Política
Con Federico Ramírez León se va parte de la historia de la CTV
jueves 30 abril, 2026
Maryory Bustamante
Federico Ramírez León, no es solo un nombre en la historia de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) es el símbolo de una era, en la que el movimiento obrero era un actor fundamental en la estabilidad democrática del país.
Con una trayectoria de 44 años de lucha ininterrumpida, su vida representa el ascenso desde las bases más humildes hasta la conducción nacional de la central obrera más poderosa que ha tenido Venezuela.
La historia de Ramírez León comienza en el corazón del estado Táchira. Su formación no se dio en academias, sino en el fragor del trabajo diario en el sector servicios, específicamente en el departamento de cocina del emblemático Hotel El Tamá en San Cristóbal. Allí comprendió que la vulnerabilidad del trabajador solo podía superarse mediante la organización colectiva.

Su ascenso fue meteórico gracias a lo que muchos describen como un “ardoroso verbo” defensivo. Como líder de la Federación de Trabajadores del Táchira (Fetratáchira), se destacó por una combatividad regionalista que priorizaba el bienestar local.
Se le recuerda, por ejemplo, por exigir que en eventos de gran magnitud como la Feria de San Sebastián, no se contrataran espectáculos extranjeros sin incluir proporcionalmente a la mano de obra y el talento regional.
Fue un hombre que pensaba en su gente y en su clase, así lo han descrito sus compañeros.
Para Ramírez León, la entrega al trabajador era una vocación total: “El luchador social no tiene día feriado, ni horas de descanso; tiene que estar al servicio de los trabajadores”.
Su consolidación nacional llegó al asumir la presidencia de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV).
Durante su gestión, que culminó en el año 2000, Ramírez León fue un actor clave en la defensa del sistema democrático. Su mayor orgullo legislativo fue la Reforma de la Seguridad Social (1997-2000), la cual buscaba modernizar el sistema a través de cinco leyes de subsistemas (pensiones, salud, vivienda, política habitacional y formación profesional).
Su visión, según declaró no pocas veces ante un tema tan álgido, era proteger el ahorro del trabajador mediante fideicomisos individuales que generaran intereses, evitando que la inflación devorara las prestaciones sociales. Con amargura, en entrevistas de años recientes, recordó cómo esos avances fueron frenados por cambios políticos:
“La situación real es esa… si se hubiese cumplido la ley que nosotros discutimos en el 97, otro gallo cantaría”, manifestó en una entrevista a La Nación.

A pesar de su histórica militancia en Acción Democrática, Ramírez León siempre sostuvo una máxima ética: “el sindicato debe estar por encima del partido”.
Para él, un líder sindical que se arrodilla ante un gobierno traiciona su esencia:
“Uno puede tener una militancia partidista, pero no puede mezclar el partidismo con la lucha sindical”.
Esta integridad le permitió, al inicio del gobierno de Hugo Chávez, mantener canales de diálogo institucionales. Se reunió con el entonces Presidente en tres ocasiones para acordar incrementos salariales antes de su retiro voluntario, demostrando que su prioridad era el bienestar obrero y no la confrontación estéril.
No obstante, siempre fue un defensor de las reglas claras: “Chávez llegó con votos al poder y había que sacarlo con votos. Esa es la regla de oro de la democracia”.
Desde sus “cuarteles de invierno” —como él llama a su retiro—, Federico se mantuvo como una brújula moral. Fue crítico severo de la gestión de Nicolás Maduro, a quien conoció en sus inicios como sindicalista del Metro de Caracas, señalando que el ejercicio del poder lo alejó de sus raíces: “Nicolás Maduro dejó de ser obrero hace muchos años”.
Ante la crisis actual, su propuesta fue técnica y pragmática: la dolarización del salario. Argumentó, en más de una ocasión, que no se puede pretender que un trabajador viva con una moneda devaluada cuando toda la economía se mueve en divisas:
“La economía del país está dolarizada prácticamente un cien por ciento. En consecuencia, falta dolarizar el salario… esa tiene que ser la bandera de lucha de los trabajadores”.
Federico Ramírez León se retiró de la CTV el 6 de diciembre de 2000, dando paso a nuevas generaciones bajo la premisa de que los liderazgos no deben perpetuarse. Su legado es el de un sindicalismo de “pluralidad y amplitud”, capaz de doblegar posiciones intransigentes mediante el diálogo tripartito (Estado, empresarios y trabajadores).
“La esperanza no puede perderse jamás… vendrá un cambio, tenga la seguridad que es así, porque las sociedades se sacian”.
Hoy, la semblanza de Federico Ramírez León es la de un hombre de Estado que, desde la cocina de un hotel hasta la máxima tribuna sindical, nunca olvidó que su misión fundamental era dignificar el esfuerzo humano.
Desde el Táchira se le recordará como el líder sindical que fue.

Murió un día antes del Primero de Mayo, fecha en que fueron legendarias las marcha que liderizaba siendo presidente de la CTV.
Paz a su alma.
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