martes 17 mayo, 2022
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En Villa del Rosario

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Llegamos a la Villa del Rosario, en el Norte de Santander, en la frontera con el Táchira, esperando encontrar un sitio que nos diera la oportunidad de desayunar y almorzar a la manera venezolana con una arepa rellena, una empanada, una cachapa de maíz tierno, y aún mas -aunque pareciera mucho pedir-,  un asado negro o nuestro muy criollo Pabellón!!!  Parecía demasiado… pero el estar en zona fronteriza nos dio ilusionados apetitos.

Pensé que sería mejor buscar algo más sencillo y, simplemente, poder desayunar con una buena arepa o una empanada, pero eso sí, rellenas con queso blanco guayanés, paisa o queso de mano.

El taxista nos dijo: “La única parte que les puedo recomendar, donde pueden encontrar ese desayuno, es en una arepera llamada Capachos. He escuchado a mis pasajeros decir que sirven  empanadas y  arepas venezolanas muy buenas”.

El taxi nos llevó por la vía que conduce a la zona del casco histórico y allí, antes de llegar a la Casa Museo del General Francisco de Paula Santander, al frente del parque Bicentenario nos dijo: “Aquí está Capachos”.

La primera impresión que nos captura es visual, en el cromatismo de la fachada:  La M color naranja, las barras amarillas alusivas a una estación del metro caraqueño, y el nombre en blanco y rojos de   CAPACHOS. Venezuelan food.

La iconografía en la fachada indica que estamos en territorio venezolano, como lo evidencia el armonioso ambiente de una arepera que se aprecia en la disposición acorde del mobiliario,  el colorido alegre y sobre todo el menú que desde la vitrina, orgullosamente, dice en ingredientes, texturas, aromas y promesa de sabores, que la carta es de comida venezolana

Nuestra atención la acapara enseguida la simbología del mural que nos da la bienvenida con una narrativa de solidaridad protagonizada por Juana, esa mujer hacedora de arepas y empanadas, emblema del trabajo de las cocineras que es icono de la más famosa marca de harina de maíz. En otra escena aparece el empresario que ha convertido esa marca, la harina PAN, en una bandera mundial de venezolanidad. En su parlamento se corresponden la resiliencia del pueblo y el empresariado ante la crisis.  Él y Juana, como actores principales, representan en este universo gastrónomico de la memoria colectiva, al venezolano que ha izado este producto como bandera cultural alimentaria: la harina PAN.

El mural continúa con el saludo fraterno y la cara sonriente de la joven señora identificada como Lu Capacho, que nos dice a los venezolanos:  Sean bienvenidos, aquí todos somos una familia.

La empresaria fundadora de Capachos nos regala en su frase de anclaje, con fe, la promesa de una nueva oportunidad que nos dará Colombia. Su palabra agradecida va por Venezuela, en donde ella asegura haber recibido tanto y a quien quiere retribuir mostrando con orgullo lo mejor de nuestra cultura patrimonial en su carta gastronómica.

Su parlamento cordial y de integración, como ciudadana de esta frontera, expone y evidencia que tiene en sus venas la heredad binacional de los parentescos y amistades. Que tiene en su corazón las vertientes de la energía de sus ancestros que se formaron como tachirenses y nortesantandereanos, que le envían esa “teluria” de las eternas herencias afectivas que se dan aquí entre colombianos y venezolanos.

Durante varios días apreciamos con amigos y visitantes el menú de Capachos. Coincidimos en que demuestra su esmerada oferta en su buena presentación en vitrina y también al ser llevada y bien servida en la mesa: empanadas, arepas con sus tradicionales rellenos, como la Reina pepiada!! cachapas, pabellón, asado negro, quesos criollos frescos y los tan apreciados tequeños.

La oferta también presenta clásicos como los chocolates y cacaos en versión de Torontos o Sambas. Las emblemáticas galletas María, o nuestra singular bebida Maltín Polar.

La carta de almuerzos del día es como para sentirse en el comedor de las abuelas, con sus carnes desmechadas y caraotas negras, ensaladas, costillas, carnes asadas y en preparaciones de plato principal  el caraqueñísimo asado negro o el pabellón con baranda, llamado así por esa talanquera de tajadas de maduro que circunda el plato.

Especial mención debo hacer de las CACHAPAS y los TEQUEÑOS de Capachos Venezuelan food,  una delicia. Se merecen ser elogiados en capítulo aparte.

También merece especial reseña la anécdota de nuestra primera visita. Capachos nos recibió con la sonriente presencia de una joven venezolana: la mesera que con esa confianza espontanea, esa forma de ser tan nuestra, nos atendió y al tomar el pedido  dijo muy segura: _Señora, usted me está pidiendo una empanada, pero mejor le voy a traer dos, porque le va a gustar tanto que va a pedir otra, y así salen las dos al tiempo y no se le demora el pedido. Inolvidable ese desayuno que se mereció la doble ración de empanada con queso que nos recomendó Sol.  -Así se llama la tan amable mesera-.

Capachos Venezuelan food nos obliga por nobleza a dar más que felicitaciones a la creativa empresaria.  A agradecer su bondad, su afán de mostrar y demostrar nuestro país, que también es su patria y que ella sabe representar muy bien en la mesa de la hermandad de esta frontera, en la mesa que nos une.

La gente, el grupo, el equipo que conforma a Capachos Venezuelan food, se merece el reconocimiento de quienes trabajamos en revalorizar el legado cultural  gastronómico. Se merece el exponer su esfuerzo con el aprecio de quienes escribimos para mostrar lo mejor de nuestra heredad culinaria, desde este apostolado que hemos convertido en campaña permanente. Bien lo merece la muy señora empresaria de Capachos Venezuelan food, cuya discreción exige con humildad nombrar la obra, el milagro y no el santo. Ella es la artífice, la gerente, la conductora del programa empresarial que ya abrió otra estación de Capachos Venezuelan food en Cúcuta, y que ha logrado por mérito propio ser tomada en cuenta como icono de excelencia, de buena atención al público, de creatividad estética al formular el concepto de su propuesta comercial basada en la mejor cocina venezolana, para el Norte de Santander, en Villa del Rosario, donde comienza Colombia.

Las excelencias de Capachos Venezuela food son dignas de aplauso para su emprendedora creadora.

FELICITACIONES. Capachos Venezuelan food. Nos llena de orgullo escribir para aplaudir el acierto de la mejor oferta cultural de la cocina tradicional venezolana en la Villa del Rosario.

GRACIAS Capachos Venezuelan food. ORGULLO VENEZOLANO.

Leonor Peña

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