Cronistas

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La vida de la crónica se inicia, según sostienen los especialistas,  hace más de seis mil años en la civilización Sumeria, asentada en el sur de Mesopotamia, entre los hitos fluviales del Eufrates y el Tigris, en tierras actuales de Irak, Siria y Turquía. Es un género literario que cuenta la historia detallada de un país o región, de una localidad, una época,  un hombre, una mujer, un colectivo, o de un acontecimiento, relatada por un testigo ocular o por un contemporáneo que registra, habitualmente en orden cronológico, los pormenores de lo que ha visto o le han transmitido. La palabra crónica procede del griego kronos, alusiva al dios Cronos, significa  tiempo, por lo que su relato se organiza en función de él, ubicando las incidencias y detalles a partir de un orden temporal. Fue un género floreciente en la edad media y posteriormente, durante la conquista americana,  fueron muy importantes los llamados “Cronistas de Indias”, por su tarea de contarle al viejo mundo las sorpresas que a cada momento ofrecían las desconocidas tierras y civilizaciones ancestrales de América. Con el inicio del periodismo y más del diarismo, este género comenzó a utilizarse en el trabajo de la prensa y se asoció a ella de tal manera que se convirtió también en un formato periodístico. No obstante denominarse de igual manera, la crónica histórica, la literaria y la periodística, tienen sus características particulares, pero en todas se destaca el hecho de ser un relato desarrollado en secuencia temporal.

Todo este introito viene a propósito de la culminación en San Cristóbal, del Primer Diplomado de Cronistas Comunales, avalado por el Centro Nacional de Historia y la Red de Historia, Memoria y Patrimonio. La idea la planteó el poeta Antonio Trujillo, en ocasión de visitar la ciudad para presentar su libro “Malvasía”. El Diplomado se  desarrolló en los espacios siempre disponibles para eventos relevantes de la región  de la Librería Sin Límite, bajo la coordinación de Julieta Cantos y un grupo de tachirenses como docentes. La dinámica se cumplió con un elemento muy especial: los docentes contactados aceptaron participar, pero también deseaban, cursar el Diplomado, lo cual permitió una experiencia pedagógica definitivamente novedosa. Al comparecer lo participantes y los docentes en todas las jornadas para el cumplimiento del programa y los contenidos a desarrollar, se logró la conformación de una comunidad de saberes que abrió las posibilidades al aprendizaje cooperativo y la experimentación con la inteligencia colectiva, como vía para avanzar en el logro de saberes y asignaciones, situación bien distante del almidón tradicional de nuestra academia.

Fueron 6 meses y más de 20 sesiones de trabajo, abordando temas relativos a los primeros pobladores de la América y el Táchira; la concepción, definición   y uso de la crónica, la historia y la crónica, los petroglifos, la escritura cuneiforme y su decodificación; la oralidad en la cultura americana, la oralidad y la literatura, la oralidad en la cultura tachirense, la transcripción de la oralidad; la historia política y simbológica del Táchira, historia de los medios de comunicación del Táchira y técnicas de registro oral y de video. Y otros muchos que surgieron de las intervenciones, los comentarios, las disidencias y los acuerdos, los ejercicios y asignaciones, las evaluaciones auto y colectivas. De manera que en ese tiempo que pareció breve, se pudo armar un grupo de trabajo por demás valioso, dispuesto a  insistir en la búsqueda y difusión de la “historia pequeña”, la de la gente, de las casas, las ruinas, plazas, fincas y montañas, la de hechos o sucesos en apariencia intrascendente por su sencillez o la de los protagonistas, ese que es el relato del nosotros que ha cifrado su impronta en la cultura (Gustavo Villamizar D.)