martes 24 noviembre, 2020
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¿La publicidad nos gobierna?

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Responder a esta pregunta no es tan sencillo como decir sí o no. Lo que es innegable es que la publicidad tiene un gran peso en la sociedad y cuenta con un nivel de influencia sobre el individuo que pocos están dispuestos a admitir.

No se trata solo de decidir comprar una marca u otra cuando algún producto es necesario en el hogar, la publicidad es capaz de generar necesidades antes inexistentes y de provocar ansiedad ante la imposibilidad de poseer un producto.

Publicidad bajo control

Este enorme poder hace totalmente necesario un cierto control de la publicidad para establecer límites desde las instituciones. La agresividad excesiva de algunas campañas o el recurso de la mentira como forma de captación de clientes no deben permitirse en una sociedad sana que aboga por la veracidad de los contenidos en la información que recibe.
De algún modo, los gobiernos deben tomar las riendas de la situación y proteger a los ciudadanos de una mercadotecnia basada en la falsedad y las promesas incumplidas.

¿Cómo funciona la publicidad?

La existencia de la publicidad está íntimamente ligada a la aparición del comercio. Es necesario que el potencial comprador conozca la existencia de un producto para que decida comprarlo. Sin embargo, las técnicas de seducción del usuario se han ido puliendo con el paso de los siglos y es fácil ver una mejora evidente a partir de la entrada del siglo XX.
En este momento se hace evidente el buen funcionamiento de la mercadotecnia para la atracción de clientes y se potencia con la llegada de los medios de comunicación de masas. Otras disciplinas como la psicología, la economía o la sociología entran en juego y se combinan para exprimir al máximo las posibilidades de un anuncio.

A pesar de las muy diversas técnicas y fórmulas existentes en la publicidad actual, se pueden diferenciar algunos elementos que se repiten casi de forma incuestionable:

  • Repetición. La marca debe quedar bien clara en la mente del consumidor. La necesidad de diferenciación de los competidores hace imprescindible repetir el mensaje cuantas veces sea requerido.
  • Asociación positiva. El potencial usuario debe identificar el producto con algo que le emocione, le interese o le atraiga. La música, la alusión a buenos momentos de la vida o la presencia de personajes reconocidos en el anuncio son algunos de los métodos más usados.
  • Promociones. Si esta marca me ofrece lo mismo que la otra y, además, un regalo, la elección está clara.
  • Efecto dominó. Atraer a más personas fomentará el crecimiento exponencial de los interesados
  • Experiencia de usuario. Una de las formas de atraer es convencer de que el producto es de la calidad deseada y que la experiencia en su uso cumplirá con las expectativas. Si esto resulta ser verdad se consigue la fidelización del cliente satisfecho.

Estos son solo algunos ejemplos que nos pueden hacer razonar un poco sobre la verdad encerrada en la publicidad que consumimos. Mirar los anuncios con un espíritu crítico nos mantiene más seguros frente a engaños.

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