ARISTÓBULO AL BATE!

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La designación del Profesor Aristóbulo Isturiz como nuevo Ministro del Poder
Popular para la Educación, anunciada en la semana que termina, resultó polémica
como todo en estos tiempos de revolución. Los sectores afectos al proceso
bolivariano celebraron de manera casi unánime la designación, mientras que del
lado de la oposición, sobre todo los representantes gremiales, señalan como
inconveniente el carácter inflexible de sus decisiones y directrices.
El nuevo ministro no es un novato en el cargo, por cuanto ya lo ejerció entre 2002
y 2007 durante la gestión del Presidente Chávez. También ha cumplido diversas
responsabilidades en la gestión de gobierno y la contienda política, lo cual lo
valora como un personaje de amplia trayectoria y experiencia. Habría que sumar a
ello su muy larga actuación como dirigente de los gremios educacionales, desde
los cuales libró batallas importantes en la reivindicación de sus justas
aspiraciones. Vale rescatar estas bondades porque le espera una dura tarea al
frente del ministerio, menos por las condiciones laborales de los trabajadores de la
educación quienes han logrado importantes conquistas tanto en lo económico y
social como en la formación permanente, que lo correspondiente a la urgente
transformación del modelo educativo actual, dramáticamente agotado sin
posibilidades de nuevos barnices y maquillajes.
El sistema educativo venezolano entró, supuestamente, en un proceso de
transformación a razón de la puesta en vigencia de procesos de reforma primero
en la educación primaria y desde el año escolar anterior, también en la educación
secundaria y técnica. Digo supuestamente, porque si bien en los decretos,
resoluciones y demás todo está en orden y viene cumpliéndose al día, en la
realidad cotidiana de la escuela no hay nada que pueda valorarse como
innovación o transformación. Tenemos en lo pedagógico una práctica pedagógica
que ata girones de escuela transmisiva con conductismo trasnochado y
manifiestos constructivistas, todo enmadejado en planificaciones inútiles y
prácticas de aula sencillamente fatigantes.
El proceso revolucionario tiene una gran deuda con el país en materia educativa.
Si bien se han logrado metas importantes y destacables fundamentalmente
cuantitativas, como la ampliación de la matrícula a niveles que muestran la
escolaridad universal en la primaria y muy alta en la inicial y la secundaria, la
situación cualitativa no ha marchado al mismo paso, básicamente porque se ha
perdido mucho tiempo en tratar de retocar el modelo agotado, en una suerte de
gatopardismo tonto de intentar cambiar para que nada cambie. El gobierno

bolivariano debe saber, como lo sabe Aristóbulo, que no hay revolución sólida con
una educación deficiente. De allí la necesidad de impulsar un plan serio y con
fuerza de transformación a fondo del modelo educativo existente, que toque los
cimientos, las nociones fundantes de aprendizaje, enseñanza y todas las que de
ellas se derivan y se lance a la conquista de un modelo libertario, liberador,
formador de hombres y mujeres para un mundo nuevo, asentado “sobre el
fundamento verdadero de la felicidad: la educación”, como lo entendió y estableció
Bolívar. Aristóbulo parece tener las condiciones que esa empresa exige y posee el
liderazgo para motivar a los docentes a intentarlo. Se trata de un grandeliga en
funciones ministeriales. Ojalá podamos ver por lo menos la puesta en marcha de
ese proceso transformador, lo cual no es cualquier cosa.
A última hora, mientras intentaba cerrar este escrito, oigo que el Presidente le
encarga también al ministro Isturiz, la responsabilidad de dirigir todas las misiones
sociales. De manera que, ahora no se si dispondrá del tiempo suficiente para
responder al reto que comentábamos anteriormente.

 

Gustavo Villamizar D.