Reportajes y Especiales
El 31 de octubre, Día de Halloween
lunes 26 octubre, 2026
Víctor Matos
Cuenta la historia que es precisamente octubre el mes del miedo universal que culmina el próximo sábado 31 con el festejo o celebración de Halloween, artificio onírico que rememora la muerte, la brujería y cuya celebración es motivo de jolgorio popular en muchas partes del mundo.
De ahí que tanto en el teatro como en el cine o en la televisión, durante estos treinta días previos, se exhiben obras de terror, de misterio, de brujería y de acciones satánicas que cautivan a chicos y grandes, aunque a la fecha es culto de manifestaciones con disfraces de los niños, pero en otras partes, de bromas a domicilio y de encuentros que rememoran ese pasado misterioso de la humanidad.
En Venezuela, y en virtud del cultivo de un sincretismo heredado desde la Colonia, ha surgido el espiritismo de un personaje conocido como María Lionza, deidad femenina y producto de un culto especial, sin paralelo en el país, cuyas raíces emanan de creencias indígenas y africanas que han hecho de su figura la protectora de la naturaleza, el amor y la armonía y cuyo centro de devoción se encuentra en la Montaña de Sorte, en el estado Yaracuy, hacia donde acuden sus miles de seguidores.
María Lionza fue una princesa caquetí, considerada una de las tres almas protectoras de la nación, así como figura central del culto espiritista, compartiendo estrado con el cacique Guaicaipuro y el Negro Felipe, soldado luchador en la guerra de la Independencia.
El culto a su pasado y naturaleza de su espíritu se hace evidente en Yaracuy en el lugar de Chivacoa, ubicado en el macizo de Nirgua, y en donde se declaró Monumento Nacional a su escultura realizada por el artista Alejandro Colina y que en buen tiempo estuvo en Caracas, ubicada durante el gobierno del general Marcos Pérez Jiménez.
Esta figura es considerada en la santería como una deidad de la religión afrocubana y eje principal del espiritismo en Venezuela y que traemos a la memoria por la fecha del Halloween que se recuerda en buena parte del mundo el próximo sábado 31 de octubre.
Ella forma parte del imaginario popular y se suma al mito de lo desconocido que se alienta de leyendas de un pasado que aún nos asombra por su creatividad y ansias de conocer las profundidades del alma, en donde la lucha entre el bien y el mal parece no tener fin.
En el teatro, el Día de las Brujas o la celebración del Halloween abrieron caminos a la imaginación difundidos luego en el cine con obras como Frankestein o Nosferatu, en las series de televisión con Drácula y el Hombre Lobo como referentes y en los disfraces que por estos lares mayormente son lucidos por los niños para “formarlos” o “deformarlos” en su entendimiento sobre el bien y el mal.
En Venezuela, el Día de las Brujas se ha reducido a una fiesta para niños, pues ya no se ve de igual talante a los mayores más ocupados en otros menesteres que meter miedo con holgadas capas negras y rojas, máscaras con cuernos puntiagudos en sus testas, o dientes postizos con colmillos fuera del cauce bucal.
Y mientras esperamos el paso de brujas en sus escobas, sigamos con la conseja popular: De que vuelan, vuelan…
Las brujas de Salem

La paranoia, el odio y el fanatismo, desembocaron en la mayor cacería de brujas que tuviera pasado en la historia norteamericana, en donde en 1692 se llevaron a cabo los juicios por brujería en la aldea de Salem en el actual estado de Massachusetts, muriendo ahorcadas víctimas del puritanismo anglicano diecinueve personas: catorce mujeres y cinco hombres, y calcinados entre doscientos a trescientos, acusados de brujería.
Ya este tipo de ejecuciones se habían llevado a cabo cuarenta y siete años antes en la localidad de Esser, en Inglaterra, considerada la condena como el “asesinato masivo y bienintencionado” en el citado condado en castigo a quienes presuntamente habían caído en las garras de Satanás.
Pues en los Estados Unidos, en medio de un delirio ante supuestas perturbaciones demoníacas, alimentadas por alucinaciones masivas e histerias colectivas provocadas por el fanatismo religioso, se produjo este ajusticiamiento que ha quedado para la historia universal y que se recuerda este trágico fin en medio de la etapa colonial inglesa en Norteamérica.
Bajo el manto de una pureza religiosa y en el nombre de Dios, se cometieron estos crímenes que ha registrado la historia como la locura de un torcido razonamiento humano.
Víctor Matos












