Regional
Más de 500 huecos entre Rubio y Puente Real
miércoles 22 julio, 2026




El tramo vial entre San Cristóbal y la capital del municipio Junín padece un estado de deterioro crónico que pone en peligro a miles de conductores y transportistas que lo transitan a diario. Es mínima la inversión de las autoridades de Gobierno
Un levantamiento realizado a lo largo de la carretera entre Puente Real, en San Cristóbal, y la ciudad de Rubio, capital del municipio Junín, devela el avanzado nivel de abandono institucional de esta importante vía fronteriza.
Durante el trayecto se contabilizan más de 500 huecos de todos los tamaños, 20 pasos críticos entre fallas de borde y hundimientos, ocho deslizamientos activos y dos colapsos graves en el sistema de tuberías que crean lagunas a diario.
Esta realidad obliga a los conductores a maniobras de alto riesgo e invadir continuamente el canal contrario para evitar daños severos en sus vehículos o accidentes de tránsito, una situación especialmente peligrosa para los motorizados que transitan por la zona.
Obras inconclusas y silencio institucional
La falta de mantenimiento preventivo se evidencia en puntos donde la maquinaria estatal ha quedado inactiva. Ejemplo de ello ocurre en las cercanías del sector El Mirador, donde una falla de gran magnitud acumula más de un año a la espera de ser culminada.
En la zona, los vehículos deben circular sobre un tramo carente de asfalto por completo y expuesto al polvo o la tierra, mientras la maquinaria permanece detenida sin fecha clara de reanudación de los trabajos.
Esta paralización de obras se suma a la carencia de alumbrado público a lo largo de la arteria vial. La iluminación es casi inexistente desde hace más de diez años, lo que convierte el tránsito nocturno en una travesía a ciegas, aumentando drásticamente la probabilidad de colisiones o caídas.
El golpe al bolsillo
El impacto de la vialidad destruida se traduce directamente en un golpe a la economía de quienes dependen de esta ruta. Las maniobras forzadas y el constante impacto aceleran el desgaste de repuestos esenciales, convirtiendo el traslado en un gasto imprevisto e insostenible.
“Se nos están dañando los carros. El mío no tiene ni seis meses de arreglado el tren delantero, y ya hay piezas por cambiar. Es volver a gastar sin que nadie responda por eso”, comentó un constante transeúnte de la vialidad, reflejando el malestar de cientos de propietarios que ven deteriorado su patrimonio por el mal estado del asfalto.
La respuesta comunitaria
Ante la falta de soluciones por parte de los organismos oficiales, los propios habitantes de sectores como El Cedro y Palma de Cera han asumido el mantenimiento de la carretera.
Con palas, piedras y tierra, los vecinos rellenan los cráteres a cambio de colaboraciones voluntarias de los usuarios. Esta labor empírica, que en varios casos supera los cuatro años ininterrumpidos, se ha convertido en la única respuesta ante la vulnerabilidad de la ruta, demostrando que el colapso del asfalto no responde a lluvias recientes, sino a una problemática estructural prolongada.
El espejismo del asfalto
A medida que se avanza en el recorrido se presenta un marcado contraste: Un tramo de vía en condiciones óptimas ofrece un breve alivio a los conductores. Sin embargo, la tregua resulta temporal.
Graves daños en comunidades puntuales, como Santa Elena, antes de El Pueblito, donde la calle está partida en diversos puntos y es obligatorio para los conductores parar, reducir velocidad y buscar el mejor nivel de la vía para seguir el camino; por el sector Puente de Oro, hay enormes lagunas de aguas. Con la intensidad de las lluvias los huecos crecen de tamaño y se convierten en una bomba de tiempo para los conductores al desconocer el tamaño de los mismos. Las aceras solo aparecen en algunos puntos de la importante vía y el riesgo de los peatones es constante.
Por las calles de Rubio
Al cruzar el límite e ingresar a la zona urbana de Rubio, el panorama vuelve a tornarse crítico, con calles profundamente deterioradas.
Transportistas y comunidades reiteran el llamado a las autoridades competentes para la ejecución urgente de un plan de asfaltado integral, el reinicio de las obras paralizadas.
Marcos Moncada, un habitual conductor de la vía, recordó que los gobiernos han invertido millones de bolívares en la carretera, pero no se han hecho los trabajos de ingeniería necesarios para garantizar inversiones:
“Se recupera un espacio de la vía, pero a los meses el problema aparece de nuevo. Cerca de Puente de Oro, el problema de la carretera tiene años de existir; en el tramo de Santa Elena, los deslizamientos no siguen; la vía está partida cerca de El Pueblito, viniendo de El Mirador. Son muchos los daños”. (Jehiely Galvis / Pasante ULA)










