Día Mundial del Urbanismo

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Desde los primeros pueblos de la Antigüedad, el urbanismo constituyó una teoría y sistema complejo, dedicado a los estudios de la ciudad. Con el tiempo se transformó en una disciplina contentiva de varios conocimientos esenciales para el diseño, construcción y conservación de las urbes. Además, se relacionaba con el estudio de los vínculos socioeconómico-ambientales de la situación urbana; hoy en día es estudiada por unos cuantos profesionales como: arquitectos, ingenieros, geógrafos, economistas, sociólogos y principalmente, de manera exclusiva, por los expertos en la materia: los urbanistas. Sobre la acepción del término urbanismo, aparece como “conjunto de conocimientos que se refieren al estudio de la creación, desarrollo, reforma y progreso de los poblados en orden a las necesidades de la vida urbana”. Desde un principio, la palabra urbanismo estuvo relacionada con la ordenación urbana. Luego que el fenómeno constructivo y edificatorio sobrepasa el espacio urbano, ha sido desplazado por el de ordenamiento territorial, más comúnmente en suelos extraurbanos, donde intervienen una serie de intereses, emanados de organismos públicos tales como: defensa nacional, protección del medio ambiente, construcción y mantenimiento de carreteras y algunas infraestructuras.
Entre los primeros urbanistas se hallan: Hipodamo de Mileto (510 a.C), de Grecia, considerado como el primer urbanista de la historia. Su proyecto consistió en el plan urbanístico de El Pireo, en Atenas. En Roma, el emperador Nerón se comportó como un urbanista al ocurrir el incendio de Roma en el año 64 a.C., mandó a reconstruir la ciudad, al ordenar un plan diferente del trazado original de la urbe azotada por las llamas. Felipe II de España, entre 1554-1598, a través de leyes de Indias, construyó unas cuantas metrópolis en el Nuevo Mundo. En el siglo XV, en la totalidad de Europa se fundan muchas ciudades. El barón Haussmann nació en París en 1809, diseñó un proyecto de la renovación de París. El arquitecto austriaco, Camilo Sitte (1843-1903), aportó unas cuantas teorías al urbanismo. Fue uno de los más sobresalientes profesionales de la Escuela Urbana de Viena. Otro de los más destacados urbanistas fue Otto Wagner (1841-1818), arquitecto austriaco, quien creó diseños renacentistas.
Por iniciativa del Instituto Superior de Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, en 1949, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) establece el 8 de noviembre el Día Mundial del Urbanismo, como una iniciativa para recordar la fecha donde se rememorara las medidas a emplear para conseguir unos cuantos beneficios de las comunidades: incremento de parques y zonas de esparcimiento, remodelación de áreas especiales para la ciudadanía, conclusión de obras de desarrollo urbano, descongestión de zonas superpobladas, la disminución de la contaminación del aire y del agua. Esta efeméride es el comienzo de diferentes propósitos para lograr un desarrollo urbano sostenible. La propuesta partió del ingeniero argentino Carlos María Della Paolera.
Para el diseño de una ciudad, se tomaron en cuenta y se decide sobre una mezcla de culturas ideológicas. De ahí que la relación entre ciudad y paisaje ha producido una variedad de espacios públicos con modelos naturales para el uso ciudadano. Por eso se sostiene que el urbanismo es un fenómeno sintético de estructura sobre el suelo, lo cual exige orden y exactitud y así integrar a la arquitectura con su ámbito natural.
A raíz de la iniciativa del Ing. Carlos Della Paolera, del 8 de noviembre de 1949, “convocando al mundo a un día para la discusión del urbanismo”, con la finalidad de comenzar a esmerarse para pensar en la planificación de las ciudades constantemente. Por tal motivo, desde esa fecha se celebra el Día Mundial del Urbanismo en diversos países. Dentro de la invitación expresó: “La ciencia urbanística ha puesto plenamente en evidencia que la utilización en la ciudad de los más maravillosos e inesperados recursos de la técnica no debe ni puede excluir el aprovechamiento intensivo de los elementos naturales. La ciudad, como el árbol, no puede desligarse de la tierra que la sustenta (…). El progreso urbano no consiste en invadir ciegamente los terrenos con la edificación, sino edificar conscientemente donde corresponde, después de haber asegurado la formación y conservación del espacio en que debe dominar la naturaleza. Facilitando la entrada del aire puro y del sol vivificante al interior de las viviendas y de los barrios que se crean. Permitir que las viviendas de los seres humanos se amontonen desorganizadamente, en el medio de las impurezas de un aire cargado de humo y gases deletéreos y produzcan así ambientes antihigiénicos y nocivos a la conservación y mejoramiento de la especie, significa incurrir en un anacronismo que contrasta violentamente con el grado de adelanto a que ha llegado la civilización”.
Un buen urbanismo no es una utopía, sino una necesidad imperiosa. Al construir bien las ciudades, preservamos la paz, el bienestar, al disponer de medios para el mutuo entendimiento entre las personas, de una forma de vida donde cada actividad tiene un lugar adecuado. De esta forma, los servicios urbanos, la vivienda y el equipamiento del hábitat, cumplan y satisfagan las exigencias de la población, de manera plena y armoniosa para la cotidianidad de la comunidad. Por eso, el urbanismo posee una profunda y amplia importancia para el desarrollo integral y armónico de la humanidad.
Al conmemorarse el 8 de noviembre el Día Mundial del Urbanismo, aboguemos porque tanto las autoridades y los habitantes de las comunidades, como los profesionales de la materia, aunamos esfuerzos para resguardar y proteger los intereses públicos y técnicos de la planificación urbana y promover un bosquejo de comunidades urbanas sostenibles. Un buen urbanismo deviene en una vida mejor para la población…
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(Alejo García S.)