lunes 15 agosto, 2022
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REFLEXIONES DEPORTIVAS

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PEDRO VÁSQUEZ


YA ESTÁ MUY VIEJO PA LA GRACIA

Recuerdo, cuando mi papá para regañarme de forma aleccionadora me decía: “Está muy viejo pa la gracia”. Al paso de los años entendí su mensaje; ya era hora de que fuera madurando y cuando me formé como coach en mi interiorización reflexioné: Hay situaciones controlables y
no controlables que debo aprender a sortear para reducir el stress y tener una mejor calidad de vida interior.

Eso no significa que de vez en cuando me enoje, que piense porque algunas actividades no resultan de acuerdo a lo planificado o si estoy perdiendo el tiempo en dedicar energía a algunas cosas e incluso llegar a pensar, ¿A qué he venido a este mundo?

Y si eso pasa en la vida cotidiana, ni que hablar en la práctica de deportes de conjunto. Cuando la adrenalina alcanza su máxima expresión se nos incrementa el estado de alerta; pero al mismo tiempo puede ocasionarnos reacciones temperamentales no deseadas.

Siempre se van a presentar variables incontrolables, aunque sea uno de los mejores jugadores, el capitán del equipo e incluso el dueño de la pelota; por lo tanto, hay que estar preparados para entender que ya hemos vivido más de la mitad de la vida, que se va a hacerdeporte para contrarrestar la cotidianidad sin afectar nuestra integridad y la de los demás.

Y esas situaciones, en su mayoría no controlables, nos llevan a expresarnos gesticular y oralmente de forma no acorde e incluso llegar a practicar la violencia verbal y corporal. Revisemos algunos escenarios no controlables, en donde cualquier parecido con la realidad es
pura coincidencia:

Escenario 1: No ha llegado el equipo completo y estamos a punto de perder por forfait. Nuestra acción es enviar audios insultantes al grupo acompañados de emojis, reclamando a
quienes aún no han llegado o no reportaron su inasistencia.

Escenario 2: Estoy encendido con el bate, hay corredores en base y me dan cuatro malas. Nuestra acción es dirigir unas miradas con balbuceos incomprensibles y manoteadas agresivas al lanzador, al receptor, al manager contrario y a quien se atraviese.

Escenario 3: Tengo dominado al equipo contrario, solo patean rodados suaves y bombitas; pero las que pocas que no dejan caer o dejan pasar las compañeras, la primera base no las agarra. Nuestra acción es levantar polvo, hasta formar una nube, y cuando termine la entrada decirle al
entrenador “Sáqueme porque estas no tienen ganas de jugar y…

Escenario 4: Penalti a favor de nuestro equipo, si anotamos ganamos. El cobrador designado por el cuerpo técnico falla. Nuestras acciones: Si somos el equipo afectado decimos:
“La trampa sale a la cara, árbitro vendido…” Si somos los que fallamos el penalti más de la mitad de los jugadores garantizan que si ellos lo hubieran cobrado, el partido se hubiese ganado. Por supuesto que estas expresiones van cargadas de recuerdos familiares con tono hiriente.

Escenario 5: En vez de lanzar desde donde tengo una alta efectividad se la paso a un compañero debajo del tablero y la falla. Nuestra acción corporal es de desdén y la oral no es de animar al compañero sino de ofenderlo mientras se le exige asegurar la cesta. Seguramente se han vivido muchos de estos y otros escenarios que ocurren con mayor
frecuencia en la medida que nos alejamos de la primera categoría; pues algunos cuarentones van a divertirse y otros a drenar. Entre algunas razones están:

1. La baja preparación física de muchos miembros de los equipos que juegan
mayormente por recreación.
2. La alta competitividad de algunos jugadores
3. La asistencia en el amateurismo es opcional.
4. Las lesiones son más frecuentes y exigen un mayor tiempo de recuperación.
5. La mayoría pone dinero para jugar
6. Jugar en una categoría inferior a la edad, a sabiendas que tiene mayor intensidad.
7. Exceso de juegos

Desde luego hay otras situaciones que afectan al jugador venezolano de categoría máster. Al consultar al Psicólogo Armando Carrillo resume su interesante aporte en que la mayoría de los causantes de estas reacciones temperamentales son los estresores sicosociales a causa de la insatisfacción de necesidades básicas primarias y secundarias.

La baja calidad de vida, asevera Armando, afecta la emocionalidad de las personas y si no se tiene la claridad de que asisto al juego con mis amigos a disfrutar, a desestresarme; corro el riesgo de que la parte racional se bloquee ante los altos niveles de adrenalina y pueda actuar de forma ridícula, violenta y poco ejemplarizantes ante descendientes.

¿Cómo atender estas situaciones y evitar una epidemia de violencia, que ya alcanza hasta a representantes de jugadores de categorías menores?

Las labores empiezan por cada deportista que debe estar consciente de que asistir a una competencia debe ser para divertirse, debe predisponerse para ser preferiblemente evasivo y no reactivo.

Otra tarea corresponde a los líderes y patrocinantes de los equipos; quienes deben antes de iniciar el juego, durante la charla técnica, hacer énfasis en el propósito del juego, que incluye aspirar a la victoria con énfasis en pasarla bien, incluyendo el tercer tiempo.

Estas dos acciones de los atletas deben ser reforzadas por la preparación y dedicación que deben tener árbitros y jueces que imparten justicia durante los encuentros. No se pretende ausencia de errores; si no un máximo de atención para ejercer su autoridad con la máxima ecuanimidad y exigencia del juego limpio.

Un trabajo especial corresponde a las ligas y los clubes que agrupan la práctica deportiva. Armando Carrillo manifiesta, que debe haber además de las reglamentaciones sancionatorias de cada deporte; una normativa interna de comportamiento deportivo por parte de los equipos que
contribuya a disminuir estas acciones temperamentales que ocasionan magulladuras corporales y psíquicas.

Por último, hay algunos deportes en donde a los infractores se les expulsa por un determinado tiempo. Por supuesto que esto va asociado a la tarjeta amarilla, a la falta técnica, a la tarjeta azul. Considero que vale la pena preguntarnos, ¿Qué puede ocurrir si a modo de prueba, se instaura un lugar, para que estos adultos se refresquen y reposen durante dos minutos, en una esquina alejado de los bancos o camerinos?

Esta experiencia sugerida, que a más de uno le va a parecer ridícula y fuera de contexto puede convertirse en un sitio en donde el infractor reflexione, sin el acicate e intervención de compañeros y rivales; mientras atempera sus emociones y toma un poco de agua.

Estamos a tiempo de minimizar y ojalá detener este virus de maltrato verbal y físico entre atletas, representantes y jueces que no permite disfrutar sanamente del deporte. Si a la vehemencia, no a la violencia; ya estamos muy viejos para la gracia.

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