Opinión

Dos artistas colombianos: Andrés Caicedo y Carlos Caicedo 

3 de mayo de 2024

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Porfirio Parada

Y claro que habrá otros nombres de apellido Caicedo en Colombia y en otros países de Latinoamérica tan importantes y tan artistas como estos dos. Pero los dos que conozco o quizás los dos que más he escuchado, leído, lo que el mundo me ha permitido ver, y disfrutar parte de su trabajo, son el escritor y cinéfilo Andrés Caicedo y el fotógrafo y reportero gráfico Carlos Caicedo. Dos hombres importantes y únicos en su estilo, marcando huella en la historia y cultura de Colombia y que por su misma obra han pasado las fronteras y las naciones. Lo releen, lo buscan y lo analizan en distintas partes del mundo. En Colombia reafirman sus legados, con encuentros, lecturas y exposiciones. Políticas culturales para no olvidar.

La influencia de vivir en Venezuela, vecino país, sí marca parte del conocimiento, de los caminos y descubrimientos de estos artistas. Hace ya varios años atrás fui a Bogotá en un plan de vacaciones en diciembre, mientras una de mis hermanas, trabajaba y estudiaba, formándose como chef por allá. Observé la ciudad, las librerías, leía fugazmente algunos autores colombianos, entre el frío y el cielo gris. Antes y después de ese viaje me intercambiaba lecturas de diferentes tipos, curiosidades y anécdotas, documentación planificada, o espontánea, inquieta, desordenada, y me volvía a encontrar con ellos dos, los volvía a leer y reconocer. Su referencia me hizo conocer más sobre ellos.

Andrés Caicedo, nació en Valle del Cauca, Cali en 1951. Vivió a su ritmo y a su intensidad. Se involucró a la cultura y a los movimientos artísticos, estuvo en el mundo del teatro, del cine, de los guiones, de la escritura, de la poesía, de la narrativa, de la creación. Fundó su propia filosofía de vida existencial, le fue leal a su máxima, y se suicidó cumpliendo su palabra escrita a los 25 años. Él decía que luego de los 25 años es comenzar a ser viejo, no quería vivir la vejez. Su libro más leído ¡Qué viva la música! Deja testimonio de su pensar con la vida, con lo joven y lo viejo. Escribe como una especie de manifiesto. Ese libro se convirtió en un clásico en Colombia, lo citan y lo vuelven a citar, escribe sobre el amor, la noche, la mujer, los barrios de Calí, el consumo, la salsa, Los Rolling Stones, Brian Jones.

Carlos Caicedo, de los mejores fotógrafos que he visto en mi vida, también lo leí y vi parte de su obra mientras estuve en Bogotá. Nació en Cáqueza, que pertenece al Departamento de Cundinamarca. De niño por luchas y enfrentamientos políticos viaja con su familia a Bogotá. Si bien Andrés Caicedo era flaco, alto, con cabello largo y con lentes, Carlos Caicedo era todo lo contrario excepto que también usaba lentes. De baja estatura, barrigón, y vestido con sombrero. Son admiradas sus fotografías en blanco y negro, fotografías analógicas, conoció de joven los laboratorios para crear la imagen, el cuarto oscuro. Trabajó en las revistas y periódicos más leídos de la capital colombiana y de todo el país. Sus fotos son instantáneas de la vida, de algunos eventos, de sucesos y tragedias, de competencias deportivas, el ciclismo, son fotografías robadas del momento. Da la sensación que el fotógrafo hacía los movimientos más sutiles, sin ruido, creándose invisible para estar en el momento oportuno sin saber que estaba ahí, fue un maestro en retener el tiempo, en el presente que fue historia. Carlos Caicedo también fue escritor.

Andrés Caicedo amó la música y así lo reflejó en su vida y obra, reflejaba y escribía sobre los conciertos y bailes, el sudor, las parejas ardientes, excitadas en el baile, antes de la rumba y el después. Se dejó llevar tanto por la salsa y el guaguancó, de la música bien buena, que conoció al Cantante de los Cantantes, el mismísimo Héctor Lavoe, en un concierto que el artista puertorriqueño presentó en Colombia. Hay una foto famosa donde sale sonriendo feliz al lado de Héctor. Otra expresión melómana de Caicedo fue cuando entrevistó a uno de los productores de Los Rolling Stones, trabajaba con ellos en los estudios de grabación. El entrevistado se sorprende en plena entrevista por la cultura musical y sobre todo la cercanía de Caicedo con la discografía de Los Rolling Stones. Esa entrevista fue publicada por la revista El Malpensante de Colombia. Caicedo fundó con compañeros y panas el Cine-Club de Cali, y la revista Ojo al Cine. También escribió sobre películas, producciones cinematográficas, directores de cine, incluso asistió a un Festival de Cine y más. Andrés decidió acabar con su vida ingiriendo más de 50 pastillas de Secobarbital. Pude leer su libro ¡Qué viva la música! Lo presté y lo devolvieron, luego lo mojé y las hojas del libro estaban dobladas, luego lo boté, lo perdí.

Una mujer vivía sola en el centro de Bogotá. Anciana, amante de los perros, empezó a vivir con ellos, en soledad y acompañada. Le dio por adoptar a los perros callejeros que veía sin hogar y posiblemente con hambre. Los vecinos empezaron a comentar en silencio la conducta de la mujer. Pero una mañana como otra cualquiera el silencio se acabó y en esa casa se empezó a escuchar ladridos y sonidos de perros de forma desesperada e impactante. Ya el timbre canino era estridente y caótico. La cantidad de perros que se escuchaba era enorme. Tocaron varias veces la puerta para saber que pasaba adentro, pero no hubo respuesta, desesperados, llamaron a las autoridades, policías, entes públicos, entre otros. La noticia en tiempo real la conoce el mejor reportero gráfico para la época, Carlos Caicedo, lo llaman y él llega con su cámara, y se ubica oportunamente en el lugar de los hechos, cuando derriban la puerta, se encuentra con la anciana vestida con harapos de casa, una bata gastada, en el patio central de la casa, muerta en el piso, con el cabello expandido en el suelo y alrededor una cantidad sin fin de perros ofreciendo una especie de vigilia, luto y respeto por ella. Carlos Caicedo toma la foto y con esa imagen gana el Premio Simón Bolívar de ese año, en la categoría mejor fotografía. 

El otro Caicedo, Andrés, también ganó, pero en un concurso de cuentos en Caracas. Hace años atrás en un cine foro que realizaba Bordes en la Librería Sin Límite, ubicada en Barrio Obrero, proyectaron un documental sobre la vida y obra de Andrés Caicedo. Era como la búsqueda de sus pasos por Calí y Colombia, las calles donde él estuvo, los sitios públicos, y lugares donde él participó en diferentes actividades, creando como un mapa donde mostraban sus recorridos. Y es precisamente un mapa mental que anhelo poseer para seguir descubriendo la obra, algunas fechas, los motivos, los recursos, la inspiración, el accionar de estos artistas con su huella imborrable. Tanto la escritura como la fotografía han sido parte importante de mi vida, las llevo como impulso e inspiración. Buscaré más textos de Andrés y más fotografías de Carlos, que alimenten esta sed de arte que he llevado con el transcurrir de los años. Y qué viva la música, pero también la fotografía. 

Lic. Comunicación Social

Locutor de La Nación Radio 

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