Opinión
Sin crédito no hay futuro. El venezolano obligado a vender sin posibilidad de volver a empezar
sábado 25 julio, 2026
Carlos Casanova Leal
Apreciamos con sorpresa cómo los venezolanos recibimos como un avance el hecho de que una empresa venezolana con 70 años en el mercado termine en este año 2026 vendida a un consorcio colombiano; algunos, entonces, señalan que está llegando la inversión extranjera ¿Pero es esto así, es la mirada correcta? Revisemos.
La actividad económica privada en Venezuela surgió del crédito, sin el cual no hubiese existido. Nadie se inició en la actividad productiva, sea agricultor, ganadero, comerciante o industrial, sin el crédito; el ciudadano, incluso para comprar su vivienda y carro, acudió a ese mecanismo de financiamiento.
En Venezuela no ha existido un solo ciclo de prosperidad que no haya estado impulsado por el crédito bancario, que es exactamente lo que hoy le falta al país.
La revolución fue tomando decisiones en dirección al modelo económico y social que propugnaron, donde no exista actividad económica privada, lógico, detrás de consignas, odio y frases elocuentes; no obstante, uno de sus propósitos fue liquidar, finalizar, terminar, acabar, destruir y aniquilar el crédito, para desarmar al sector privado y al ciudadano.
¿Cómo lo hizo y con qué fin? En cualquier parte del mundo, el encaje legal bancario como instrumento de política monetaria se establece entre el 5 y el 12 %, esto garantiza liquidez a los bancos y permite contener presiones inflacionarias puntuales, se refiere al porcentaje de retención del banco, lo demás lo ofrece en crédito. En revolución Chávez-Maduro-Delcy, llegó a fijar el encaje en el 95, 85 % y actualmente en el 73 %, con ello le cambió su naturaleza, dejó de ser una herramienta de regulación para convertirla en una política de congelamiento del crédito.
La revolución utilizó el encaje legal bancario como el instrumento para ahogar al sector privado, quitándole acceso al crédito para el capital de trabajo, así perdieron la capacidad de reponer inventarios, modernizarse en maquinarias y absorber los impuestos que, en la práctica, hacen al Estado socio de las empresas; por ese camino colapsó la capacidad instalada y, en consecuencia, el cierre masivo de comercios e industrias.
¿A dónde llevó la revolución gobernante a la empresa privada sin crédito? A ser una empresa vulnerable, incapaz de financiarse para resistir una crisis, lo encerró y acorraló para que cerrara y vendiera a capitales vinculados al poder económico que ellos crearon.
La revolución nos trajo a un callejón sin salida, el dinero obtenido por la venta tampoco permite volver a empezar, sin un sistema bancario que apalanque el riesgo del empresario, emprendedor, de esta manera el venezolano queda excluido permanentemente de la posibilidad de crear riqueza.
Actualmente se habla de reiniciar la actividad económica privada en la reestructuración del país; el que cerro, sin crédito no reiniciará, no hay sistema bancario y el encaje sigue cumpliendo el propósito ideológico; pero entramos en algo peor, se habla entonces de la inversión del capital extranjero, ya que al empresario venezolano se le cerró la posibilidad de lograr créditos, el inversionista extranjero lo hace apuntalado del sistema bancario internacional o nacional de un país, con lo que la revolución gobernante propicia la desnacionalización del aparato productivo nacional privado a manos de los únicos que pueden invertir, comprar o levantar proyectos, que son los que poseen capital líquido en divisas sin pasar por el sistema bancario venezolano.
Entramos en una distorsión muy peligrosa. Se destruyó a los industriales y sus empresas que estaban comprometidas con el desarrollo del país, se entregó el tejido comercial e industrial al capital privado internacional, se sustituye al ciudadano independiente por una masa laboral dependiente.
El empresariado venezolano, después de 27 años de revolución, ¿cómo quedó? Lo llevaron a cerrar y, al impedirle acceso al crédito, lo sacas de la posibilidad de comenzar de nuevo, no puede sin crédito volver a empezar.
El encaje legal al 73 % no fue un error de cálculo macroeconómico, fue un instrumento mediante el cual se liquidó el crédito para desarmar al sector privado. Sin crédito no hay empresa nacional, no hay movilidad social y no hay reconstrucción posible. Al congelar el dinero en las bóvedas del BCV, la revolución no solo quebró al industrial y al comerciante de hoy, lo que es peor, le impide al venezolano el derecho de volver a empezar
Dios con los venezolanos.












