miércoles 26 enero, 2022
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Terminal de San Antonio aún no recupera su dinamismo

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EL DATO

A la frontera, sigue sin arribar el transporte de otras regiones del país, el cual solo está entrando al terminal de San Cristóbal


Por Jonathan Maldonado


El punto de control de los organismos de seguridad ciudadana, ubicado al lado derecho de la fachada del Terminal de Pasajeros de San Antonio del Táchira, ya no registra colas de usuarios con maletas y bultos. La imagen que reina es la desolación y, por ende, pocas alternativas para los trabajadores que convergen en las instalaciones del puerto terrestre.

Los tarantines y locales vacíos van en concordancia con el afán que predomina en los rostros de los conductores de busetas y carros por puesto. Muchos de los transportistas se sientan a esperar en las bancas, situadas en el andén de embarque; otros, por el contrario, se instalan en ciertos puntos a vociferar su servicio: “sí hay puesto para San Cristóbal” o “sí hay puesto para Rubio.

Ningún trabajador del puerto terrestre se escapa al efecto generado por la escasez de pasajeros. La dama que vende agua, refrescos y chucherías, manifiesta la misma queja que su vecino, un vendedor de almuerzos que hace cuatro años llegó a la frontera en busca de mejores oportunidades.

Esta especie de desazón también rodea a la cooperativa de mototaxistas que opera en la entrada al terminal, y a la joven que vende hamburguesas y parillas en las cercanías del andén de embarque. Todos apuntan a que la soledad los está asfixiando y claman por soluciones que le devuelva la vida a las instalaciones.

La llegada del mes de diciembre, enciende aún más las alarmas, pues se trata de una época en la que el dinamismo crecía, en un espacio que se hacía pequeño por el gran flujo de pasajeros que entraba y salía a toda hora. Ese croquis se ha desdibujado casi en su totalidad, dando paso a la carencia de usuarios.

Para los afectados, es complejo asimilar ese panorama cuando el puente internacional Simón Bolívar registra, a diario, un tránsito de ciudadanos que va en aumento por las festividades decembrinas.  Ese gran número de transeúntes, al regresar de La Parada o Cúcuta, en horas de la tarde o noche, tras haber cumplido con sus diligencias, no están yendo al terminal, pues las alternativas de transporte abundan en las cercanías a la avenida Venezuela.

Las calles y carreras cercanas a la arteria referida, así como las que colindan con los caminos verdes, también conocidos como trochas, están enmarcadas tanto por carros piratas como por algunas líneas, legalmente constituidas, que se han visto en la obligación de salir del terminal para hacer frente a la competencia que pulula en las calles de la ciudad fronteriza, y golpea directamente al terminal´.

“Estamos trabajando a menos del 10 %”

Jorge Romero, presidente de la línea Quinta República y miembro de la Cámara de Transporte de la Frontera, catalogó de crítico el escenario que atraviesa actualmente el terminal de San Antonio del Táchira, pues, aunque “suene extraño decirlo”, la reactivación del paso peatonal sobre el puente, el pasado 25 de octubre, “ha sido contraproducente para nosotros”.

Según Romero, el número de pasajeros mermó considerablemente en el puerto terrestre, hecho que se lo atribuye a la creciente piratería que “ya ofrece los pasajes, para el centro de Venezuela”, desde el corregimiento de La Parada, en Colombia, generando una dura competencia con los legales.

“Nosotros, los conductores de carritos cinco puestos, estamos trabajando a menos del 10 %, mientras que las busetas están prestando el servicio a menos del 3 %”, aseveró el representante de los transportistas. En este sentido, pidió, como solución temporal, una parada que esté cercana a la aduana principal de la jurisdicción.

Ese punto, de establecerse, dijo que sería tanto para las unidades de 32 puestos como para los carros de cinco puestos. “Ya estamos tratando de salir a la calle a buscar al pasajero y traerlo al terminal, pero nos encontramos que las autoridades que están acá, en el terminal, emplean otra requisa a los usuarios, que ya han pasado por el mismo procedimiento en el puente”, lamentó.

Vendedores piden que le devuelvan la vida al terminal.

Romero dejó claro que, en varias ocasiones, le han pedido al comandante del Destacamento 212 que hagan más rápidas y expeditas las requisas en la entrada al puerto terrestre. Cree que la dilación ha ahuyentado también a los pasajeros, quienes ven como un calvario el tener que pasar por ese proceso.

“Ya la zafra que solía darse en diciembre, dudo que se repita”, prosiguió el caballero, al tiempo que recordaba que de los más de 800 carros cinco puestos, que están legalmente constituidos en líneas, solo están saliendo al día entre 90 a 100, cifra que es muy baja y se aspira que mejore en los próximos días.

“Habiliten los expresos hacia la frontera”

Dora lleva tres años laborando en el Terminal de San Antonio del Táchira, donde tiene un puesto que ofrece refrescos, café y chucherías. Al igual que la mayoría, manifestó su preocupación por la disminución de las ventas a causa del poco movimiento de usuarios que se contabiliza en la actualidad.

“Las ventas están muy pesadas, han bajado mucho”, prosiguió la dama, mientras indicaba que esto se debe a la poca entrada y salida de transporte público por el terminal, y que ha tenido como principal responsable a la piratería que ronda la avenida Venezuela, sus adyacencias y espacios cercanos a las trochas.

Lo productos que más suele vender Dora es el agua y las galletas. Otrora, lograba salir de una bandeja de refrescos y de agua durante la jornada; ahora solo vende tres bolsitas de agua, algunos refrescos y café. “Está demasiado floja la venta”, enfatizó al recordar la importancia de que el puerto recupere su dinamismo.

Entre las soluciones, la ciudadana destacó la necesidad de que se combata la piratería en la ciudad, y que permitan el ingreso y salida de la frontera del transporte interurbano, también conocido como los expresos. “Es indispensable que esto suceda, si realmente se pretende un cambio”, remató.

“Necesitamos el apoyo de las autoridades”

Para Miguel Ángel Mendoza, mototaxista de la Cooperativa Ocumare, es primordial que se afiance el apoyo de las autoridades, tanto civiles como militares, que hacen vida en el municipio, si se desea rescatar el dinamismo que operaba en el Terminal de Pasajeros de San Antonio.

Mendoza puso de ejemplo las complejidades que pasan a diario los dos grupos de mototaxis que laboren en el puerto: uno de 52 y otro de 73 motorizados. “Solo estamos haciendo cuatro carreras como máximo cuando, antaño, se llegaba a 20 y, en algunas ocasiones, se superaba la cifra”, apuntó.

Conductores preocupados frente a la reinante soledad.

Otro factor que, a su juicio, incide en el descenso de las carreras que solían efectuar en cada jornada, es la presencia de los asesores o llamados “arrastradores”. “Ellos agarran a los pasajeros en la zona de desembarque y los llevan hasta las unidades alimentadoras, limitando nuestra posibilidad de salir con una carrera”, acotó.

Reiteró el compromiso que deben tener las autoridades para frenar el crecimiento de los carros ilegales en la frontera. “Aquí seguimos, a la espera de que los organismos de seguridad ciudadana, los concejales y alcaldesa, hagan lo suyo”, puntualizó.

“Seguimos aquí por mi hijo”

El joven Carlos Alberto Cáceres está atado a su fe. Aunque ya no vende lo mismo de antes, aguarda la esperanza de que el escenario mejore, pues el más beneficiado sería su hijo, quien sufre de otitis crónica (bacteria en el oído) y amerita gastos para el tratamiento y traslado para el hospital.

“Vendo desayunos y almuerzos”,  enfatizó Cáceres, de 34 años, mientras dejaba claro que las ventas han estado un poco fuertes como consecuencia de  que la gente no viene al terminal de pasajeros. “Las personas prefieren tomar el carro, ya sea pirata o algún taxista legalmente constituido, en la avenida Venezuela”, remarcó.

Las ganancias de lo que consigue vender en la actualidad las usa para cubrir los gastos relacionados con los medicamentos de su niño, y para comprar algunos de los productos que requiere la familia. “Cuando había buen movimiento, las ventas no se bajaban de 20 almuerzos; ahora solo vendo cinco y es mucho”, aseguró.

El caballero, proveniente de estado Miranda, lleva cuatro años en la frontera, lugar que eligió para tratar de hallar un mejor estilo de vida, tanto para él como para su esposa e hijo. “Debemos persistir y no desfallecer pese a que todo se muestra difícil”, soltó a modo de colofón.

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