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Una muerte signada por la covid-19 y bajo la soledad de su residencia

Graterol era padre de dos niñas que residen en el estado Trujillo

En la carrera 12 con calle 10 del barrio Simón Bolívar, en San Antonio del Táchira, una de las viviendas está habitada por migrantes internos que arribaron a la frontera en búsqueda de un mejor porvenir


Jonathan Maldonado

Texto y fotos


 

De allí salió el pasado sábado, 3 de julio, el cuerpo sin vida de Josué Graterol, quien falleció en su cuarto, en horas de la madrugada, por covid-19, informó el alcalde del municipio Bolívar, William Gómez.

Graterol había llegado a San Antonio hacía ya dos años. Vivió en varios sectores de la frontera. Durante ese tiempo estuvo alquilado, cerca de la Redoma del Cementerio, luego se fue a La Tomatera, y en la casa de Simón Bolívar, vivió sus últimos días.

El virus lo sorprendió rayando los 56 años. Desde que pisó tierra fronteriza, se dedicó a vender perfumes por las calles de la ciudad. Con eso sobrevivía y le alcanzaba para enviarle a su esposa y a sus dos hijas en Valera, estado Trujillo.

De esa entidad andina, salió rumbo a la frontera en una migración interna que le permitió conocer a mucha gente. “Siempre estaba dispuesto a ayudar. Cualquier favor que uno le perdía, lo hacía”, dijo una de las migrantes, oriunda de Carabobo, que habita en la misma casa.

El deterioro, en el estado de salud de Graterol, se agudizó después del Día del Padre, precisó la dama, quien ya llevaba meses conociendo al ciudadano. “Me encargué de avisarle a su esposa e hijas. Ellas tienen pensado venir, luego de que pase un poco esta nueva oleada de la pandemia”, dijo.

La soledad signó la partida física de Graterol. Ningún familiar pudo darle el último adiós. El cuerpo fue retirado de la vivienda por la máxima autoridad local, el Cuerpo de Bomberos y Protección Civil (PC) de San Antonio del Táchira.

Rumbo al cementerio

Eran cera de las 5:00 p.m. del sábado 3 cuando el alcalde Gómez, junto a los Bomberos y PC, llegó a la vivienda. Ya había un informe médico que certificaba que el hombre había fallecido por covid-19.

Cada funcionario tenía su traje de bioseguridad, lo que encendió las alarmas de la comunidad, que salió de las casas para ver qué estaba pasando. Los rumores iban y venían. Pocos sabían que Graterol había muerto.

Una vez bajan el ataúd del carro de la alcaldía e ingresan a la residencia, se confirmó lo que muchos vecinos murmuraban, “un fallecido por covid-19 en el barrio”.

El proceso para retirar el cadáver de la residencia no duró más de 10 minutos. Montada la urna en el carro, la ruta fue el Cementerio Municipal de la ciudad. Allí los esperaban los sepultureros, quienes ya tenía el espacio preparado.

 

El último adiós se lo dieron a Graterol los bomberos, PC y el alcalde. “Hoy le estamos dando cristiana sepultura a un migrante interno, oriundo de Trujillo, que perdió la vida por covid-19”, resaltó el burgomaestre.

Gómez instó a la ciudadanía a extremar las medidas de bioseguridad, pues el virus está propagándose nuevamente en la jurisdicción.

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