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Douglas Barboza: “Vamos a actualizar nuestras carreras para abrirles más oportunidades a los estudiantes”
miércoles 4 noviembre, 2026
El candidato a Vicerrector de la ULA Táchira propone impulsar la reforma curricular para mejorar la formación y responder a los desafíos profesionales y tecnológicos.
Carreras con décadas sin una reforma integral, limitaciones presupuestarias y resistencia al cambio. Douglas Barboza identifica esos obstáculos y plantea una prioridad: actualizar la formación que reciben los estudiantes de la ULA Táchira.
Para el candidato, mantener activa la universidad ha sido un logro colectivo, pero es momento de planificar mejoras. En esta entrevista explica el propósito de la actualización curricular y el compromiso que representa para su candidatura.
¿Por qué es necesario un cambio curricular en la ULA Táchira?
Porque los estudiantes dedican años de su vida a formarse y merecen una preparación actualizada, que les permita ejercer su profesión, continuar estudiando y construir su futuro. Todas las universidades tienen la obligación de revisar sus planes de estudio para responder al avance del conocimiento, a las necesidades del país y a las transformaciones del mundo.
En la ULA tenemos una deuda pendiente. La última reforma del plan de estudios de Educación, por ejemplo, ocurrió en 2009, hace diecisiete años. En Comunicación Social, salvo modificaciones en las electivas y algunos ajustes menores, no se ha realizado una reforma curricular desde su creación, hace cuatro décadas. Debemos explorar las necesidades reales que nuestros alumnos necesitan hoy.
¿Qué cambiaría en los contenidos, los métodos de enseñanza y el perfil de los egresados?
Cada carrera debe definir los cambios desde el conocimiento de su área. Los departamentos y las áreas deben presentar propuestas que consideren los avances profesionales, los recursos disponibles y las necesidades e intereses de los estudiantes. Podemos hacer redes con otras universidades para intercambiar recursos y producir beneficio mutuo.
A las autoridades nos corresponde establecer directrices claras, orientar el trabajo y facilitar su desarrollo. También debemos promover la revisión de las condiciones normativas que hacen rígidos estos procesos, en consonancia con la autonomía académica.
La reforma debe traducirse en una mejor formación: contenidos pertinentes, métodos de enseñanza que favorezcan el aprendizaje y capacidades que amplíen las oportunidades de los egresados.
El perfil del egresado requiere competencias específicas en tecnología, porque ya se usan en la cotidianidad de la vida profesional. Fortalecer los currículos con modelos más abiertos a la innovación.
¿Cómo participarán estudiantes, profesores y egresados?
Los estudiantes pueden identificar dificultades y necesidades desde su experiencia en las aulas. Los egresados aportan el conocimiento del ejercicio profesional, y los profesores tienen la formación académica para construir y sustentar las propuestas.
Pero debemos reconocer que muchas iniciativas comienzan con entusiasmo y terminan sostenidas por un grupo reducido de docentes, con pocos incentivos y una carga considerable de trabajo.
Una reforma exige consultas, reuniones, informes y estudios comparativos. Necesitamos buscar condiciones que permitan sostener esa participación hasta completar el proceso.
Escuchar a la comunidad debe servir para construir propuestas y darles continuidad. También hay que diseñar proyectos de investigación conjunta entre profesores y estudiantes con proyección hacia la empresa privada, con objetivos claros previstos en unidades curriculares electivas.
¿Cómo responderá la actualización a las necesidades del Táchira y a la inteligencia artificial?
Cada carrera debe discutir cómo contribuir a las necesidades del Táchira y preparar a sus estudiantes para los cambios de su profesión.
La inteligencia artificial (IA) es un tema insoslayable. Su incorporación debe estudiarse desde las particularidades de cada área, considerando qué conocimientos y capacidades necesitan los alumnos en un entorno que está transformando las maneras de trabajar. Todos debemos aprender sobre la IA, cómo detectar respuestas falsas o inoportunas, lo aprenderemos usándola y estudiándola con sentido crítico.
Nuestros estudiantes tienen talento. La universidad debe contribuir a que lo desarrollen con una formación que les permita aprovechar oportunidades dentro y fuera del país, y competir entre los mejores del mundo.
¿Es viable impulsar estos cambios con las limitaciones actuales?
El presupuesto, la infraestructura y la falta de incentivos materiales son obstáculos reales. No podemos ocultarlos. Requerimos laboratorios y excelentes fuentes de documentación en línea. Es fundamental fortalecer la biblioteca y garantizar el acceso a sus recursos, tanto físicos como digitales.
Contamos con docentes que tienen conocimientos y experiencia curricular. Debemos partir de esas capacidades, establecer prioridades y buscar soluciones para avanzar.
Sobrevivir ha sido necesario. La resiliencia de profesores, trabajadores y estudiantes ha permitido mantener activa nuestra universidad. Ese esfuerzo colectivo merece reconocimiento.
Además de los recursos, ¿qué ha impedido actualizar las carreras?
La inercia institucional. Mantener lo que existe supone menos desafíos administrativos que emprender una transformación. También hay resistencia a revisar planes de estudio que algunos consideran insuperables porque fueron aquellos con los que se formaron y que hoy imparten.
Pero el conocimiento avanza, las profesiones cambian y los estudiantes tienen nuevas necesidades. Una carrera puede tener una historia admirable y necesitar una actualización profunda.
Por eso debemos abrir la discusión sobre la pertinencia de las carreras y sus asignaturas, y crear condiciones académicas y materiales favorables al cambio. La experiencia de nuestros profesores es fundamental para construir esa renovación.
Su oponente promete mantener la universidad abierta. ¿Qué le falta a esa promesa?
La universidad no permanece abierta por una sola persona. Son nuestros profesores, trabajadores y estudiantes quienes han permitido que se mantenga en el tiempo.
Pero no solo queremos una universidad abierta, sino una mejor universidad. Es momento de planificar, de superar la improvisación y elevar la calidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje. No podemos conformarnos con que la universidad siga funcionando. Es un discurso obsoleto que tiene 18 años de decadencia.
Debemos trabajar para que nuestra casa de estudios forme cada vez mejor. Hay que acabar con la improvisación. Nuestra comunidad universitaria merece una universidad que los sostenga; que garantice modernidad, calidad de enseñanza y una mejor experiencia laboral.
¿Por qué un estudiante que quiere una mejor formación debería votar por usted?
Porque propongo hacer de la actualización de nuestras carreras una prioridad de gestión. Los estudiantes merecen que su esfuerzo se traduzca en una formación que responda a los desafíos actuales y les abra oportunidades para trabajar, emprender o continuar sus estudios.
Los cambios requieren planificación y trabajo sostenido. Mi compromiso es impulsar desde el primer día la actualización de nuestras carreras, con prioridades claras y participación de la comunidad universitaria. Es una tarea que implica trabajar de la mano con nuestros profesores, escuchar a los estudiantes y organizar el trabajo para avanzar.
Este 11 de noviembre les pido su voto para comenzar ese cambio. Hemos sostenido la universidad con el esfuerzo de todos. Ahora debemos trabajar para modernizarla y que prepare a nuestros alumnos para competir entre los mejores del mundo.
Prensa Unidos por el Cambio/CNP 12.491












