miércoles 6 julio, 2022
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Día del Educador

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José de la Cruz García Mora
Este sábado, 15 de enero, se celebra en Venezuela el Día del Maestro. La ocasión se presta para el análisis o la reflexión sobre
diversos vértices de la educación nacional. Uno de los temas se
relaciona con las condiciones en que se ejerce la profesión en medio de la pandemia y la situación país. Usualmente, el día se destina a exaltar la labor de quienes asumen la tarea de formar las
generaciones. Pero, también, para canalizar las inquietudes de uno de los sectores más golpeados por la crisis global de la nación. El maestro es el arquitecto del futuro de los pueblos. Pero su
desempeño profesional está disminuido por la menguada retribución salarial, el deterioro de las instalaciones educativas, la dificultad
para el retorno a las clases presenciales y la precariedad en las
condiciones de vida de la sociedad. La deserción profesional
impacta sobre la calidad de la enseñanza-aprendizaje, mientras los padres y estudiantes esperan consolidar la trayectoria educativa de los niños y jóvenes en la coyuntura actual.
El origen histórico del día del educador en Venezuela está
ligado al procedo de reivindicación del magisterio. Pero esa fuerza se ha perdido en los tiempos actuales. Aquella capacidad de lucha está en mengua desde hace varias décadas. La vanguardia sindical perdió el sentido del liderazgo y la representatividad colectiva. El sector educativo es muy numeroso desde el punto de vista
cuantitativo. Pero no tiene músculo cualitativo para trasmitir el
sentimiento telúrico de los agremiados, ni para invocar el espíritu de la
organización en sus fases iniciales. Hoy día el sector educativo
requiere una voz potente, no solo para exigir las reivindicaciones profesionales, sino para construir un movimiento sólido, dispuesto a protagonizar la transformación del magisterio en un bloque clave
para el consenso social y la reivindicación gremial. El movimiento magisterial está llamado a asumir papeles de vanguardia y liderazgo en la construcción de un destino para el país. Tal es el propósito
superior de la educación. En ese reto están comprometidos los
hombres y mujeres que siembran surcos de esperanza en el corazón de los venezolanos.
El día del maestro abre las compuertas para los discursos
formales en las festividades públicas, o para los reclamos de ocasión en los medios de comunicación y las redes sociales. Incluso, para la celebración particular o institucional en los respectivos planteles. Pero también es una jornada para cultivar el compromiso con la
sociedad y con la vida misma. El mundo ve en la educación una
salida a los problemas más graves de la humanidad. Pero esa calidad educativa se ve comprometida cuando no existen condiciones
suficientes para cumplir con la misión encomendada por los actores sociales. Aun así, vale la pena reconocer a quienes asumen el
magisterio como un apostolado, porque demuestran el talante y el compromiso como constructores del porvenir. Las nuevas
generaciones no pueden
esperar. Los niños y jóvenes están ahí, en las escuelas, liceos y
colegios, esperando por un guía que se capaz de entregarse en
espíritu y voluntad a la notable tarea de enseñar. Finalmente, el
reconocimiento a quienes han contribuido a encender una luz en medio de la obscuridad, o a cultivar la esperanza en medio de la
dificultad. El maestro es un cultor del optimismo colectivo. [email protected]
José de la Cruz García Mora
C.I.V.- 9.128.178

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