sábado 29 enero, 2022
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El pesebre: tradición cristiana que pervive a través de los siglos

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Hace mil años, en Nápoles se hizo el primer pesebre con figuras de barro. Pero, 200 años luego, San Francisco de Asís, escenificó el primer pesebre viviente


Humberto Contreras

Según la historia sagrada, el sitio de Belén donde nació Jesús, era un establo en donde estaban un buey y una mula. La Virgen y San José ante la negativa que recibieron en muchas casas donde solicitaron posada por esa noche, decidieron refugiarse en ese establo, apurados, además, porque María ya presentaba dolores de parto. La Virgen María, dio a luz, y reposó a su bebé en el comedero de los animales, habilitándolo como cuna del bebé.

El término pesebre proviene del latín, y su significado original y actual, según la RAE, es el de “recipiente o cajón destinado a la comida de los animales”. Es la razón por la cual se llama pesebre, la representación del nacimiento del Niño Dios, que muestra al bendito bebé, sobre la paja del comedero del establo. A esta representación, también se le llama Belén.

La creación del Pesebre, se le atribuye formalmente, incluso con testigos, a Giovanni Di Pietro Bernardone, un italiano que vivía en Greccio, al centro de Italia, cristiano creyente, a quien hoy conocemos como San Francisco de Asís (1181-1226), el santo de la humildad y de la pobreza, y fundador de la Orden Franciscana.

Fue quien, en la Nochebuena del año 1.223, realizó el primer pesebre navideño con el objetivo de recordar el nacimiento del Hijo de Dios. En esa oportunidad, se hizo con personas y animales reales, en una gruta cercana al pueblo de Greccio, en su país natal, y de allí parte la tradición del mundo católico de conmemorar el nacimiento de Jesús, con la representación del pesebre donde nació.

La idea del pesebre

La historia de ese primer pesebre fue narrada por San Buenaventura (Juan de Fidanza, 1217 – 1274), teólogo y cardenal italiano, quien se documentó sobre el mismo. Dijo que Francisco era un devoto de la Natividad del Señor. Para 1223, estaba muy enfermo, y convencido de que aquella sería su última navidad, quiso poner en práctica una idea que se le ocurrió, luego de haber visitado, tres años antes, a Belén, donde apreció la fidelidad con que allí se celebraba la navidad.

Luego de pedir la autorización al entonces papa, Honorio III, le expuso la idea a su amigo, Juan Velita, quien era dueño de un pequeño bosque en las montañas de Greccio. Allí había una gruta que le recordaba el sitio donde nació Jesús. Se pusieron de acuerdo y comenzaron a trabajar. Entre los mismos habitantes del lugar, escogieron a quienes representarían a José, María, los pastores, y a un bebé, para representar al Niño Dios.

El 24 de diciembre en la noche, cuando todos estaban reunidos en sus casas para celebrar, inesperadamente comenzaron a sonar las campañas de la iglesia. Extrañados, los habitantes salieron a averiguar la razón, pues el cura del pueblo no había avisado que celebraría la Misa de Medianoche.

Entonces vieron que Francisco, desde la montaña, los invitaba a acercarse, por lo que todos fueron, y ya en el sitio, sorprendidos y admirados por lo que veían, incluso se echaron de rodillas: la Virgen con el Niño en sus brazos, y José, conversando con los pastores, que admiraban al recién nacido. Mientras, una mula y un buey, completaban la sagrada escena, en vivo.

Tres años más tarde, el 3 de octubre de 1226, Francisco de Asís murió.

Otra versión

Sin embargo, hay historiadores, con documentos, que refieren que, en el año 1021, casi dos siglos exactos antes del pesebre de San Francisco, y a mil años de nuestra era, se construyó un pesebre con figuras hecha de barro, en la iglesia Santa María, de Nápoles, Italia. Por ello, aseveran que fue allí donde nació la tradición.

De ahí que, a los pesebres hechos de esta forma, se les llama “pesebre napolitano”, que tuvo su apogeo en esa ciudad, durante el siglo XV, debido a que Cayetano de Thiene (San Cayetano), logró que, en los hogares, no solo en las iglesias como se venía haciendo, también se construyeran pesebres.

De allí, la costumbre del pesebre llega a España durante el Renacimiento, alcanzando ya niveles de popularización a finales del siglo XVIII. Y de allí, la costumbre viajó a las colonias en América.

Debido a este hecho, se reconoce que el primer pesebre de San Francisco de Así, fue el modelo de los pesebres vivientes que se hacen con frecuencia en distintas partes del mundo católico, para conmemorar la Natividad.

Así, la representación del nacimiento de Jesús, se fue completando poco a poco, agregando símbolos como la estrella, imágenes de ángeles y más animales además del asno y la vaca; la tradición se extendió por toda Europa, y de ahí, finalmente al resto del mundo. Un dato final, es que la primera fábrica de pesebres (figuras representativas, incluyendo la mula y el buey) fue fundada en 1.465 en París.

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