Opinión
Repelencias 630
sábado 22 agosto, 2026
Carlos Orozco Carrero
Alegría y tristeza nos confunden los últimos días a los hijos de Pregonero. Un campeón en olimpiadas de matemáticas celebradas en el lejano oriente nos elevó el ego intelectual ante todos. La mente prodigiosa de Luis García nos encumbró en algarabía y celebración entre nuestra comunidad uribantina. Lo triste y pesaroso es el fallecimiento de Bernabé y el trágico accidente que nos arrebató a Leydi, a Jovani y a Yorman y llenó de luto a hogares vecinos en nuestro pueblo. Ahí vamos, paisanos. Siempre adelante en nuestros abrazos permanentes de solidaridad entre hermanos.
Una importante delegación, representante del Bodegón del Buen Estar de La Ermita, llegó al pie de la imagen milagrosa de Nuestra Señora de La Consolación de Táriba. Dejaron sus oraciones para que la Patrona Tachirense nos proteja siempre a todos. Afortunadamente, no le cambiaron el nombre a La Virgen Santa. Demás está decir que los fieles caminantes regresaron muy alegres a contar lo que vieron por la vía tan concurrida de regreso.
En una mañana fresca y de sonrisas por parte de los funcionarios de la oficina donde “se saca la cédula” sentimos un fuerte remezón para despertar ruegos al Todopoderoso y esperar que los muebles, lámparas, avisos y rostros se quedaran quietos para continuar con el proceso de identificación en La Castra. Ante el alboroto, un mamador de gallo gritó sin piedad: -Alguien está viviendo amancebado y este temblor seguidito es castigo divino. – Yo hice la diligencia y me casé por la iglesia con Melquiades, aclaro mi tía Pulqueria. Un dialogo antipático entre los necesitados de tan importantes documentos. -Qué falta de respeto meterse en la vida de la gente y que permitan esos gritos sobre el matrimonio y la vida privada de los usuarios en esta oficina, murmuró otra doñita. La vieja Pulqueria salió riendo con su cédula nuevecita y con una cartera vieja que le tapaba la cara. Deben ser los nervios por el temblor. Ella nos es así. En cada esquina una historia.
Al pueblo bello llegó un hombre que revolucionó todo el comercio de la comarca. El Doctor Soto era un perfecto charlatán de los que abundan últimamente por estos senderos inocentes de Dios. Después les cuento el chisme completo, cariños.
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