Opinión

Amalivaca

2 de abril de 2025

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Néstor Melaní-Orozco

Fue ver desde los hechos al pintor. Con la pureza del escritor y la majestad del dramaturgo. Único, entregado a la manifestación de los seres de barriadas humildes, a la defensa del campesino explotado y al dolor de los pueblos… Había regresado yo de Barcelona, del país catalán, y como un sentir Caracas mostraba una muestra de Marisol Escobar en el Museo de Bellas Artes, y Guillermo Márquez me invitó a su presentación en la Galeria Viva México de Jorge Godoy en Sabana Grande… Días después fuimos una tarde a la casona «Negro Primero» que fue del actor Tomás Henríquez y muy de entregas lugar de meditaciones del insigne César Rengifo. Allí en compañía del profesor Palmenio Garcia fui a visitar al muralista venezolano, era 1989, con la presencia del testigo de Siqueiros en Santiago de Chile, cuando Pablo Neruda protegió al pintor del realismo latinoamericano, compañero de Diego Rivera y de Julio González «Camarena» sin olvidarnos de José Clemente Orozco. Casi después de la muerte de Trotsky en México… Cosas de un «Corazón Abierto» o de «La Flor del Hijo» del pintor, del escritor y del dramaturgo. Mientras nos hacíamos al encuentro, Don César Rengifo recordó de haber sido compañero del profesorado del Liceo de Antimano junto a Palmenio García y mostrando sus bocetos del viejo mural del paseo del silencio, «El Mito de Amalivaca», tiempos del general Marcos Pérez Jiménez, cuando Oswaldo Guayasamin cruzó aquella Caracas donde el grito social desafiaba la dictadura y Rengifo venia de regreso de Francia desde André Lothe y más de Chile donde compartió con nuestro tovareño: Elbano Méndez Osuna… Así fue este momento de cada pertenecía de las almas, de saberes en los maestros del Círculo de Bellas Artes donde Armando Reverón pronunció los aromas de la idea postimpresionista para definir las academias y Rengifo hablar del verso de Fernando Paz Castillo y describir desde Centeno Vallenilla en los «Angelitos Negros» de Andrés Eloy Blanco hasta de contarnos cómo era el pintor de Macuto. Siendo majestuoso escuchar del insigne señor del realismo en los testimonios del hombre de las locuras, compañero de Nicolás Fedirnandot… Mientras Doña Ángela Carrillo nos servía té, traído de Cuernavaca. Recordó el muralista las nieves andinas de Mérida, donde fue director de Cultura de la Universidad de Los Andes, hablando de su amigo cronista y poeta Julio Villamizar entre los libros de la ciudad, donde Fedirnan Bellerman, el botánico de Humboldt, le describe a su mujer en Berlín, en una carta, como en las figuras de la sierra, parecieran en sus crestas cinco águilas blancas remontando al cielo… Lectura de 1845 quien muy de años Don Tulio Febres Cordero convirtió en un mito sagrado. Lo dijo el dramaturgo de «Manuelote» o de «Una espiga sembrada en Carabobo» y entre lienzos y rostros del pueblo se afirmaron los recuerdos… Pasaron los años; yo aprendí a entender las lógicas y la filosofía del arte, tanto de aquella España republicana con Guernika de Picasso como del alba de llegar a Europa de museos y escuelas. Hacer mis «Gritos de América» y llevarlos a lo alto de Montjui donde era la logia de Joan Miró… Ayer recordé la casa del «Negro Primero» en Prados del Este, entre las fuerzas de la escuela de San Jorge de México, como de las visiones francesas de la alborada de los colores de Eugenio Delacroix en «La Libertad guiando al Pueblo», obra del romántico francés inspirado en la mujer levantando la bandera en Flora Triztan, la hija de Bolívar… Hoy aniversario del Mural del Silencio, muy en las antesalas de las Torres del Arq. Cipriano Domínguez, entre el aflorar de estas remembranzas, con los dibujos eternos, el color de la luz en los amaneceres y el temple sonoro de los mosaicos de César Rengifo para invocar a nuestros originarios. Allí, en lo eterno junto a la promesa de los testimonios del arte en el realismo social… ¡Para que de amor viva la patria!… Y de esperanza las voces del pueblo canten con el mundo de la verdad y la Paz… para enaltecer la historia del pintor con el clamor más humano. Entre 1955 y 1956 realizó el vasto mural en mosaico «Amalivaca», que narra el mito caribe de la creación del mundo y el cual se halla en la plaza Diego Ibarra, en Caracas. En las Torres del Silencio… En los 70 años de «Amalivaca» con lozas y piedras de un canto del amor por América desde haberlo iniciado un 5 de abril de 1955. En un tiempo eterno de los ideales inmensos del más digno muralista de Venezuela.

 *Artista Nacional. *Cronista de La Grita. * Maestro Honorario. *Doctor en Arte.

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