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Inicio/Cultura/Un rechazo forjó al maestro José Armando Santiago

Cultura, Infogeneral, Regional, Reportajes y Especiales
Un rechazo forjó al maestro José Armando Santiago

lunes 26 octubre, 2026

Le negaron el ingreso a la escuela Normal de Valera, pero destino, vocación y formación, le permiten medio siglo después, contar otra historia

Norma Pérez

Cuando en la década de los sesenta, José Armando Santiago Rivera terminó el sexto grado de primaria, fue a inscribirse a la escuela Normal de Valera. En la entrevista para ingresar, el director de la institución le dijo que no tenía apariencia de maestro y por esta razón le negaron el cupo.
Aquel jovencito que no pudo ser normalista, ya suma ochenta años de edad. Es profesor activo en el núcleo Táchira de la Universidad de Los Andes, prominente investigador, doctor en Geografía y con una trayectoria tan meritoria, que colegas y estudiantes, le llaman maestro como muestra de respeto y admiración.
“Siempre recuerdo cuando me dijeron que no tenía cara de docente. Pero han pasado los años y donde voy me califican de maestro. Mis colegas y estudiantes me llaman así. Pienso que me gané ese título con trabajo, dedicación, preocupándome por ofrecer una educación de calidad en lo pedagógico, didáctico y conceptual. Complementar con la investigación aquellos aspectos que son necesarios en el mundo de la academia”.
Aunque nació en Timotes, población del estado Mérida, dice que es rubiense por adopción, pues desde 1970, el mismo año de su graduación en el Instituto Pedagógico de Caracas, reside en la capital del municipio Junín.
Hoy ostenta con orgullo el reconocimiento como Investigador Emérito en el Programa Estímulo al Investigador de la Ula, y el Premio Nacional de Investigación del Consejo Nacional de Universidades, entre muchas otras distinciones. En su haber, la participación como conferencista invitado dentro y fuera de Venezuela, numerosos libros y artículos. Y más de medio siglo de quehacer educativo.

Reconocido por su labor de investigación /Foto: Norma Pérez

Geografía e investigación
De niño, vendió periódicos y cuando leía las revistas dominicales, observaba fotografías de comunidades de Europa, Estados Unidos y América Latina. “Me despertó el entusiasmo por conocer otros lugares, otras costumbres y tradiciones. Me llamaron la atención las clases de geografía de Venezuela e historia contemporánea y creció en mí el interés por la formación en esta especialidad”.
Sin desmayar en su intención de ser docente, cuando se graduó de bachiller, acudió al Instituto Pedagógico de Caracas. Después de una semana de pruebas y entrevistas, obtuvo el cupo.
“Días después aparecí en el Diario El Universal, como el último estudiante seleccionado de los 150 que ingresaron en esa oportunidad”. Cuatro años más tarde, egresó con el título de profesor de Geografía e Historia. Fue el sexto de su promoción.
Recién graduado llega al Táchira. Su destino inicial era el liceo Simón Bolívar, en San Cristóbal, donde lo había asignado el Ministerio de Educación. Pero cuando se presentó en el plantel, el cargo ya había sido ocupado, y lo enviaron al liceo Carlos Rangel Lamus de Rubio. Allí laboró durante veinte años.
Una fecha significativa para el profesor Santiago es octubre de 1978, cuando se incorpora al núcleo Táchira de la Universidad de Los Andes como auxiliar docente, ya que requería el título de licenciado en Educación, por lo que cursó esta carrera y pudo optar al cargo de profesor instructor.
A partir de ese momento, comenzó a ampliar y consolidar sus conocimientos con estudios de postgrado y abrió un espacio para la investigación.
Es magíster en Docencia Universitaria y magíster en Educación Agrícola. Aunque fue aceptado en la Universidad de Málaga para hacer un doctorado, declinó esta oportunidad por una circunstancia familiar.
Tiempo después realizó un doctorado en Educación bajo la tutoría del eminente historiador Federico Brito Figueroa y la doctora Cecilia Mendoza. Es autor de numerosos artículos, conferencista en eventos nacionales e internacionales y un acucioso investigador.
“En mí nació la necesidad de investigar. La tarea de dictar la asignatura me obligó a leer y allí aparecieron mis primeros artículos, ponencias e investigaciones. También escribí un bloc que lleva por nombre La enseñanza de la geografía en la práctica escolar”.
Ha sido invitado a dictar conferencias en Colombia, Perú, Chile y Argentina. “Es una investigación que se proyecta en redacción de artículos, capítulos para libros y por otra parte en las tutorías de tesis de pregrado y postgrado”.

Más de medio siglo de enseñar /Foto: Norma Pérez

Aprender a enseñar
Dice que está marcado por la influencia de los profesores Maruja Taborda de Cedeño y Ramón Tovar, a quienes considera comenzaron a descubrir en él sus potencialidades didácticas para explicar de manera comprensible.
“Ellos me animaron a profundizar en la lectura, a vincularme con autores iberoamericanos. En la medida en que identificaba las carencias de mis estudiantes, comencé a desarrollar talleres que me permitieran facilitar a los docentes mejores acciones pedagógicas y didácticas, que hicieran mejorar la calidad de su formación. Esto combinado con una base de humanidad, porque muchos de ellos lo hacían por necesidad de aprender a enseñar”.
De ahí surgió su interés por desarrollar una práctica sensibilizadora de la necesidad de ser un buen docente, que argumentara lo teórico con la práctica.
“La circunstancia política unida a la pandemia, generó una situación preocupante, pues la iniciativas pedagógicas con bases en las nuevas posturas, comenzaron a sustituirse por orientaciones tradicionales. Ya no era la práctica del aula, y tuvimos el gran problema de comenzar a buscar en los saberes tradicionales, la oportunidad de adquirir un conocimiento. Eso generó la merma de la calidad formativa. En la virtualidad no todos los docentes ni todos los estudiantes, tienen acceso y ha comenzado a manifestarse la necesidad de la clase presencial”.
Otro aspecto que considera muy importante, es la aplicabilidad del conocimiento, que se ha dado con la apertura de la escuela con su comunidad, por lo que el profesor debe enseñar al estudiante a investigar con la finalidad de que este conocimiento se pueda aplicar”.
Su mensaje para las nuevas generaciones de docentes: “Aprender a enseñar, esa es nuestra tarea fundamental. La universidad tiene que orientar. Hay que prestar atención a los cambios que requiere la educación en las circunstancias actuales”.
Sonríe cuando recuerda que recibía reprimendas por sus ideas innovadoras y por no apegarse al contenido programático. Enseñaba geografía con lecturas seleccionadas de poesía y novelas de Rómulo Gallegos.
“Nuestro problema es la falta de humanidad, porque no entendemos a las personas con las que compartimos un aula de clase. Para mí lo prioritario, esencial y básico es el conocimiento con mis alumnos. Lo más importante del aprendizaje es la subjetividad y en la medida que vamos aprendiendo se enriquece la experiencia, el sentido común, la intuición y el aprendizaje adquiere un sentido más humano. Hay que enseñar a pensar, hablar, escribir e investigar”.
En la plaza Bolívar de Rubio, se encontró con Alexander Omaña, quien fue su alumno en la Ula en sus primeros años como docente de esta casa de estudios, y quiso dar testimonio de su profesor.
“Cuando el doctor Armando Santiago aparece, nos fue transformando hacia una posición profesional innovadora, diferente, que me permitió ver la docencia de una manera más efectiva, más democrática, humana y apegada a la condición de necesidad de los venezolanos”.

Reconocimiento a la trayectoria
A manera de reconocimiento por haber mantenido la investigación durante años y estar en los tres primeros lugares de manera reiterada durante la evaluación que se realiza, fue acreditado como Investigador Emérito en el Programa de Estímulo al Investigador de la Universidad de Los Andes.
También, recibió el Premio Nacional de Investigación, otorgado por el Consejo Nacional de Universidades y el ministerio de Ciencia y Tecnología lo reconoció con el máximo nivel de investigación.
“Esto es gracias a la persistencia de una investigación sostenida, así como en la formación de investigadores en pregrado y postgrado. Publicación de artículos, producto de convocatorias de alto nivel y participación en conferencias nacionales e internacionales”.
“Disfruto enseñar y compartir lo aprendido. Para llegar aquí muchos me tendieron la mano, tanto mis profesores como mis colegas. Además, hemos convertido la actividad académica en una valiosa oportunidad para continuar aprendiendo, pero también para poder intercambiar las tendencias del conocimiento que observamos a medida que investigamos”.
Con sus ocho décadas de existencia, José Armando Santiago no contempla el retiro. Desde ya se prepara, para su próxima clase.

Con su alumno Alexander Omaña /Foto: Norma Pérez

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