sábado 26 septiembre, 2020
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…consenso y disenso (II)

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Julieta Cantos


Tal como prometí, hoy continuaremos con la segunda parte de los comentarios a mi artículo de hace dos semanas, del arquitecto Enrique Vila, sobre el sentido común. Para poder compartir, aunque sea una vez cada dos meses, con mis lectores sus opiniones y/o comentarios, los mismos no deben tener una extensión mayor de un cuarto de cuartilla.

“Ahora te expondré las puntualizaciones para una futura Filosofía hegemónica liberadora, que sirva de marco de referencia para mi comentario sobre tu cita y lo que quisiera contribuir a cambiar en nuestra sociedad:

La Cultura está conformada por cuatro grandes campos: el Campo de las Artes; el Campo de las Humanidades; el Campo de las Ciencias y el Campo de las Tecnologías. Cada campo (uso este término basado en Juan David García Bacca) es relativamente autónomo de los otros, porque cada uno está bien demarcado. Obviamente, ninguno subsiste ni se desarrolla sin aportes y apoyos de los otros. Este pequeño gráfico muestra los cuatro campos, cada uno detonado por ‘Amor a…’, destacando que las ‘Ciencias’ son ‘Episteme’, y las ‘Tecnologías’ son ‘Techne’, y que los 4 campos se nutren entre sí, respetando sus respectivas demarcaciones.

Ahora establezco otro término común a todos: los trabajos en cada campo se realizan, grupal y/o individualmente a través de ‘Proyectos’ (= proyectar, proyector, proyectil = ‘Echar adelante’). Así tenemos: Proyectos artísticos; Proyectos humanísticos; Proyectos científicos y Proyectos tecnológicos.

Para efectos de esta exposición, me referiré a 2 de esos 4 campos: las ciencias y las tecnologías.

El Campo de las Ciencias se caracteriza por dos tipos diferentes, pero muy interrelacionados, de actividades: por un lado, ‘Investigar’ (pura, básica y aplicada); y, por el otro, ‘Construir o inventar teorías’. La investigación científica puede ser ‘normal’ (= confirmar la teoría que le sirve de base), o ‘revolucionaria’ (= afrontar las anomalías acumuladas, para eventualmente plantear otra teoría). Ver Thomas Kuhn, “La estructura de las revoluciones científicas”. Es buscar la certidumbre factual de un aspecto cualquiera en un mundo incierto. Pensemos el siguiente dicho: “Si la apariencia fuera la esencia, no haría falta la ciencia”.

Las ciencias, entonces, se limitan a ‘conocer hechos’-es el Logos, sobre una realidad (pasada y presente; también llamada ‘Situación existente’) y, partiendo de ese conocimiento se aventura, aunque no siempre, a ‘predecir’ (anticipar, prever, conjeturar… hechos eventuales posibles). Si la realidad posterior niega la predicción, no necesariamente invalida la teoría de la cual se derivó. Invalida, en todo caso, los criterios usados para esa predicción que no sucedió.

El Campo de las Tecnologías se caracteriza por un conjunto secuencial de grandes actividades-etapas, conformando lo que se llama “Ciclo de Vida” de un bien (= cosa, objeto, artefacto). La secuencia sistemática de estas etapas es:

a) ‘Planificar/Diseñar’ (P/D) (invención de un Plan de Acción para obtener un nuevo bien); y, su ejecución, si tiene éxito, produce innovación en una, varias o todas las siguientes etapas:

b) ‘Producir’ el bien (ejecutar el plan en su fase de ‘hacerlo realidad’);

c) ‘Distribuir/Intercambiar’ el bien (ejecutar el plan en cuanto a hacerlo llegar a su destino);

d) ‘Consumir’ el bien (ejecutar el plan en cuanto a su uso, mantenimiento y reparación); y, finalmente,

e) ‘Disponer del desecho’ del bien (ejecutar el plan en cuanto a reciclar, o destruir, ese desecho).

Las tecnologías se concentran en crear un nuevo bien (tangible y/o intangible, físico y/o social…) para transformar una realidad (pasar de una ‘Situación existente–Hechos’ a una ‘Situación deseada–Valores’) a través de mecanismos instrumentales concretos. Las tecnologías son un mundo propositivo-es el Nomos (= normas, lo que se quiere que sea normal, la nueva-normalidad, normalización…).

Entonces, tenemos, por un lado, Ciencias-Logos y, por el otro, Tecnologías-Nomos.

La modernidad ha traído un proceso histórico de interrelación cada vez mayor, de gran interdependencia, entre ambos campos: el desarrollo de las ciencias requiere uso de tecnologías y, a su vez, la creación de nuevos bienes tecnológicos (de cualquier uso, sea social, de la vida cotidiana, infraestructural, económico, político, educativo…  incluso religioso) utiliza y requiere de cada vez mayor conocimiento científico PERTINENTE.

De allí viene el planteamiento: “Todo Logos tiene su Nomos  y viceversa”.

Es bueno aclarar un aspecto crucial buscando responder la siguiente pregunta: ¿de dónde vienen los ‘Valores—para formular la Situación deseada’? Cuando cada lector se haga esta pregunta sobre cuáles son y de dónde han venido los Valores que sustenta y le permiten evaluar su mundo, caeremos en cuenta entre todxs que: a) coincidimos en un grupo de valores y discrepamos en otros: un ‘sentido común’ que bien puede ser incoherente, fragmentado…  hasta conflictivo; b) los valores de cada quien moldean y, a veces, se ‘atropellan’ en las respectivas cotidianidades; c) cualquier sociedad, para poder avanzar propositiva y positivamente requiere que la mayoría de su población coincida con un conjunto básico de valores, sepa cómo traducirlos en acciones individuales y conjuntas coherentemente, así como disponga de los mecanismos funcionales de evaluar los resultados y hacer que, quienes son responsables públicamente de decisiones claves, asuman la responsabilidad de saber ver, oír y actuar consecuentemente. Esto es el meollo de la democracia participativa, asunto hoy día bajo cuestionamiento en todo el mundo pandemizado, con EE.UU. a la cabeza…  o pies.

Entonces, cabe preguntarnos:

¿Por qué el auge inicial de la Sociología y la Antropología, como disciplinas científicas, que aportaron C-F—Hechos sobre una o varias realidades concretas, pasaron a un segundo plano, y no se supo ‘traducir’ ese C-F—Hechos a acciones valorativas-propositivas de transformación?

Desde esta nueva teoría de la Cultura y las respectivas autonomías de sus cuatro campos, las Ciencias sociales el logos, de la Sociología y Antropologías carecieron —y todavía carecen— de sus respectivas profesiones-nomos tecnológicas. Es decir: si tenemos la disciplina científica de la Sociología, entonces tiene que haber una profesión llamada Socionomía; si tenemos, a su vez, una Antropología, entonces tiene que haber una Antroponomía. Pero si estas respectivas ‘nomíasprofesionales no existen, ni siquiera académicamente, no podemos esperar que los C-F—Hechos se conviertan, de la noche a la mañana, en Planes de acción tecnológicos transformadores. Si no hay profesionales bien formados en las Tecnologías Socionómicas y Antroponómicas; entonces, no sucederán las transformaciones que podamos desear, al menos basadas en conocimientos tecnológicos y experiencias sistemáticas transformadoras.

Tenemos un caso de logos—nomos: la Agrología y la Agronomía. Pero, en este mundo del capitalismo neoliberal en el que se enfatiza en el exabrupto de que la profesión-nomos de la Economía es una ciencia; y, para colmo, surgió luego la expresión disciplinar-logos de la Ecología que no es la ciencia de la Economía, nos encontramos además con un problema lingüístico. Son diferentes y tratan asuntos y escalas diferentes, aunque obviamente están relacionadas: “Todo está en todo”. Entonces, ¿qué hacer? A falta de una mejor terminología (¿terminonomía?), he propuesto: para el nomos Economía, su logos Econología. Para el logos Ecología, su nomos Ecolonomía. Suficiente enredo por ahora… pero un enredo que va hacia el meollo de tu artículo: quiénes asumen la prudencia tecno-cognitiva en los proyectos de planificación/diseño, y su democratización con la participación popular.

Conclusión: más que fracaso, lo que ha habido es insuficiencia…   de los nomos profesionales y su divulgación a todo lo largo del sistema educativo formal. Mientras nos aferremos al cientificismo y consideremos que la tecnología es un área de la ciencia y, para colmo, que podemos “planificar/diseñar científicamente”, seguiremos esperando por esa supuesta sabiduría científica que algún día nos llegará a [email protected] para planificar/diseñar con certidumbre.

Soy de la posición de que todo el mundo puede y debe planificar/diseñar, pero para hacerlo democráticamente con la participación popular, es necesario comenzar con cambiar el paradigma vigente del cientificismo.

Un abrazo (perdona lo largo)

Enrique.