lunes 21 septiembre, 2020
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Elecciones en Uruguay y Argentina con campañas que se miran de reojo

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(AFP ) En una coincidencia inédita, Argentina y Uruguay celebrarán el mismo día elecciones presidenciales en octubre de 2019, con la polarización de los electorados como punto en común de campañas que se miran de reojo.

Los dos países viven situaciones políticas contrapuestas. Mientras Argentina fue parte del cambio de viento latinoamericano hacia gobiernos de centroderecha, Uruguay es presidido desde 2005 por la coalición de izquierdas Frente Amplio (FA), que compite por un cuarto mandato consecutivo.

Y si bien tras las primarias argentinas del domingo el presidente liberal Mauricio Macri vio reducir drásticamente sus chances de ser reelecto, cuando en Uruguay las encuestas delinean un escenario más imprevisto, ambas campañas apuntan a una disyuntiva entre modelos de países distintos.

– Imitación u oposición –

Con los relojes electorales sincronizados, dirigentes de izquierda uruguayos intentaron capitalizar el estrepitoso revés del mandatario argentino frente a la fórmula peronista compuesta por Alberto Fernández y la expresidenta Cristina Kirchner en las primarias.

Según la ministra uruguaya de Turismo, Liliam Kechichián, los partidos opositores Nacional (PN, centroderecha) y Colorado (PC, liberal) «tienen una línea de pensamiento y de programa de gobierno muy similares» a Macri.

En 2015, el triunfo de Macri que puso fin a 12 años de administraciones kirchneristas había sido celebrado por varios dirigentes de oposición en Uruguay.

Pero la caída en la popularidad del presidente argentino y la crisis económica hacen que hoy «sea difícil reivindicar su gobierno como un modelo a seguir», sostiene el politólogo uruguayo Diego Luján, de la Universidad de la República (UdelaR).

El presidenciable uruguayo del PN, Luis Lacalle Pou, favorito entre los candidatos opositores, se despegó de la comparación asegurando que sus propuestas van en sentido contrario a las aplicadas por Macri, pues pretende bajar tarifas. El colorado Ernesto Talvi, que le pisa los talones en las encuestas, calificó por su parte de «mala noticia» el resultado de las primarias argentinas. «Todos los problemas que teníamos (…) con Argentina después que fue electo Macri se resolvieron en cinco minutos (…) porque hay un espíritu más republicano».

En la vereda contraria, el intendente de Montevideo -bastión frentista desde 1990- Christian di Candia, no vaciló en invitar al candidato a gobernador de Buenos Aires Axel Kicillof, exministro de Economía kirchnerista, a «tomar unos mates uruguayos».

– Por la negativa –

El politólogo Daniel Chasquetti, también de la UdelaR, recuerda que durante los gobiernos kirchneristas (2003-2015) las relaciones de Uruguay y Argentina «fueron muy malas», en particular por el conflicto en torno a la instalación de una fábrica de celulosa en el río Uruguay.

Para peor, durante uno de los períodos más álgidos de ese enfrentamiento el jefe de gabinete argentino era Alberto Fernández.

Eso no impidió que, tras el anuncio de su candidatura, Fernández peregrinara a Uruguay para reunirse con el expresidente José Mujica (2010-2015), «una figura de prestigio» para la centroizquierda argentina, según el analista político argentino Rosendo Fraga, que vio en aquel encuentro la voluntad del peronista de captar algo del aura de austeridad que rodea a su anfitrión apodado el «presidente más pobre del mundo».

Si bien en los últimos años Uruguay ha cortado su dependencia histórica frente a las cíclicas crisis económicas de su impredecible vecino, lo que suceda a nivel político «puede influir en el estado de ánimo» de los uruguayos, admite Chasquetti.

Aunque, «si hay algún tipo de asociación, será por la negativa», asegura.

El espejo argentino sirve al FA para advertir sobre los «peligros» de un corrimiento a la derecha.

Y viceversa, la oposición «buscará asociar al FA con los Kirchner, pero también con la corrupción del Partido de los Trabajadores en Brasil o el régimen chavista en Venezuela», opina el politólogo.

– Polarizados y no tanto –

En Uruguay, explica Chasquetti, el gobierno de izquierda rebate críticas recordando el período previo a la primera presidencia del FA, en un país que tuvo  altos niveles de pobreza y una economía endeble tras la crisis de 2002, mientras la oposición invoca fracasos del oficialismo «como aumento de delitos y desempleo».

Mientras tanto, en Argentina la campaña está más enfocada en las figuras antagónicas de Macri y Cristina Kirchner. Encarnan la dicotomía peronismo-antiperonismo que domina el sistema político de ese país, bautizada en años recientes como «la grieta» que divide a la sociedad en dos bandos irreconciliables.

El sistema político en Uruguay tiene contrapesos que evitan llegar a los extremos de la lógica binaria argentina: un sistema de partidos «estable y predecible», dice Luján.

Ambas elecciones serán el 27 de octubre, con eventuales balotajes el 24 de noviembre.

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