Congreso de Valencia de 1826

57

A partir de la aprobación de la Constitución de Cúcuta en 1821 se estableció la división territorial de la Gran Colombia en Departamentos. El de Venezuela era gobernado por un intendente sujeto al presidente de la República en Bogotá. En octubre de 1821 es nombrado jefe superior militar y civil el general Carlos Soublette y el general José Antonio Páez designado comandante militar del Departamento de Venezuela. La existencia de los dos cargos a la vez: un jefe superior en calidad de provisional y por autorización del congreso y los intendentes por ser de carácter constitucionales, traían con frecuencia interferencia en las facultades desempeñadas.

El general Páez quien ostentaba una personalidad con forma de caudillo llanero se sentía relegado y desmejorado en sus funciones. En Bogotá desempeñaba el cargo de presidente de la República, el general Francisco de Paula Santander, por hallarse El Libertador Simón Bolívar en la campaña de los pueblos del Sur. El jefe neogranadino quería todo el poder para él, lo cual trajo choques, ojerizas y serios problemas, especialmente con los venezolanos. Mientras Simón Bolívar luchaba en el Perú y Bolivia, en Bogotá se crearon los partidos santanderistas fieles al vicepresidente Santander y bolivaristas simpatizantes de El Libertador. En Caracas aparecieron los paecistas, creyentes del líder llanero y bolivaristas simpatizantes del Padre de la Patria. A partir de 1821 se consolidó un grupo de la clase política venezolana opuesto al Gobierno Central de Bogotá. El mismo pidió la reforma de la Constitución de Cúcuta. La tenacidad de la exigencia llevó al extremo  que en 1826 se produjo una revolución separatista.

Como consecuencia de lo anterior en diciembre de 1821 y enero de 1822 la Municipalidad de Caracas protesta la Constitución de Cúcuta, por considerarla contraria a los intereses de Venezuela. En 1826 la Municipalidad de Caracas acusó a José Antonio Páez ante la Cámara de Representantes de Bogotá por el incumplimiento de una ley de alistamiento militar.

El general Páez fue suspendido del cargo de comandante militar. El Dr. Miguel Peña, relevado del cargo como ministro de la Alta Corte de Justicia, fue consejero de Páez en la rebelión contra el poder central de Bogotá. Ante las posturas de los dos personajes destituidos se produjo una pulsación y conmoción de la opinión pública nacional, la que originó la intervención de la Municipalidad valenciana.

Luego de tumultos en la población llevados a cabo por facciosos amigos de José Antonio Páez, la Municipalidad de Valencia se reúne de nuevo tumultuariamente el 30 de abril de ese año y decide desconocer la autoridad del Congreso y del Gobierno de la Gran Colombia. Adopta como medida nombrar a Páez en el mando, aceptándolo de inmediato y consumó como líder un acto revolucionario que dio al traste con el sueño de Simón Bolívar de consolidar una gran república. Frente a la actitud rebelde del llanero, Fernando Peñalver, gobernador civil de la provincia fue incapaz de evitar los acontecimientos y se vio precisado en seguir los pasos de los revoltosos. Estos sucesos violaron el orden constitucional y dio el comienzo hacia la disolución definitiva de la Gran Colombia.

El Libertador al conocer las noticias decide regresar urgente a su patria. El 31 de diciembre de 1826 arriba a Puerto Cabello. El general Páez quiere oponerse a la entrada del líder de América al país. Sin embargo, Bolívar con suma prudencia logra calmar los ánimos revolucionarios. Para poner orden El Libertador asume mediante decreto el mando Supremo de los Departamentos en que se dividía el territorio venezolano. El general Páez se somete y El Libertador lo nombra para ejercer el cargo civil y militar. Ambos jefes se encuentran el 4 de enero de 1827, van juntos a Caracas. Así concluye la amenaza de guerra civil que había para entonces. Al conmemorarse el 6 de mayo el Congreso de Valencia, repasamos una de tantas dificultades que soportó nuestro Libertador Simón Bolívar para darnos la independencia de la otrora colonia española y dejarnos un gran legado de libertad y democracia.  (Alejo García S)