por el chavismo-madurismo, no solo la económica y política, sino más allá una profunda revolución cultural inspirada en el modelo gramsciano de hegemonía, que sustituyó los valores republicanos por dogmas colectivistas, y hábitos democráticos por obediencia clientelar. El venezolano de hoy, moldeado por décadas de propaganda estatal y subsidios condicionados, dista radicalmente del ciudadano autónomo de 1998, educado en la alternancia y el pluralismo.

El régimen liquidó todas las formas de democracia corporativa, la de sindicatos independientes, federaciones gremiales y colegios profesionales, reemplazándolas por estructuras de control social, jefes de calle, UBCh, CLAP y gasificación partidista. Estas no son formas de participación genuina, sino mecanismos de vigilancia y cooptación al estilo del partido único, arraigados en el modelo de Estado socialista comunitario. Estas estructuras permanecen intactas, paralizando cualquier iniciativa ciudadana autónoma. Hoy, los venezolanos carecemos de canales reales para incidir en la gestión pública.

La atención política se concentra en las acciones del Gobierno, cumpliendo la agenda que el “protectorado” estadounidense le ordena, monopolizando el debate de elites políticas, gremiales, académicas y ciudadanas. Estamos olvidando la esencia; la participación como construcción colectiva. La política no genera resultados perdurables si se basa en simulación o en fórmulas obsoletas, no podemos pensar que las próximas luchas las daremos desde organizaciones que hace 27 años agrupaban masas, como lo fueron sindicatos, federaciones, colegios, partidos judicializados o “sin tarjeta”, pero que hoy exhiben menguada adscripción ciudadana, con tasas de afiliación inferiores al 10 %, según datos de observatorios como Transparencia Venezuela, producto precisamente de la estrategia revolucionaria de evitar la participación ciudadana.

Si no se atendemos esta desconexión, la desvinculación crecerá exponencialmente. Una sociedad opositora que ronda el 90 %, según encuestas de Mercanalisis y Delphos; sin organización ni tareas concretas cumplimos el sueño del dúo Rodríguez, un vacío político que perpetúa el control comunal.

¿Democracia sin partidos? No vivimos en democracia desde hace décadas, sino en un régimen híbrido autoritario. ¿Son necesarios los partidos? Absolutamente, pero activos, con militancia orgánica, proyectos viables y liderazgo comunitario. Un partido nominal o gremio sin afiliados solo legitima el poder comunal. Sorprende que líderes pre-chavistas pretendan dirigir sin reconfigurar estructuras, haciendo política como si Venezuela no hubiera mutado. No solo cambió el ciudadano alienado por clientelismo, sino el mundo, la revolución tecnológica y la IA redefinen relaciones sociales, habilitando plataformas digitales para movilización, como en las protestas de 2017 o el 6E.

¿Cómo saber qué impulsa un partido? Pregúntale a un militante de base: ¿Cuál es la tarea que lo ocupa en su comunidad? La respuesta suele ser el silencio. La nueva Venezuela debe enterrar el caudillismo civil y militar, un sistema de lealtades que fomenta seguidores, no líderes. Los fundadores de la democracia a partir de 1958 y antes con la Generación del 28, contó con hombres como Betancourt, Raúl Leoni, Andrés Eloy Blanco y muchos más, cuyo liderazgo se basó en su prestigio personal reconocido así por la sociedad y por sus planteamientos políticos, los proyectos de un Estado Democrático, se dedicaron también a la tarea de forjar líderes locales en estados, municipios y parroquias.

¿Se puede levantar y masificar la política a partir de dirigentes que tienen más rechazo que aceptación? Si creemos que sí, aquí estaremos estancados.

Si nos quedamos en la actual dinámica marcada por los actos de la Asamblea Nacional, caemos en una peligrosa normalización de la vida social y política tutelada sin que haya cambiado el Estado Comunal y sus estructuras que gobiernan al ciudadano en la comunidad.

La organización desde la base pasa por la formación e información, crear estructuras en la certeza que de cada 10 puertas que toques 9 son opositoras y desde ahí renovar la política priorizando al ciudadano, proponer tareas y acompañar la formación de dirigentes y no seguidores, para esto no se necesita pedir permiso al CNE, para reordenar y elegir en la base estructuras democráticas se requiere solo de voluntad.

Reconstruir no es nostalgia; es refundación estratégica para una Venezuela post-chavista viable.

Dios con nosotros

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