sábado 1 octubre, 2022
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EDICION FRONTERA Vivir entre balaceras y amenazas

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Entre 2017 y finales de 2018, al menos hubo tres balaceras esporádicas y distanciados en el tiempo. En esta fecha  se empezó a entender la razón de estas disputas territoriales.

El  martes 30 de julio, en una trocha que comunica a Tienditas (Ureña) con El Escobal (Norte de Santander), los pobladores denunciaron que muy temprano, se inició un enfrentamiento a tiros se extendió hasta media mañana.

Los enfrentamientos a tirosque se generan entre la gran variedad existente de grupos irregulares por el dominio y control de la zona de frontera, sobre todo en los límites de los municipios  Bolívar y Pedro María Ureña, con  el Norte de Santander, Colombia, no son nuevos.

Entre 2017 y finales de 2018, al menos hubo tres, esporádicos  y distanciados en el tiempo, pero fue cuando se empezó a entender la razón de estas disputas territoriales, confrontaciones a sangre y fuego llevadas por la ambición de controlar  el millonario ingreso económico  que  les significa el contrabando ilegal que a diario pasa por las trochas, entre otros intereses.

Lo que sí es nuevo, y realmente preocupante, es el hecho de que estas balaceras se hayan incrementado en intensidad, que se originen a cualquier hora del día y en cualquier  terreno,  ya incluso en áreas más urbanas. Y si a esto se suman las amenazas de muerte a través de panfletos, comunicados y audios por parte de estos criminales hacia sus rivales y hasta  contra entes castrenses y policiales, se entendería también el grado de angustia  y zozobra en el que vive, desde hace 7 meses, la población fronteriza.

Más  preocupante aúnes que esta guerra se dispute ahora en territorio venezolano y que las autoridades no hayan podido, hasta ahora,  terminar yerradicar a sus protagonistas. A veces no se pronuncian  cada vez que ocurre uno de estos eventos.Apenas el miércoles, desde el estado Zulia,  el A/J Remigio Ceballos, jefe del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Ceofanb), advirtió que el Estado venezolano no permitiría grupos armados en ninguna población, y lo propio hizo Freddy Bernal, protector del Táchira, pero no ofrecieron detalles de las medidas que, se supone, tomarán.

Cinco balaceras con consecuencias

En lo que va de año se han contabilizado cinco balaceras de grandes proporciones que,además del pánico obvio generado, han dejado como saldo lamentable la muerte de cinco personas y varias heridas (según las autoridades colombianas).La primera de estas fuertes  balaceras  se registró  el  1º de febrero en  las inmediaciones del puente internacional Simón Bolívar, en una de las trochas binacionales. El intercambio de disparos duró varios minutos.

La mañana del viernes 3 de mayo, quienes transitaban por el puente internacional Simón Bolívar se vieron sorprendidos por una segunda balacera debajo de la estructura.  Grupos de contrabandistas presuntamente se enfrentaron y una bala perdida  hirió a una transeúnte en la espalda.

El tercer tiroteo fue el lunes 13 de mayo,  debajo del puente internacional Simón Bolívar, afortunadamente  sin daños que lamentar.  La tarde del jueves 6 de junio se registró  un nuevo tiroteo en una trocha, cercana al mismo puente.

Importante destacar que generalmente, cuando en el cruce de disparos hubo heridos, estos  fueron llevados  o recurrieron a centros asistenciales del Norte de Santander, donde algunos fallecieron posteriormente, por lo que esta data  difícilmente se conoció en este lado de la frontera.Es por ello que  las autoridades colombianas manejan la cifra  de cuatro muertos y cinco heridos, producto de los enfrentamientos.

La más reciente y prolongada balacera fue  el  martes 30 de julio, en una trocha que comunica a Tienditas (Ureña) con El Escobal (Norte de Santander). Habría comenzado a temprana hora de la madrugada y se extendió hasta media mañana.

De acuerdo con las autoridades colombianas, las únicas en dar un pronunciamiento oficial, fue una confrontación entre la guerrilla del ELN y  paramilitares de La Línea, por la misma razón de dominio territorial, donde mostraron todo su potente arsenal y hasta granadas.

Hasta donde se sabe, no hubo bajas en ningún bando, pero sí las hubo, cada grupo cargó  con sus muertos y heridos, como generalmente lo hacen los grupos subversivos.

Lo certero de todo lo que ocurre en el eje fronterizo colombo-venezolano en sus trochas es el terror en el que viven los pobladores. Temen que la violencia se extienda.

Miriam Bustos

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