Regional
La prevención debe prevalecer sobre la alarma en terremotos
miércoles 8 julio, 2026

Freddy Omar Durán
Prepararnos para un sismo comienza desde la casa, desde la comunidad, desde la ciudad y por supuesto desde un país, y esto es algo que damos por sobreentendido hasta que ocurren hechos tan trágicos como el doble terremoto del 24 de junio.
Nos confiamos en la estabilidad bajo nuestros pies, y como nos advierte la ingeniero geofísica de la Universidad Simón Bolívar, Paola Pastor, el hecho es que la corteza terrestre está en permanente movimiento, y solo nos damos cuenta de ello cuando sobrevienen las catástrofes.
Nos advierte que con todo y lo avanzada que está la tecnología, predecir un terremoto con exactitud resulta muy complicado. Sin embargo, mucho se ha avanzado en el conocimiento de las fallas tectónicas, incluso en algunos lugares se pueden reconocer visualmente en el campo con imágenes panorámicas, y en los mapas que se han hecho de ellas, zonas de gran compresión, y por consiguiente, mayor liberación de energía.
De otra parte, aunque algunas características del terremoto que afectó el Distrito Capital y el estado La Guaira ya se han detectado, mucho está por investigarse, por lo que al día de hoy resulta arriesgado un diagnóstico total de la situación, pues faltan muchos estudios y muchos trabajos de campo por efectuar.
Tampoco podríamos considerar el acontecimiento telúrico como inédito en la historia de Venezuela, en cuanto conllevan cierta periodicidad, y tal vez los ocurridos con anterioridad, como el caso del terremoto de Caracas de 1812, hayan sido más intensos, aunque por supuesto, en tiempos de menor densidad urbana y sin los mecanismos científicos para medir su impacto. De hecho, la experta ha venido explorando una línea de investigación que vincula el pasado y la actividad telúrica, y en este sentido, ha sido de especial interés para ella lo ocurrido en Lobatera en 1849.
Muchas hipótesis pueden aventurarse desde esta perspectiva, como por ejemplo, por qué en lo que conocemos como La Guaira, donde los conquistadores españoles consideraron más propicio para asentarse, tomando la ventaja de una topografía regular y la cercanía al mar, los indígenas caribes, grandes navegadores, prefirieron no establecerse. ¿Sería que nuestros ancestros podían escuchar mejor los clamores de la Madre Tierra?
Lo cierto es que los terremotos de magnitud devastadora no ocurren todos los días, pues se trata de energía acumulada por años, en la falla; no obstante, saber si la descarga completa se dio o no, luego del primer gran “estallido”, aún conlleva una espera completa de alrededor de cuatro meses para salir de la fase crítica, durante la cual podría ocurrir una réplica de cercano poder. Falta cotejar más información incluso que podría confirmar o el lugar del epicentro, en principio ubicado a 23 kilómetros de San Felipe, y a 20 kilómetros al sureste de Yumare, ambos en el estado Yaracuy.
Un árbol, más que un río
Para cambiar nuestra actitud frente a los terremotos, primero tenemos que corregir nuestros conceptos errados. Uno de ellos, nuestra imagen de lo que es una falla tectónica, que vendría a ser considerada un sistema de fallas, es decir, más que figurarla como un río, con una silueta bien definida, deberíamos asemejarla a un árbol. Ciertamente en el caso de la Falla de Boconó, a sus ramas se les asignan diversos nombres, en virtud de su ubicación geográfica.
De hecho, la energía liberada debido al movimiento inusual de la Placa del Caribe también tocó la Falla de Boconó, pero la energía se propagó por todas sus “ramales”, y eso amortiguó sus efectos por territorio tachirense y occidental. No obstante, mayor fue el arranque sobre la Falla de San Sebastián, conocida como la Zona de la Falla del Morón, que involucra los estados Carabobo, Aragua, La Guaira y Caracas.
Otro equívoco está en que las fallas “se activan”: Las fallas siempre están activas, sometidas en el caso de Venezuela a la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana, y lo que sucede son vigorosas liberaciones de energía, cuando estas experimentan una excepcional dinámica, como cuando un resorte ha estado comprimido por mucho tiempo, y al ser liberado puede lanzar bien lejos -cuando no causar daño- lo que sobre o a su lado permanezca.
“Las fallas van acumulando energía. En el caso de Caracas y La Guaira, hubo un momento en que la Placa del Caribe, que normalmente se desplaza al año dos centímetros, se movió tanto hacia el este que se rompió, por eso es que hubo como dos epicentros, uno por la Falla de Boconó y la Falla de San Sebastián, donde se propagó mayor energía. Lo que produce las réplicas, es que parte de la energía mecánica –que viene resultado de la transformación de energía potencial- vuelve a ser energía potencial, y sigue el ciclo, hasta que se logre el punto de equilibrio”.
Aclaró la ingeniero Pastor que la aplicación de Google en ningún momento “predijo” el terremoto: El mensaje se transmitió apenas ocurrió, y prueba de ello es que mientras en Caracas hubo posibilidad de recibirlo y actuar en consecuencia, en los lugares más cercanos al epicentro no alcanzó a llegar la alerta.
Más allá de la intensidad del terremoto, un factor clave para entender la medida destructiva implica el suelo que sostiene los asentamientos humanos, porque no es lo mismo la capacidad portante de un terreno firme en roca por ejemplo, que aquel que ha constituido un deposito aluvial, producto de corrientes acuíferas, como el caso de La Guaira, y que nos advierte del grave descuido, muy común en el Táchira, de desafiar a la naturaleza y construir donde “no se debe”, para luego quedarse solo con el lamento.
Esto también decidió que zonas como Chacao, tal y como ocurrió en el terremoto de 1967, llevaran la peor parte, y aun así, otras que se creían más seguras como Altamira, San Bernardino, La Pastora y La Candelaria, no quedaron indemnes, aunque aquí la “vejez” de muchos inmuebles pudo haber jugado en contra.
Esos riesgos son evaluados a través de procesos de microzonificación que en Venezuela desde los estados y municipios no se asumen responsablemente, y permiten que no solo se levanten edificaciones en sitios inconvenientes, sino que las mismas sean incluso edificaciones de varios pisos como el caso de La Guaira, donde ni siquiera eran sismoresistentes.
Pendientes con la Falla de Boconó
Para la ingeniero geofísica, la normalidad no estriba en que no hayan movimiento sísmicos; por el contrario, debería preocuparnos que la Falla de Boconó, que afecta al zona andina, por ejemplo, se quede un buen tiempo sin drenar su energía, que padezca ese stress al interior de su cuerpo.
Se sabe que en cumplimiento de los ciclos, para el Táchira está destinado un evento de dimensiones mayores. Sin embargo, no hay dónde ni cuándo para el mismo, amén de que a nuestro estado se le debe un estudio más a fondo sobre el comportamiento de la Falla de Boconó, aprovechando los adelantos tecnológicos y la acumulación de conocimiento en el tema. En Venezuela, el proyecto GIA que estudiaba la sísmica profunda en Venezuela por 2014 no pasó de El Vigía; solo se tiene noticia de uno de gran alcance y algunas tesis de grado.
Un aspecto de la Falla de Boconó es que constituye lugar de encuentro de la Placa Sudamericana y la Placa del Caribe; se extiende por 500 kilómetros atravesando la Cordillera de los Andes, hasta cerca de Bucaramanga, Colombia, donde se le da otro nombre.
“La Falla de Boconó es por lo general de sismos profundos, pero cuando ocurren los poco profundos, han sido muy destructivos. Por los terremotos que hemos sentido en los años ochenta, sabemos que hay que temerle; pero más que vivir con miedo con algo que no es previsible, debemos estar prevenidos, tener conciencia. Hay que hacerle entender al ciudadano que vivimos en un país sísmico. La gente tiene que conocer dónde viven y qué hacer en caso de un evento sísmico”.
Insistiendo sobre la prevención, su recomendación va dirigida a que desde los municipios se ejerza vigilancia en lo que construyen los particulares y también cuidar detalles localizables en los espacios públicos, como la manera de estar instalado el cableado eléctrico. Con una cultura preventiva, que debe partir de la familia, se podrían evitar las decisiones apresuradas y tener preparado en tu casa un bolso con materiales de primeros auxilios e inclusive con los elementos fundamentales para permanecer a la intemperie por un buen tiempo.










