sábado 22 enero, 2022
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Agricultores de El Junquito registran perdidas millonarias por escasez de gasolina

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Los sembradores de El Junquito esperan que las medidas por la cuarentena se flexibilicen para el momento en que se dé la otra cosecha para no perder todo el trabajo

A los agricultores de El Junquito la vida les ha cambiado y no solo por la pandemia. La escasez de combustible hizo que varios de ellos perdieran parte o toda la mercancía que habían cosechado.

Marino Ramos ha dedicado toda su vida a la siembra de terrenos y de eso vive su familia. «Perdimos 200 cestas de brócoli por falta de gasolina», dice el hombre, quién agrega que desde que comenzó el problema con el combustible no ha logrado surtir el camión, a pesar de haber ido en varias oportunidades a hacer la cola.

Ante la imposibilidad de llevar los brócolis al mercado de Coche, donde siempre comercializan lo que siembran, los Ramos decidieron cambiar el vegetal por otros productos alimenticios con los mismos vecinos. «Cambiamos por arroz, lentejas, frijoles, pan y hasta catalinas y dejamos algunos para semillas», resume, al tiempo que estiman que perdieron unos 10 millones de bolívares, sin incluir costos de semillas, químicos para fumigar y el trabajo en el campo que es el más fuerte.
En esta misma situación se encuentra Elías Ramírez, otro agricultor de la zona a quien se le secaron 200 cuentas de cilantro por la misma razón: falta de gasolina. «Fui a hacer cola a El Junquito, perdí cuatro días y no pude echar. Me arreché y desde entonces no he salido», detalla.
Este sembrador, que comercializa en el mercado de Catia, perdió la mercancía porque tiene el vehículo paralizado totalmente. Elías comenzó a hacer la cola un domingo a mediodía, pero el miércoles en la tarde la Guardia Nacional eliminó toda la fila cuando él ya estaba cerca de la estación, y no pudo surtirse.

Y los insumos también

Los altos costos de las semillas y de los productos para fumigar ha imposibilitado que la familia Ramos siembre en todo el terreno, por lo que ahora solo siembran por partes y a veces a medias con alguien que pone el capital. Pero la cuarentena por la covid-19 ha complicado la comercialización de la producción.
Actualmente, Marino Ramos está sacando una cosecha de tomates y el mecanismo de ventas cambió: en vez de ir ellos a ofertar directamente, contrataron con una persona que va por la mercancía a la casa. Sin embargo, para poder subsistir en medio del confinamiento y asegurar la entrada de ingresos constantes, las hijas de los Ramos han comenzado a ofrecer vía WhatsApp combos de vegetales por encargo.
«Ahí estamos, luchando», dice cabizbajo Marino. «Nosotros también hemos tenido que comprar mercancía para vender los combitos. Esta semana trajeron cambures, remolacha, cebollín, cilantro, espinaca, brócoli, calabacín y tomates. Todo por 450.000 bolívares», explica el agricultor.
Pero la mayor tristeza de los Ramos está en que se sienten engañados por la Alcaldía de Caracas. Marino recuerda que fueron contactados por ellos para comprarles todas las cestas de brócoli, acordaron el precio y el día en que irían por la mercancía. «Pero nos dejaron embarcados y que por la falta de gasolina, pero ellos son el gobierno y pueden conseguir en cualquier estación; por eso perdimos la mayor parte de la siembra», asegura el agricultor.
Marino no ha vuelto a hacer cola por combustible porque son muy largas y «además hay que pagar en dólares a los guardias», comenta. Había pensado ir hasta la Colonia Tovar, donde le han comentado que hay más organización, pero tras la militarización del pueblo por el despliegue en busca de supuestos integrantes de la Operación Gedeón, esta opción se truncó. Además, para ir y volver de El Junquito a la Colonia necesita tener unos 20 litros. «Los guardias son unos abusadores», sentencia Marino, quien considera que las autoridades deben establecer medidas aparte para que los agricultores puedan surtirse de combustible y no se pierda la mercancía.
Por su parte, Elías Ramírez perdió las esperanzas de surtir su carro de gasolina en medio de esta cuarentena; pero espera que las autoridades relajen las medidas de aislamiento social porque tiene una cosecha de tomates a la que le falta como mes y medio para empezar a recoger.
Elías calcula que en cebollín perdió unos tres millones de bolívares, de ahí dejó lo que pudo para semillas. Pero la escasez de gasolina le ha afectado directamente hasta en el terreno. «Me ha tocado fumigar el tomate a pura bomba porque no tengo gasolina ni para el motor de la máquina de fumigar. Me toca echarle los químicos tres veces por semana con la fumigadora en la espalda y es cansón; en cambio, con la máquina en dos horas hago todo el trabajo», describe el agricultor.
Elías Ramírez, quien toda su vida ha vivido en El Junquito, sembró más de 5.000 matas de tomates, invirtió unos 800 dólares. Comenzó el trabajo a principios del mes de febrero y espera que la pandemia por el nuevo coronavirus no afecte la venta de esta mercancía cuando los tomates estén para vender.
El Junquito
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