viernes 7 octubre, 2022
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La Escuela Taurina  San Cristóbal “César Faraco”, se mantiene viva

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Una decena de jóvenes promesas, reciben la savia enseñanza del maestro Gerson Guerrero, y el apoyo de los matadores de toros Favio Castañeda y Antonio Suárez


Por Homero Duarte Corona

La Escuela Taurina San Cristóbal “César Faraco”, nombre del fundador de la institución formadora de los ases del mañana, se mantiene viva; una de las pocas que existen en un país que lo agobia la crisis económica y la pandemia del covid-19.

Una y mil vicisitudes para subsistir. Con la partida al infinito de su principal mentor, César Faraco, vino el relevo a través del también maestro y matador de toros  Ramón Álvarez “El Porteño”, quien al igual que su antecesor también dejó huella.

Foto/Homero Duarte Corona- El toreo de salón forma parte de la labor de aprendizaje que cumplen los muchachos aspirantes.

La acefalía, la ausencia de un maestro, el sucesor  de “El Porteño”, ahora dirigiendo una escuela en Madrid, trajo consigo la paralización del ente taurino sancristobalense, sin que Manolo Ordóñez, presidente de la escuela capitalina pudiera conseguir un nuevo instructor, la persona que calzara los zapatos de Faraco y Álvarez.

Apareció Gerson Guerrero, un ADN similar al de los dos maestros anteriores, que sin ser matador de toros-novillero y subalterno-, tiene los atributos para dirigir una escuela de tanto prestigio, pero sobre todo suplir con creces a dos hombres que en su paso, sembraron la semilla y vieron su fruto: Favio Castañeda, Jesús Enrique Colombo y Antonio Suárez, tres ex estudiantes de la Escuela “César Faraco”, ya están convertidos en flamantes matadores de toros.

Una decena de nuevos alumnos

Una buena camada de jovencitos, con edades que oscilan entre los 10 y 18 años, forman parte del alumnado que, con vocación, ganas y deseos de triunfar, se entrenan en la Escuela Taurina sancristobalense, los días lunes y miércoles de 9 de la mañana a 12 del mediodía.

Diario la Nación visitó la escuela, en la propia Plaza de Toros de Pueblo Nuevo, allí dialogó con el Gerson Guerero, subalterno y ahora maestro de la institución, quien habló del  material humano con que cuenta, lo que se está haciendo de cara a formar la generación de relevo, los sustitutos de los diestros que ahora brillan en el firmamento del toreo mundial.


Foto/ Homero Duarte Corona- Santiago Mendoza, uno de los jovencitos estudiantes en toreo de salón, con la capa.

Santiago Mendoza, Alí Cuevas, Ely Belardi, Leandro Sepúlveda “El Nazareno”, Daniel Vílchez, Santiago Guerrero, hijo del maestro instructor, Randon Chacón, Pedro Chacón, Javier Gómez y César Bustamente, son los chicos que ahora se abren paso en la Escuela Taurina San Cristóbal, con la mirada puesta en el futuro, la ilusión de emular a las grandes figuras que ahora se pasean por las principales plazas del mundo.

Vendados, solo con lo visto a través de la televisión, leído por alguno medio escrito y oído por la radio, pero por encima de todo, ese gusanillo que le pica a cualquier mortal cuando se siente atraído por algo;  en este caso el mundo del toro, llegan los muchachos a cualquier aula donde imparten sabiduría, para abrirse paso en el apasionante mundo de la tauromaquia.

La parte física es fundamental en un ser que se atreva a retar la fiera, ese toro bravo de lidia en el redondel, con el testimonio de miles de aficionados, de ver y aplaudir todos los secretos que van intrínsecos en una corrida de toros.

Y precisamente es el primer paso a dar por el muchacho en el instante que llega al aula de una escuela taurina;  y en seguida el toreo de salón, el pan de cada día del aprendiz, novillero y matador de toros mientras se encuentre activo, sentenció el maestro Gerson Guerrero.

No duda el instructor Guerrero, que sus alumnos y luego de un trabajo de varios meses ya están listos para ir al campo, a una tienta, el momento supremo, exponerse ante el astado, la vaquilla de casta; el primer examen, que toquen pelo, que sientan esa drenalina de lo que es el mundo del toro, que estará consigo mientras se pongan el traje de luces.

La dulce espera…

Está claro el maestro Guerrero sobre la situación país, aunado a la pandemia, pero él y sus alumnos siguen esperando que las promesas de los ganadores se haga realidad, que los muchachos vayan al campo a su primera tienta, saber de qué están hechos, hacer realidad todo lo aprendido en el aula.

El empresario Hugo Alberto Molina, ofreció una tienta tres  vaquillas, con un director de lidia, por lo general un matador de toros, que estoy seguro hará realidad esta premisa, conociendo la seriedad del hijo mayor Hugo Domingo Molina, quien apoya a ultranza a los muchachos que empiezan a dar los primeros pasos en el mundo del toro, señaló Guerrero.

Hubo el elogio del instructor para con los matadores de toros Favio Castañeda y Antonio Suárez, quienes han estado compenetrados con los muchachos de la Escuela Taurina, haciendo toreo de salón con ellos, puliéndolos, enseñándole los secretos de un arte que encierra misterios, mucha sublimidad, pero sobre todo un fiesta que mueve pasiones, finalizó el instructor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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