Educación C.A

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Gustavo Villamizar Durán

El próximo 20 de marzo se entregará en Dubai, capital del emirato del mismo nombre, integrante de los siete Emiratos Árabes Unidos, el Premio al Docente Global 2019 (Global Teacher Prize). Este premio que alcanza su 5° entrega, es  presentado por sus organizadores y los medios de comunicación, como el “Nobel” de la educación. Otorga un millón de dólares a “un docente excepcional, que haya hecho una contribución sobresaliente a su profesión”,  fue creado por el empresario hindú Sunny Varkey y lo entrega la fundación Varkey cuya sede permanente está en Londres. Varkey, hijo de profesores, creó en 1959 la empresa  GEMS Education, considerada como la empresa de “servicios educativos” más grande del mundo, gestiona escuelas en 176 países llegando a unos 120 mil estudiantes en todo el planeta, alcanzó a facturar en el año 2018 una cifra poco mayor a los 1.200 millones de dólares y tiene un valor en el mercado alrededor de los 4 mil millones de dólares. Para más, uno de los principales inversores en GEMS Education es Blackstone, uno de los fondos de inversión más grandes del mundo, que maneja activos por 380 mil millones de dólares y centra sus inversiones en el sector inmobiliario, telecomunicaciones, energía y juegos de azar. Pearson, una gran empresa de servicios educativos  de origen británico, registró ganancias en 2015 por el orden de 723 millones de libras esterlinas.

La razón de la descripción de estos grandes conglomerados, tiene el propósito de mostrar lo que está ocurriendo en el mundo en relación a la educación y por qué han surgido las más disímiles propuestas para ponerle mano al incalculable negocio que se vislumbra en la educación. GEMS Education es apenas uno de los oligopolios volcados sobre el jugoso negocio de la educación, el cual, según estiman los calculadores de inversiones puede alcanzar cifras que rondan los 7 billones de dólares en el mundo.

La acción de estos oligopolios de la educación empieza con la privatización de la educación y su entrega a manos privadas, incluso para la instalación de verdaderas cadenas de franquicias de administración y gerencia, en ocasiones  transnacionales.  Igualmente, la imposición de modelos que “desvinculen al estado de la educación de los niños y jóvenes” como lo afirmó Betsy DeVos, actual Secretaria de Educación de los Estados Unidos, quien logró, en sus experiencias previas a la llegada al cargo,  que el 80% de los establecimientos educativos del estado de Michigan funcionen con el sistema “chárter”, es decir, administrados por compañías privadas, las cuales cobran a través de voucher que entrega el gobierno, deduciéndolos de los impuestos pagados por los padres de los estudiantes. Junto a ello, ha surgido en los últimos años una fuerte crítica desde los medios de comunicación, en ocasiones sustentados por declaraciones de ‘expertos’ que denostan de la educación pública y condenan severamente el desempeño de los docentes, solicitando evaluaciones permanentes y despidos, poniendo en serio riesgo el ejercicio de la profesión docente. De la misma manera,  en los últimos años, ha aumentado la exaltación del miedo, la inseguridad, la necesidad de protección, para estimular  que sean los padres quienes asuman directamente la educación de sus hijos, mediante el auxilio del software educativo y la computadora, sin comparecer en ninguna institución, solo cumpliendo con el requisito de un examen. De estas formas y otras más, se produce una dejación de la responsabilidad educativa del estado, se entrega en manos privadas la conducción de la educación, al tiempo que se va ‘incrementando su calidad’ solo con la incorporación de tecnologías y software novedosos, reduciendo la acción educadora de los docentes a la mera aplicación de técnicas prefabricadas, eliminando los saberes de la nacionalidad y la formación ciudadana, pero sin atisbar hacia la transformación del modelo transmisivo-directivo tan cercano a la visión humana y social del capitalismo.

Lo mismo ocurre en los países en los que se establecen modelos neoliberales o se aplican los formatos económicos y sociales del Fondo Monetario Internacional  –FMI-  o el Banco Mundial, según los cuales hay que ‘disminuir’ el estado mediante la privatización de todo lo que se pueda vender y claro, echando a un lado la formación de los ciudadanos.

En lo que respecta a la educación técnica, universitaria y de postgrado, son centenares de empresas de todo tipo, trasnacionales o subsidiarias de ellas en todo el mundo, que ofrecen oportunidades vía web, software, cursos, certificados y títulos, avalados por gobiernos ‘amigos’, fuera de cualquier control o supervisión de estado alguno. De esta manera se violenta el control o supervisión del estado sobre el proceso educativo de sus ciudadanos y pasa a ser diseñado y dirigido por los oligopolios de los servicios educativos, como los llaman, los cuales están sólidamente adosados al desenvolvimiento del infalible mercado.