Nacional

Buscando a Jesús: la inspiradora historia de Mariela Sifontes y su apostolado en las calles de San Cristóbal

16 de abril de 2024

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Por Rosalinda Hernández

La pérdida repentina de la visión trajo a la vida de la profesora Mariela Sifontes de Silva, un cambio inesperado: fue el inicio de un apostolado dirigido a los jóvenes más necesitados de atención, amor y comprensión. Los que deambulaban por las calles de San Cristóbal.

Mariela es caraqueña, de la parroquia San Juan, nació en la maternidad Concepción Palacio, se confiesa fanática del Caracas Fútbol Club y tiene 50 años viviendo en San Cristóbal, estado Táchira. En la misma ciudad que hizo familia, amigos, comunidad y también forjó un proyecto social que de acuerdo a su relato; sobrevino de un mandato divino.

Hace más de 30 años, mientras trabajaba en el Liceo Monseñor Dr. Jesús María Pellín de San Cristóbal, donde era docente a tiempo completo y jefe de seccional, a Mariela le ocurrió algo inesperado que le dio un giro de 180 grados a su vida.

“Las cataratas estaban avanzadas, me habían cerrado casi los ojos, yo de necia seguía trabajando, tampoco me quería operar. Una tarde bajando las escaleras ya no pude ver más, quedé ciega y me caí”.

Recuerda que un bedel de la institución la levantó del piso. “En medio de la situación yo le dije al señor que me ayudó a levantar; por favor lléveme a un sagrario (lugar dentro de la iglesia donde se guardan a Cristo sacramentado) y él me llevó casi cargada a la iglesia de Pirineos que está cerca”.

Al llegar al lugar sagrado se arrodilló y le imploró ayuda al Señor Jesucristo. “Le dije que no me quitara el trabajo: “déjame trabajar”, esa fue mi petición. Yo sentí una voz que salió de mi interior y me dijo: busca a Jesús en las calles”.

Ante semejante revelación, Mariela estaba confundida y se atrevió a responder: “¿Cuál Jesús?” Creyó que se trataba de un alumno que se había escapado del liceo. “Toda mi vida me dediqué a los alumnos rebeldes, desadaptados, a los que tenían más problemas”.

Pasaron los meses y Mariela seguía sin poder recuperar la visión, los diagnósticos no eran alentadores. Sin embargo, después de muchas negativas, se sometió a la cirugía de cataratas y resultó un éxito, contra todo pronóstico, recuperó la visión.

La voz seguía ahí

Transcurrió un año y la inquietante voz apareció de nuevo, Mariela, la escuchaba en medio de cada oración que elevaba a Dios. Se lo había comentado a sacerdotes para que la ayudaran a comprender el significado que se escondía detrás del misterioso mensaje.

Un día en la iglesia se postró de nuevo frente al Santo Sacramento. Le dijo: “¿Cómo es eso de buscar a Jesús? Y fue ahí durante esa oración que comprendí este misterio de amor y empecé a buscar a unos muchachos de la calle”.

Se trataba de ser fraterna con quienes parecía no tener cabida en la sociedad; comenzó a compartir charlas, consejos, sopas calientes y afecto con los niños y adolescentes que deambulaban por las calles de San Cristóbal.

A partir de ahí, su corazón encontró paz, tranquilidad y en adelante empezó un camino que ella llama “servicio social”, que ha trascendido en el tiempo; a través de la fundación “Buscando a Jesús en las calles”, obra que ya cumplió 31 años de vida activa.

Esa búsqueda se inició cuando la profesora caraqueña, abordó a unos 15 muchachos, entre niños y adolescentes en situación de calle que se sentaban todos los días en una zona transitada del sector Barrio Obrero, en San Cristóbal.

Mariela interrumpe el relato para recordar entre risas y nostalgia a su esposo, uno de sus principales cómplices en la tarea de Buscando a Jesús en las calles”. “Él me tuvo mucha paciencia, me esperaba dentro del carro, a veces bravísimo, tras las largas horas que pasaba sentada conversando con los muchachos”.

Al principio, los chicos con edades entre los 10 hasta los 18 años no querían oírla, les parecía fastidiosa y aburrida. “Les tuve que ofrecer una comida a cambio de que me escucharan, aceptaron con la condición que no les llevará arepas, sino sopa”.

Dos días después volvió a sentarse con los jóvenes, está vez traía lo prometido: una olla repleta de sopa caliente, pero no se las sirvió antes de enseñarles la oración del Padre Nuestro.

Casa, comida y cariño

Vinieron más días de sopa, conversaciones y así se fue consolidando una estrecha relación. Llegó el momento en que no era Mariela quien buscaba a los niños y jóvenes, ellos empezaron a seguirla. Aparecían de repente en cualquier lugar donde la profesora se encontraba, llegaban hasta su casa, en la salida del liceo, si iba a un parque o a un restaurante y hasta allí llegaban.

No solo la buscaban por la comida, siempre querían contarle algo que para ellos era importante o simplemente sentir la cercanía de esa mujer que se había convertido en guía y atención cuando nadie apostaba nada por ellos. Mariela se convirtió en poco tiempo en esa figura de mamá que ninguno tenía y todos necesitaban.

A los meses, a través de Monseñor Méndez Moncada, se logra encontrar la casa donde funcionará el primer albergue de “Buscando a Jesús en las calles”. Una antigua casona de la calle 15 de San Cristóbal, se convirtió en punto de encuentro para muchachos de la calle.

Años más tarde, otro sacerdote le ofreció una oportunidad única a Mariela: una finca a las afueras de la ciudad, en el parque nacional Chorro el Indio. Ya el grupo había aumentado a 20 niños y jóvenes que eran albergados y recibían alimentación y atención. Ellos venían de un mundo sin horario, donde las calles eran su hogar, y con la profesora Mariela habían encontrado una oportunidad maravillosa de cambiar sus días: un hogar.

“No fue fácil para unos muchachos que habían vivido casi toda su vida en la calle, pero se adaptan sin dificultad. Para ellos la convivencia en una casa familiar no era un desafío, lo que realmente necesitaban era comida caliente y cariño. A veces no tenían suficiente ropa o zapatos, pero eso no les importaba porque para ellos lo esencial era tener una figura, alguien que respondiera por ellos”.

Entre alegrías y tristezas

Después de 31 años de labor el balance satisface, alrededor de 140 adolescentes y niños han pasado por la casa hogar que administra Mariela, junto a su siempre compañera de apostolado Deysi Nieto, quien se ha convertido en su mejor aliada al frente de la fundación.

La docente venezolana confiesa que el trabajo “Buscando a Jesús en las calles”, no ha sido fácil y ha estado plagado de sinsabores, pero también ha traído profundas alegrías que le dejan ver que no ha sido en vano el compromiso que emprendió orientada por Dios.

Entre las tristezas a las que ha tenido que hacer frente recuerda un hecho que tuvo de protagonista a uno de los niños que siempre buscaba refugio y consuelo en su presencia. Pero un fatídico incidente lo cambiaría todo.

Una noche recibió una llamada telefónica, algo no iba bien con uno de sus muchachos que se salió a la calle. Mientras se encontraba bajo los efectos de un alucinógeno, maniobró fuego, el fuego se descontroló y el joven se quemó.

Otra anécdota triste que afrontó ha sido la del intento de asesinato de uno de sus jóvenes, en una zona de San Cristóbal. Era de noche y el teléfono sonó, una voz al otro lado de la línea le informó sobre un muchacho herido. Sin dudarlo, Mariela se preparó para enfrentar lo desconocido. Acompañada por su ángel de la guarda, Deisy, llegaron al barrio y comenzaron el descenso, bajaron las escaleras. Al llegar la escena era impactante, uno de sus muchachos era el herido de balas, no estaba solo, Mariela entendió que llegaba a un lugar peligroso y no quiso ver a la cara de quienes lo acompañaban. Rescataron al herido, lo llevaron al hospital y se salvó.

Otro fue asesinado y llamaron a Mariela para que fuera a reconocerlo a la morgue del Hospital Central, en el año 2000.

No todos los 140 jóvenes que han pasado por esta fundación se han quedado viviendo allí, algunos nada más han pernoctado por 15 días, otros se han quedado menos tiempo. Al menos 30 muchachos del total que han sido atendidos por la fundación han salido de la calle y un 25% se ha recuperado plenamente, precisó Mariela.

Los jóvenes que lograron salir de la calle y cumplieron su tiempo de estadía (18 años) en la fundación, “Buscando a Jesús en las calles”, hoy en día son grandes hombres y es algo que llena de satisfacción a Mariela. Entre ellos, hay un sacerdote salesiano, el presbítero Freddy Suarez, también egresaron dos muchachos pertenecientes a la policía del Táchira y 10 de ellos salieron con títulos de bachilleres.

«Actualmente, tengo a 14 muchachos bajo mi cuidado. La mayoría estudian y uno de ellos ha sido becado y se está preparando en la Universidad del Pan, eso me llena de mucho orgullo y satisfacción”.

La profesora Mariela Sifontes, fundadora de Buscando a Jesús en las calles, un apostolado de vida que ha albergado  a decenas de jóvenes y niños sin hogar

Cómo se sostiene la obra

Mariela enfrenta el desafío de alimentar a 14 adolescentes,  de pagar servicios y mantener la limpieza en la casa, “Buscando a Jesús en las calles”. Hace unos días, solo quedaba un kilo de arroz para las 18 personas que comen diariamente en ese lugar. En medio de esta dura realidad, Mariela oró por provisiones y, para su alivio, recibió una ayuda significativa esa misma tarde que les permitió seguir alimentándose durante varios días más.

El mantenimiento de la fundación depende exclusivamente de la generosidad de ciudadanos y de algunas instituciones públicas que proporcionan alimentos tanto a los jóvenes a su cargo como al personal que los cuida. Mariela, la fundadora, no recibe contribuciones económicas directas. Agradece profundamente a aquellos que están dispuestos a apoyar y les invita a hacer llegar sus donaciones a la fundación, ubicada en la avenida Los Agustinos, Pueblo Nuevo, San Cristóbal, Táchira. Para más información o para coordinar su contribución, pueden contactar al número 0414 7354265.

**Esta pieza periodística es parte de la Red de Mujeres Constructoras de Paz en alianza con Diario La Nación**

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