Farándula y Espectáculos

Conseguí una hermanita en la Casa Hogar Los Abuelos de Jesús

31 de diciembre de 2023

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Desde hace diez años, la Fundación Geriátrico Casa Hogar Los Abuelos de Jesús, ubicada en Chururú, municipio Fernández Feo, ha atendido a esos abuelitos que por cuestiones de la vida se quedaron sin hogar o son abandonados por sus familias. Ha sido una labor titánica que un grupo familiar y su equipo de trabajo ha sacado adelante atendiendo el llamado de la fe      


Raúl Márquez

 

Teodocila Useche tiene 86 años de edad, le gusta que la llamen Teo, y hace más de cuatro meses que se mudó a la Casa Hogar Los Abuelos de Jesús, ubicada en la población de Chururú, jurisdicción del municipio Fernández Feo, en la zona sur del estado Táchira.
Sentados en unas bancas de madera, en un pasillo que comunica el comedor y los cuartos, conversamos un poco sobre su estadía en la institución, que el próximo año cumplirá 10 años de existencia, en estas tierras de la llamada Puerta del llano.
Ataviada con un vestido de color añil, con flores diminutas, cuenta que luego de varios años consiguió a “una hermanita” a la que cuida diligentemente, aunque eso implique que a veces deba trasnocharse.
—Aquella es Carmencita… Mi hermanita de cuarto—dice, señalando con la mirada a una mujer de su misma edad, que sentada en una silla de ruedas, nos observa con seriedad.
Cuenta que en medio de la noche, a veces se despierta, y de inmediato se pone de pie y se dirige al dormitorio de Carmencita, con el fin de percatarse de que esté bien. Entonces se acerca sigilosamente a su cara para sentir su respiración.
—A veces cuando hace frío me levanto a arroparla, pues ella suele quitarse la cobija. Yo le digo que es mi hermanita. Pobrecita. Ella está peor que yo de la cabeza y a veces no se da cuenta de nada—.

***

Diecisiete ancianos comparten sus vidas en esta institución, en la que reciben alimentación, cobijo y, periódicamente, la visita de un médico. Modesto Pérez, su fundador, relata los inicios y el día a día de esta obra de amor y solidaridad.


De carácter apacible, desde muy joven ha tenido una relación cercana con Dios. Ser solidario ha sido parte de su vida. Tomando en cuenta esto, antes de pensar en el geriátrico, apoyaba cuando podía a las personas que necesitaran cumplir tratamientos médicos.
—Años atrás quise adquirir un terreno en la calle principal de El Piñal, con el fin de construir un restaurante y, con parte del dinero que obtuviera, ayudar con medicinas a las personas que estuvieran recluidas en el hospital de esta localidad, pero en aquella oportunidad no pude concretar esa meta—cuenta el comerciante.
Relata que un domingo del año 2013 se dirigió a la capilla de Chururú a orar, y sintió una especie de revelación. Según él, esta era que construyera un ancianato. El hecho de contar con una ferretería y una bloquera, constituía para Modesto un aliciente, en la concreción del proyecto.
Tras varios meses, la construcción estaba finalizada. El 15 de febrero de 2014 se llevó a cabo la inauguración. Acompañado por su esposa, Elvia Pernía de Pérez, sus hijos, y Sandra Yamile Rodríguez, la coordinadora, se sintió feliz, al cumplir la promesa hecha. Con este gran paso dado, otra gran responsabilidad se cernía sobre él y era el funcionamiento de la Casa Hogar.
Desde el principio, para subsidiar los gastos, contó con parte de las ganancias del restaurante familiar y de una panadería.
En ciertas ocasiones —según explica— han organizado actividades profondos, en las cuales, el apoyo de algunos comerciantes y de los medios de comunicación del sur del Táchira no se ha hecho esperar.
Los tratamos con dignidad
Desde el momento en que son ingresados a la institución, los abuelitos comienzan a ser tratados con dignidad y respeto. Comparten dormitorios cómodos y ventilados, comen de manera balanceada y, además, reciben los cuidados médicos necesarios.
—Con los años hemos mejorado la sede y adquirimos los enseres básicos para atenderlos como es debido. En cuanto a la salud, son chequeados por médicos del municipio que acuden a nuestra sede cada cierto tiempo. Además, cuando alguno se agrava, lo movilizamos de manera inmediata al Hospital Tipo I de El Piñal. En lo que respecta a las medicinas, a veces las compramos y, en otras ocasiones, nos las donan. Así vamos— resalta Pérez.
Con la muerte, el apoyo no llega a su fin, pues la fundación Casa Hogar Los Abuelos de Jesús sigue con su labor de darles una mano amiga, asumiendo en gran parte los gastos de los funerales.
De los más de 28 abuelos que han fallecido desde que funciona la casa hogar, la mayoría ha recibido el servicio funerario por parte de la misma institución. Por ejemplo, los ataúdes los mandan a fabricar para ahorrar gastos.
—En los primeros años, las funerarias nos colaboraban y hasta nos donaban los ataúdes ante la muerte de nuestros abuelos. Obviamente, con el empeoramiento de la crisis por la que atravesamos, esto no siguió siendo posible, y es entonces cuando decidimos, por nuestra cuenta, mandarlos a fabricar—, subraya Pérez, con seriedad.
Aparte de la urna, fabrican los pedestales, la cruz y los portavelones.
—Luego que fallecen seguimos dignificándolos con nuestro propio servicio funerario, incluso los transportamos al cementerio en mi camioneta, que también es ambulancia, cuando es preciso—, asegura, sonriente.
***

Durante su infancia y adolescencia Teo vivió en el departamento colombiano del Norte de Santander –entre Cúcuta y Bochalema-. Su familia pudo costearles los estudios, graduándose en la rama de Comercio. Entonces retornó a San Cristóbal formando parte de Telares del Táchira y de la Maderera San Vicente.
—Fueron épocas muy bonitas, sobre todo, en Navidad. Recuerdo que mis dos hijos, sus esposas y mis nietos nos reuníamos a hacer las hallacas. Vestíamos la mesa con un plástico para que no se dañara y nos poníamos a elaborarlas, entre chistes y risas. Disculpe que me den ganas de llorar, pero son momentos que sé que no volverán —comenta Teo.
Tras uno segundos de silencio, y de secarse las lágrimas, sigue haciendo énfasis en que se siente muy bien en la casa hogar. Que además uno de sus hijos está pendiente de ella.
—La vida da muchas vueltas. A veces ganamos y otras perdemos. Uno a esta edad lo que quiere es estar tranquilo y con la conciencia limpia. Y que cuando llegue la muerte, podamos enfrentarla con dignidad. Algunos tenemos suerte y otros lamentablemente no son nada para sus familias. Pero gracias a Dios existen lugares como estos, donde personas maravillosas nos tratan aún como humanos—, subraya Teo, con voz cálida.
Antes de despedirnos me dice va a acompañar a su hermanita. Que pronto los llamarán para el almuerzo.
—Estar cerca de ella me produce tranquilidad, ternura—, me dice, para luego abrazarme y susurrarme que no los olvide.

***


Sandra Yamile Rodríguez, coordinadora de la fundación, comenta que últimamente no han contado con el gas doméstico suficiente, por lo que han tenido que cocinar con leña. Esto ha generado enfermedades respiratorias en algunos de los ancianos.
—Como ya hemos dicho, el señor Modesto y el equipo en general siempre intentamos subsanar los gastos de funcionamiento de nuestra casa hogar. No obstante, hay momentos en que esto se torna cuesta arriba. Por ejemplo, el gasto de algunas medicinas las tenemos que asumir, a pesar de que desde el centro diagnóstico integral y el hospital del municipio cuando pueden nos apoyan. Ese es el día a día de nuestra casa hogar—, puntualiza Sandra.
Agradece a quienes han visitado a los abuelitos durante esta época del año, tal y como sucedió con el gremio de comunicadores del sur del Táchira, quienes celebraron su cena navideña junto a ellos.
—Esperamos que otros gremios y familias se animen para que de esta forma conozcan de primera mano nuestra institución y nos apoyen a seguir adelante—.

 

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