sábado 27 noviembre, 2021
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Repelencias

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Carlos Orozco Carrero

Los tapabocas desplazaron a los pañales desechables, como el elemento más contaminante del planeta. Los vemos por ahí, tirados en las aceras, calles, avenidas y hasta en las carreteras que nos comunican entre pueblos y aldeas.  Puede que algún organismo proponga una campaña para tratar de erradicar esta visión tan grotesca sobre el estado de nuestra naturaleza, herida hasta el límite.

La señora María, vecina y amiga de todos en Pregonero, no me vendió un vasito de currunchete, alegando que yo estaba recién vacunado contra el virus chino. Bueno, le agradecí el gesto, recordando que el manjar uribantino también lleva michito en sus ingredientes. Recordó la doña que vive frente al estadio del pueblo que hay que ser prudente en estos casos.

La muchacha miraba con interés al hombre maduro que conversaba frente a todos. Le parecía agradable este señor. Su pelo ralo y entrecano le daba el aspecto interesante que amarraba a la dama a sus tertulias. El caballero observó que su presencia no era del todo indiferente a la jovencita. -¡Qué linda!, pensó. Hasta llegó a imaginar un paseo junto a ella, tomados de la mano, por algún sendero hermoso del lugar. Apenas tuvo un tiempito libre, le susurró a la mujer que lo embobaba como cuando era estudiante de bachillerato, – Sabes que soy viejo y pobre, señorita. La chica se acercó y le respondió. -Lo de viejo se lo resuelvo rapidito, caballero. Lo de pobre es incurable. El hombre maduro no la volvió a ver.

Los mayas agarraron al monje en plena selva. El hombre se había perdido entre lo tupido del monte inexplorado por el hombre venido en extrañas barcas. Parece que los hijos de esta tierra también eran antropófagos y habían amarrado al hombre de Dios frente a un ollonón de greda cocida. Cuenta Augusto que este personaje era conocedor de astronomía y los movimientos estelares que se dan en el espacio infinito. Intentó comunicarse con los aborígenes a través del chamán y jefe espiritual de la aldea con señas y sonidos, pero estos estaban en lo suyo. Parece que la suerte estaba de parte del europeo y recordó que al otro día se produciría un total eclipse de Sol. Así amenazó a los que lo tenían cautivo y les hizo saber que, si lo mataban, oscurecería el cielo y todo se destruiría en cuestión de horas al amanecer. Se sabe que echaron al monje en el enorme recipiente y lo aliñaron con elementos del cultivo que tenían los nativos en sus huertos. No sabía el desdichado visitante que los mayas tenían el conocimiento supremo de los movimientos de las estrellas y sabían de los eclipses que ocurrirían en los siglos venideros, hasta el fin del mundo…

Se hizo una competencia de rueda y palito en las inmediaciones de Río Negro. Yo estaba muy emocionado por la cantidad de participantes que se habían inscrito para la prueba. Tenía unas botas deportivas de alta competencia que me había enviado el pana Bolt de Jamaica. Pensé que los atletas seguirían hasta Guaraque, debido a que en este deporte nadie se cansa. Claro, si usted deja la rueda a un lado, de inmediato se desploma, sin capacidad para nada. Dieron la partida y salí esmachetao delante del grupo. todos miraban mi calzado dorado. En la subida a Potreritos me encontraron sentado en una piedra y con los zapatos en la mano. Tenía en los talones unas enormes vejigas que parecían huevos fritos. Todavía se burlan de mi calzado olímpico mis amigos de siempre.

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