Regional
De Mata de Guadua a El Valle: El calvario para los vehículos
lunes 20 julio, 2026
Freddy Omar Durán
El invierno en el Táchira vuelve, para complicar el tránsito por una vía que poco le falta para el colapso total, entre Mata de Guadua y El Valle, entre los municipios San Cristóbal y Capacho Viejo.
Un sector complicado tanto para la movilidad como para la habitabilidad, en donde no solo el factor natural ha jugado a favor del desastre, en tanto también el factor humano en las decisiones sobre urbanización y el manejo de las aguas pluviales, las nacientes y aguas servidas y de consumo humano han incidido en gran manera.
En términos generales, la vialidad está en condición lamentable, y más contribuye a ello el hecho de que vehículos de todos los tamaños pasan por allí, especialmente la carga pesada que debe tomar ruta al municipio Junín y la frontera, y toman esa opción entre dos más, igual de peores: Desde El Mirador o desde El Corozo.
Entre lo malo, lo peor se localiza en cuatro puntos: El Taller Tauro, Recta de los Japoneses, la calle Araguaney –en el límite de los dos municipios- y el Club Social Los Potrillos, donde hace cinco años el colapso fue total, apenas subsanable con algo de relleno y asfaltado, y que en invierno se convierte en “pista de patinaje”.

Para los vecinos del Club Social Los Potrillos, el no irse al fondo del problema y aplicar solo paños de agua tibia hace del mismo algo sin solución. La raíz lo representa una cañada, que se desvió de su cauce natural para facilitar el poblamiento y solo trajo el derrumbe de terrenos que incluso ha obligado a los vecinos del sector Santa Eduviges a desalojar sus viviendas, cuyos restos agrietados aún se ven al pasar por allí.
Del barro también deben probar quienes a pie transitan y deben cuidarse de que un vehículo no les pase muy cerca, o incluso se abalance sobre ellos.
Algunos habitantes de la zona aseguran que antes, entre Mata de Guadua y El Valle todo iba en línea recta; y hoy, es solo ondulaciones aderezadas con huecos por todos lados.
La inestabilidad del terreno se hace visible en postes de luz que a duras penas se mantienen en pie, y causan una fuerza de caída sobre el cableado que termina en cortocircuitos en los transformadores y los consecuentes apagones, algunos de días de duración, hasta que lleguen los técnicos.
En muchos matorrales se oculta el sueño de muchas personas de tener vivienda, y que el movimiento del terreno obligó al fracaso, teniendo que encontrar la solución por sus propios medios económicos. Y como han denunciado los vecinos, tomó menos de una década caer a este nivel de emergencia, que siempre en cada temporada invernal temen se agrave mucho más.
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