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Inicio/Regional/Táchira a oscuras: Bitácora de una crisis por la electricidad

Regional
Táchira a oscuras: Bitácora de una crisis por la electricidad

sábado 29 agosto, 2026

Táchira a oscuras: Bitácora de una crisis por la electricidad

Interrupciones del servicio eléctrico, que se mantienen entre 5 y hasta 30 horas, han condicionado las rutinas de la población, lo cual evidencia el deterioro en la calidad de vida. El comercio está afectado, así como los sectores salud y educación

No importa la hora ni el día. Si recorre la ciudad de San Cristóbal un martes, un viernes o un domingo, si es al amanecer, al anochecer o durante la mañana, o por la tarde, siempre va a encontrar la misma constante: No hay electricidad en diferentes zonas de la ruta. El servicio eléctrico se convirtió en un lujo que no se puede disfrutar las 24 horas del día, ni tampoco los siete días de la semana.

De acuerdo con la más reciente edición de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), publicada en 2025 por la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, el 90 % de los hogares registran cortes eléctricos. Es decir, nueve de cada 10 hogares en Venezuela reportaron interrupciones del servicio y cuatro de cada 10 señalan que estos apagones son diarios y se alargan durante horas.

Las fallas eléctricas se extienden por todo el territorio nacional. 22 de los 24 estados cuentan con episodios de micro-cortes hasta apagones prolongados de 6 a 12 horas. Incluso Caracas, que es de las ciudades menos afectadas, también registra perturbaciones en el suministro en los últimos meses.

Para los tachirenses, los cortes eléctricos son parte de lo cotidiano. Lo extraordinario está en que haya luz las 24 horas del día. Tras más de 15 años en medio de apagones, este estado ha sido reiteradamente uno de los más afectados.

Actualmente, pueden ser entre cinco y ocho horas sin electricidad, llegando a su punto más crítico de 30 horas ininterrumpidas sin el servicio. El doble, incluso el triple de las horas que en otras ciudades del país.

“El tema de los cortes eléctricos no es un tema nuevo, Venezuela ha estado inmersa en esta situación desde hace muchos años. Sin embargo, en el Táchira, en los años 2017 y 2018 los cortes sucedían todas las tardes, hasta que llegaron los apagones nacionales”, expresó el economista tachirense Aldo Contreras.

Algunos de los municipios más perjudicados en la entidad andina son: Junín, Pedro María Ureña, Bolívar, Panamericano, García de Hevia, Ayacucho, Michelena y Lobatera.

Mientras en San Cristóbal, parroquias como La Concordia, San Juan Bautista y Pedro María Morantes son la más afectadas, en sectores como Marco Tulio Rangel, 23 de Enero, el Centro, Rómulo Colmenares, Barrio Obrero, Barrio Lourdes, Pirineos y Pueblo Nuevo.

Unánimes en la oscuridad: El retrato de un apagón diario

El apagón no discrimina. Da igual si vives en una zona pudiente o popular, si eres comerciante, jubilado, niño o enfermo. El corte de luz iguala todas las realidades.

De acuerdo con un sondeo realizado por Diario La Nación, en cuatro de las cinco parroquias de la ciudad, el 100 % de los habitantes de San Cristóbal que fueron encuestados sufren cortes eléctricos los 7 días de la semana, con una duración de entre 5 y 8 horas diarias, sin horario fijo.

En Barrio Obrero, los cortes se registran principalmente al final de la noche y en las mañanas. En el Centro, la situación es variada: En una calle puede haber luz mientras que en la siguiente no, sin un patrón claro. Algunos sectores de esa zona reportan apagones al final de la tarde con una duración de 5 horas, mientras que en otros el servicio es más estable, con solo micro-cortes. En ambos lugares se concentran las horas productivas en la tarde.

El impacto económico es severo. Los comerciantes consultados coinciden en que las ventas caen drásticamente durante los apagones. Los productos refrigerados pierden su cadena de frío, los helados se derriten y la cerveza se calienta, lo que ahuyenta a los clientes.

“Si no hay luz, no hay atractivo. La gente entra, pero no se queda. Los tiempos entre corte y corte no dan para mantener la mercancía refrigerada como se debería”, explicó Edymar Ruiz, una encargada de tienda en Barrio Obrero.

En el tiempo que se prolongan los cortes eléctricos, también la telefonía y la conexión a Internet se debilita, por lo cual para aquellos emprendedores que suman ventas por WhatsApp y redes sociales se les obstruye un canal de comercialización. Para esquivar la caída de los puntos de venta, recurren al pago móvil.

Ante la crisis eléctrica, que tiene más de una década en esta región, tanto los comerciantes como los ciudadanos han invertido en instrumentos para sortear los apagones, como bombillos recargables, ventiladores recargables, UPS, plantas eléctricas e inversores con batería, entre otros.

En el caso de algunas carnicerías de La Concordia y Táriba que se visitaron en el recorrido realizado, trabajan con planta generadora de electricidad para no perder la cadena de frío que requieren sus productos, pero “representa un gasto extra, en especial teniendo en cuenta que hay escasez de gasoil”, declaró Freddy Ángulo, encargado de una carnicería en La Concordia.

A pesar de que las autoridades nacionales suelen atribuir los apagones al fenómeno de el Súper Niño, el 100 % de los consultados rechaza esta versión. Para ellos, la causa es el abandono gubernamental y la falta de mantenimiento del Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

“Los cortes de luz son el resultado de 26 años de descuido, 26 años de no invertir ni en un solo cable. Hay países más pobres que Venezuela como Ecuador, Bolivia, Perú y ellos no sufren de cortes eléctricos constantes”, afirmó Leoner Monsalve, vecino de La Concordia.

El costo de la incertidumbre

Táchira no tiene cronograma oficial de racionamiento, los horarios varían. La gente vive en la incertidumbre, sin saber cuándo se irá la luz. Detrás de cada hora sin electricidad, hay vidas interrumpidas, negocios –y nervios- al borde.

La Cámara de Industria y Comercio reporta una caída de al menos el 60 % de la producción local a causa de los apagones. La falta de continuidad eléctrica impide que las seis zonas industriales del estado: Ureña, La Fría, Paramillo, Barrancas, Puente Real y Las Lomas, operen con normalidad.

“Táchira tiene seis zonas industriales muy afectadas, pasaron de ser zonas industriales a convertirse en galpones, en lugares abandonados. Vemos el caso de las zonas industriales de La Fría y de Ureña, están prácticamente desmanteladas. La zona industrial de Paramillo se convirtió en un sector comercial, ahora hay parques, gimnasios, canchas de pádel, inmobiliarias, panaderías, supermercados, ello como consecuencia de los cortes eléctricos”, enfatizó el economista tachirense Aldo Contreras.

Las empresas deben asumir gastos adicionales para generar su propia electricidad, lo que encarece los productos y frena el empleo. “En los supermercados que asesoro, por ejemplo, han tenido que invertir en gasoil entre ocho mil y quince mil dólares mensualmente para laborar con plantas eléctricas”, agregó Contreras.

El especialista, al igual que los comerciantes consultados, manifestó que una planta eléctrica “no puede cubrir la demanda completa requerida”; como resultado, “muchas cosas se dejan de hacer aun cuando se tiene planta. Hay máquinas que no pueden operar sino es con una cierta cantidad de voltios”.

Además, muchos comerciantes no pueden comprar plantas eléctricas, pues su costo varía entre 250 y 20 mil dólares, incluyendo costos de instalación, pero además se agrega el costo diario de funcionamiento. Tampoco el Gobierno nacional ha implementado planes de financiamiento para poder adquirirlas.

El economista concluye: “El más afectado es el sector industrial, porque ni siquiera hay un cronograma para planificar. También el sector comercial: Panaderías, frigoríficos, supermercados, entre otros. Incluso las familias, porque en aquellos lugares donde no se pueden congelar los alimentos, pierden los productos que han comprado. Es una afectación generalizada”.

También el ciudadano común se enfrenta a un reto cuando no puede terminar su rutina de trabajo o incluso pierde su empleo porque hay fábricas o empresas que cesan sus labores indefinidamente.

La presidenta de la Cámara de Comercio de San Antonio del Táchira, Isabel Castillo, declaró en 2025 que 40 % de empresas venezolanas ubicadas en frontera cerraron a causa de la baja producción ocasionada por los apagones.

“No tenemos una economía sólida que pueda producir la cantidad de empleos suficientes. Es decir, para manufacturar jeans como lo hacíamos en Ureña, para manufacturar tornillos o cualquier pieza se requiere, por ejemplo, cien personas en una fábrica, mientras que se sustituye esa producción por importación de China, lo que está sucediendo en la actualidad, entonces se necesitan tal vez máximo diez personas en una empresa de importaciones. La cantidad de empleo es muchísimo menor. Es muy importante el tema de la energía para la reactivación económica y para la generación de empleo”, argumentó Contreras.

Radiografía de una sociedad sin luz

En una ciudad en penumbras no solo se interrumpe la actividad económica, también se dificulta trabajar, estudiar, estar enfermo, incluso dormir. Sin luz disminuyen las oportunidades.

Los apagones vienen acompañados del colapso de la señal telefónica, la intermitencia del servicio de Internet, las fallas en el bombeo de agua potable, la crisis en el sector salud y el atraso educativo.

En el caso de la Universidad de Los Andes Táchira, “los constantes apagones alteran el proceso educativo e inciden en las estrategias académicas. En horas de la mañana los alumnos no tienen servicio eléctrico, afectando los salones. Los estudiantes de la carrera de Comunicación Social son los más perjudicados por el uso de tecnología, incluso se condicionan las prácticas de radio”, así lo aseveró el vicerrector decano, Omar Pérez Díaz.

Pérez confesó que le han planteado al personal de la Corporación Eléctrica Nacional, Corpoelec, replantear el horario de contingencia energética de la universidad para que sea en el turno del final de la tarde. Aunque la colaboración se ha brindado en días de actos específicos, el problema de fondo continúa.

“Los docentes hacen su máximo esfuerzo”, recalcó el vicerrector. Lo mismo sucede en el área de salud, aunque en los principales centros asistenciales de San Cristóbal tienen cortes de luz esporádicos y breves, en los centros de atención primaria no corren la misma suerte, en estos son más seguidos los apagones, pero esto no les impide atender a los pacientes.

La situación es crítica en los hospitales de otros municipios de Táchira, por ejemplo, en el Hospital Samuel Darío Maldonado, en San Antonio del Táchira, y el Hospital Padre Justo de Rubio, denuncian que el suministro de gasoil ha sido irregular, lo que ha hecho que las plantas eléctricas permanezcan fuera de servicio.

El principal centro de salud de Junín ha sido foco de noticias en lo que va de semana, pues el personal de salud ha estado atendiendo a los enfermos con las lámparas de sus celulares. El pasado domingo, usuarios denunciaron que habían registrado apagones durante los últimos ocho días.

En el hospital tipo 1 de Coloncito, el defensor de Derechos Humanos Warren Duque denunció que tenían fallas eléctricas continuas que superaban las 10 y hasta 20 horas diarias.

No hay planificación, ni soluciones a la vista. Las personas siguen padeciendo, tal es el caso de Lisbeth Santamaría, quien relata: “Es imposible tener una vida normal sin luz, en especial si tienes hijos, ellos se aburren, se agobian con el calor. No tienen libertad de estudiar, jugar, ni siquiera de comer cuando quieren, porque la vida se condiciona a cuando hay el servicio”.

Fenómeno de El Niño y Súper Niño: Realidad o ficción

El fenómeno de El Niño es un evento climático que se presenta cada dos a siete años, con una duración aproximada entre los 9 y los 12 meses y se caracteriza por el calentamiento anormal de la superficie del Océano Pacífico ecuatorial, así como por la aparición de cambios en las condiciones atmosféricas.

En condiciones normales, los vientos empujan el agua cálida hacia Asia y permiten que aguas frías y ricas en nutrientes asciendan frente a Sudamérica. Durante El Niño, esos vientos se debilitan o cambian de dirección. El agua caliente se concentra en el centro y este del Pacífico, lo que desplaza las lluvias hacia el continente americano y provoca sequías en el Pacífico occidental.

El “Súper Niño” es una fase extremadamente intensa del fenómeno El Niño, el cual altera de forma grave el clima en muchas partes del mundo

El Gobierno de Venezuela ha atribuido al fenómeno de el Súper Niño como la principal causa de la crisis eléctrica. Sin embargo, es una versión que ha sido fuertemente cuestionada por expertos en el área y también por la oposición.

Para el economista Aldo Contreras: “El problema del fenómeno de El Súper Niño está en toda la región. España con temperaturas de 45 o 50°, por ejemplo, y no hay cortes de energía eléctrica. En Argentina, hace unas semanas hubo un colapso del sistema, pero son colapsos puntuales de 40 minutos o una hora y luego no vuelve a pasar. En definitiva, el fenómeno del Niño tendrá 5 % de responsabilidad, pero el 95 % restante es que no hubo inversión, ni planificación. Se robaron los recursos y se desmanteló todo el sistema”.

Se estima que para recuperar el sistema eléctrico venezolano se requiere una inversión estimada entre 15.000 y 40.000 millones de dólares, en un plazo entre 5 y 15 años de trabajo constante.

“Tras más de diez años de cortes eléctricos, hay una perspectiva distinta con la llegada nuevamente de General Electric al país y con la llegada de empresas argentinas y estadounidenses, pero tomará tiempo, tal vez es de cara mínimo al 2030”, ratificó Contreras.

Mientras tanto los tachirenses ya no viven al ritmo del reloj, sino al ritmo del apagón. Con la resiliencia de haber aprendido a sortear los cortes eléctricos en más de una década. (Dartly  Santander/Pasante ULA)

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