El estruendo de la pólvora puede causar pánico y hasta infartos en las mascotas

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Los fuertes ruidos de los fuegos artificiales causan pánico en las mascotas.

Magui, una perrita de avanzada edad, murió en los brazos de su joven dueño, debido a que no pudo soportar los fuertes ruidos de los fuegos artificiales, en la ciudad de Esquel, Argentina, según publicaron las redes sociales y medios como el diario El Clarín, la semana pasada. La familia dueña de Magui dijo que su mascota le tenía terror al ruido que provocan los artefactos pirotécnicos.

En Colombia, los medios y, por supuesto, las redes sociales, reseñaron la muerte de dos perritos el año pasado, por la misma razón. Es un hecho comprobado, y explicado científicamente, que los perros, gatos y aves domésticas, son seres vulnerables y víctimas del estruendo que causa la pólvora y, sin embargo, son pocos los dueños o amantes de mascotas que se preocupan por aliviar a sus supuestos amados de esta tortura física en ocasiones como la Navidad.

Efectos negativos en los animales

Una veterinaria zootecnista, afirmó a El Tiempo de Bogotá que los efectos negativos se producen principalmente porque los animales escuchan con mucha más intensidad estos sonidos que los seres humanos: Ese ruido les genera miedo y angustia. Al oír las explosiones, ellos tienden a huir y a esconderse en sitios donde se sientan seguros y protegidos.

—En el caso de perros y gatos, dice, presentan aumento de la frecuencia respiratoria, salivación excesiva, vómito, orina, defecación. Algunos manifiestan temblor incontrolable,  y se tornan inquietos. Corren, ladran e incluso pueden presentar reacciones agresivas anormales, como destruir objetos cercanos o morder algo o a alguien, agregó.

Y el problema es que muchos humanos, incluidos los amos y otros que dicen amarlos, no toman medidas de protección inmediatas, sino que se ríen y convierten en un espectáculo el terror de los animalitos. La experta explicó que ese miedo y angustia les genera taquicardias severas que pueden terminar en infartos fulminantes, o provocar episodios de gastritis y vómito, desencadenando enfermedades nerviosas.

Otro veterinario señaló a periodistas colombianos, luego de la muerte en ese país de otra perrita por los efectos de la pólvora, que algunos de los síntomas que presentan las mascoticas en esos momentos son: taquicardia, temblores, falta de aire, náuseas, aturdimiento, sensación de irrealidad, pérdida del control, necesidad de huir y miedo a morir.

—Es un estímulo del sistema nervioso parasimpático lo que provoca los síntomas. Hay mascotas que en su desespero por huir, salen corriendo a la calle y son atropelladas por los carros, dice el médico, certificando una experiencia que han vivido muchos propietarios de mascotas.

De acuerdo con lo que indicó el veterinario, esto se debe a que las mascotas tienen una capacidad auditiva mucho mayor a la humana. Por eso, sienten los estruendos de la pólvora con una intensidad hasta cinco veces superior a como los escuchamos nosotros.

¿Qué hacer para proteger a su mascota de los juegos pirotécnicos?

Según los veterinarios, los efectos, en el caso de los perros, dependen de la edad, raza y tamaño. Los perros pequeños son los más afectados y son los que casi siempre presentan crisis nerviosa al momento de los juegos pirotécnicos. Igualmente, perros y gatos que tienen patologías como epilepsia o que son extremadamente nerviosos, e incluso por la misma edad, son más afectados.

Existen varias alternativas para menguar los efectos negativos de la pólvora en los animalitos, pero la principal de ellas es no dejar solas las mascotas en el momento en el que explotan los juegos pirotécnicos.

Buscar un refugio para las mascotas es, según los expertos, algo que todo dueño debería hacer. Esto es, con suficiente tiempo, acondicionarles un espacio dentro de la vivienda, un refugio, donde disminuya el impacto del ruido y donde se sientan seguros en el momento de las explosiones.

Los armarios y los baños son algunos de los lugares en donde se pueden esconder de los ruidos fuertes. Los animales muestran a sus dueños esas zonas en donde se sienten protegidos, y donde deben disponer de agua, comida y, de ser posible, una toallita o cobijita, o un juguete de su uso, que los haga sentir cómodos.

Humberto Contreras