Opinión

¿Bailamos?

13 de diciembre de 2024

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Porfirio Parada

Porfirio Parada

Puedo pensar que el primer baile fue el de las miradas. Distinguir los nuevos ojos entre muchos. Aunque poco nos observamos en ese momento, bastante fue la emoción y el pecho entrecortado. Nos despedimos entre una puerta, nos cerraron la puerta, pero encontré en tu mirada, ya en la despedida sin adiós, un breve fuego nocturno. Luego semanas después sí llegó el primer acto de baile sin mucha presentación. Tú me dijiste entre el sonido del local nocturno para bailar los dos, dije que sí de una, aunque la invitación debería ser al revés, nos acercamos, y empezamos a bailar, al principio bailamos recién conocidos, encontrando los pies y algunas vueltas, yo con toda la emoción y con algo de nervios en las piernas.

Antes de ese baile, semanas y semanas, varios días atrás hemos hablado de música. Ha existido en nuestra cercanía un mapa musical, de artistas, épocas, géneros, pero también un mapa de la geografía donde hemos bailado cada uno por separado y ya los dos. Somos de diferentes tierras, pero cercanas y con un gran vínculo entre las dos. Por supuesto, es un mapa no acabado, con fechas exactas, inexactas, con historias, anécdotas, breves bailes, bailes de horas, invitaciones, bailes espontáneos, también te he visto bailar brevemente con otras personas, para luego seguir conversando y escuchando música. Te he confesado que cuando veo tu cuerpo y tu belleza antes de bailar, ya en la pista de baile, me provoca una gran admiración, deleite, y fuertes emociones.

Ambos tenemos nuestro historial en el baile, de la vida, y los años. Cada quien ha aprendido a bailar bailando con otras parejas fugaces y otras más sentidas. Desde la secundaria, luego en la universidad, en lugares, diferentes ciudades y pueblos, entre familia. También hemos conversado de música y baile con otras personas, las agrupaciones, conjuntos, solistas, empiezan a salir el nombre de las canciones, el estilo musical, los años. Entre la música que hemos hablado y bailado esta la salsa, el merengue, ritmos caribeños, tropicales, hemos bailado y hablado sobre vallenato, reguetón, música electrónica, la música pachanguera, que fusiona ritmos de salsa y cumbia, de merengues con lambada (me explicaste sobre la lambada ese ritmo proveniente de Brasil), del reguetón con la música electrónica. Hemos hablado y bailado en público, de manera casera, locales nocturnos, espacios públicos, de día y en la noche, con música de fondo y con melodías mentales mientras se habla.

Hemos bailado algo de Ska, música de ritmo rápido, ese movimiento que se levantan las piernas y los brazos, tu bailabas y te movías de esa manera en conciertos, con el parche del momento, con una gran cantidad de gente alrededor, con ese lenguaje de los rockeros, de rebeldía que ofrece la libertad, la música y el momento. También me cuentas de lo heavy de la música que has escuchado, por momentos las extrañas y algunas veces la sigues escuchando. Eres de esas personas que estudias escuchando música clásica, en reposo, la otra vez te pude ver. Con el metal me comentabas, que hace años, movías la cabeza en círculos, con ese hermoso y largo cabello negro, vestida de negro, eran otros tiempos. Lo mío ha sido el rock de diferentes géneros, me ha gustado también la salsa y el merengue, por muchos años me marcó la música electrónica, la música llanera, aunque se muy poca de ella, hay autores que te marcan la vida, o quizás una época. La cumbia es arrechísima.

Conoces el ambiente de escuchar y bailar boleros. Sitios donde suena pura esa música. Conoces el bolero cubano desde la raíz. Conoces esas mezclas caribeñas de la música, cantas, bailas y sientes sus canciones. Cuando suena una canción que sabes y te gusta mueves una de sus manos, la cierra como un puño en forma de micrófono, y haces que cantas entre frunciendo el ceño y sonriendo, como si de verdad cantaras con el corazón, pero en silencio, moviendo los labios. Se ha familiarizado con la rocola, con algunos festivales y escenarios, y hasta con una que otra cantina de paso, pero la música ha estado en su ser por la mayoría de sus años. Te gusta escuchar música con alto volumen cuando haces comida, la radio también está inmersa en tu lenguaje musical y baile.

El segundo baile, por así decirlo, ha sido del descubrimiento de nuestros cuerpos bailando. Ya escribí anteriormente que me impactas mucho antes del baile, como si una fuerza invisible viene y me tocara el cuerpo y la mente con solo verte, tus ojos por bellos que son me desorbitan la realidad, el espacio, el momento, me he confundido bailando las primeras veces, con poco ritmo, ni sincronía, algunas veces, por momentos, todavía me sigo confundiendo, te he pisado los pies. Cuando recuerdo y reconozco que decidiste tomar mi mano para bailar juntos se me olvida el enredo y el lapsus, se me olvida algunos temores, levanto la cara y te veo hermosa, me regalas una sonrisa y justo ahí te sujeto, tú me agarras de un costado de la camisa como jalándome sin jalarme, y empezamos nuevamente a bailar. Nos miramos y vuelves a dibujar otra hermosa sonrisa. Agarramos el ritmo. Mi pecho se aprieta al ver tu figura y movimientos, me concentro en no volver a tropezar los pies, me libero y siento una muy buena energía en nuestra unión, al son que nos tocó bailar.

Aunque bailas muy bien, bailando mejor que yo, en uno de nuestros bailes, me pediste para enseñarte a bailar reguetón. Me reí porque no podía creer la invitación. Te dije que eres muy buena bailando y que no había necesidad de enseñarte nada, sin embargo, volviste a insistir, me volví a reír incrédulo, y la verdad, bailo lo normal esa música, lo típico, aunque acepto que me gusta bailarla, por disfrutar, joder un rato, por escape de la rutina de la vida, bailé mucho reguetón en mi juventud. Nos reímos mucho, cuando en varias veces, llegamos hasta abajo o intentando llegar hasta abajo. Bailamos riéndonos, bailamos como pareja recién enamorada, el sandungueo o el perreo era una realidad, entonces también bailamos con la mejor actitud, mirándonos con sabrosura y deseo, mientras se caían gotas de sudor de mi frente agitada por el calor y el roce de los cuerpos. Te besé la frente entre el sudor, me di cuenta que también estabas sudada.

Hay varios pasos que sabemos los dos, y lo hacemos, hay movimientos que haces y voy descubriendo como bailarlos. Un día bailamos tambores solo por un rato, otro día me enseñaste como bailar vallenato lento y pegado, otro día bailamos en la sala una música suave caribeña, con el sonido sutil del tambor como reposo de una noche playera en movimiento, cuando nos dimos cuenta vimos que teníamos el ritmo ambos y estábamos tan unidos que no nos dimos cuenta de la unión hasta que terminó la canción. Nos miramos y nos sonreímos sin palabras. Y faltan bailes, que vengan muchos más, en otros lugares, repitiendo el mismo sitio, con otros motivos y celebraciones, con la sana intención de celebrar la vida y disfrutarla porque no tenemos dos. Tengo que soltarme más porque desde mi infancia he tenido movimientos y posturas rígidas.

No somos de la misma patria, aunque en gran parte nos une la música. Con nuestro acercamiento me doy cuenta que no existen fronteras cuando se quiere. ¿Cómo será la vida sin bailar? ¿Cómo será la vida sin la música? Es fuerte cuando se admira a alguien desde el baile, desde el movimiento de su cuerpo con el ritmo de la melodía. Es fuerte pero también es excitante y libera, se reafirma la vitalidad de vivir, de reconocer la belleza femenina, de disfrutar del viaje de la existencia. Tengo la fortuna de vivir, de seguir viviendo a pesar de lo malo, de los contrastes, y tengo la dicha de verte reír cuando me dices entre el sonido: “¿bailamos?”

Lic. Comunicación Social 
Locutor de La Nación Radio

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