Opinión

El «Barbieheimer» y el cine

6 de agosto de 2023

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Francisco Corsisca

Francisco Corsica

 

Desde que comenzó la pandemia en 2020, la industria del cine ha enfrentado desafíos únicos. La llegada de la COVID-19 causó el cierre temporal de esos establecimientos en todo el mundo, lo que afectó la taquilla de varias películas y detuvo la filmación de muchas otras. A medida que la crisis continuaba, los servicios de streaming ganaron popularidad, atrayendo a espectadores que buscaban entretenimiento sin salir de casa.

Este cambio en el comportamiento de los consumidores generó inquietud sobre el futuro del séptimo arte, obligando a los estudios a ajustar sus estrategias para adaptarse a la nueva realidad. El desafío principal es mantener la magia del cine tradicional mientras se incorpora la influencia creciente de los servicios de streaming.

A pesar de las dificultades hasta ahora descritas, algunas empresas se han adaptado muy bien e incluso han desafiado las predicciones sobre la posible desaparición del cine. Quizá, los mejores ejemplos de ello los tenemos actualmente en cartelera: “Barbie” y “Oppenheimer”. Ambas han tenido éxito en taquilla y han atraído nuevamente al público a las salas de proyección. Algo que hasta hace poco parecía impensable para dos producciones estrenadas en ese medio.

Sin embargo, no todas las compañías han tenido el mismo éxito. Películas como «La Sirenita», «The Flash», «Indiana Jones 5», «Krakens y sirenas: conoce a los Gillman» o «Ant-Man and the Wasp: Quantumania», todas de diferentes estudios, han decepcionado en taquilla a sus respectivas casas productoras. Y parece que este problema continuará en el futuro, por algunas polémicas que ya circulan por las redes sociales y los medios de comunicación.

Actualmente, se está exhibiendo una película con un mensaje progresista y otra de carácter histórico. Esto último es curioso, sobre todo porque algunos largometrajes han tenido problemas con el público debido a la «inclusión forzada», que se ha vuelto cada vez más común en este tipo de producciones. Disney recientemente despidió a Latondra Newton, encargada de supervisar este tema, seguida por sus homólogos en Netflix y Warner Brothers.

Todo esto es muy divertido. No puede decirse otra cosa. Es decir, Hollywood adoptó las ideas de los nuevos movimientos sociales y llenó sus películas con contenido para parecer «modernos» e «inclusivos». Han reinterpretado sus clásicos, alterando rasgos esenciales de los personajes y de las historias. Igualmente, han desmejorado la calidad de sus trabajos, siendo esto lo condenable del asunto. Sin embargo, esto ha agotado a la audiencia, que se ha visto obligada a buscar alternativas de entretenimiento.

Han llegado al extremo de ir en contra de su público objetivo y de tirarle piedras a sus grandes éxitos del pasado, que son los que los llevaron a la fama. Y bueno, se dieron cuenta de la peor manera de que estos cambios drásticos no generan los dividendos necesarios. El problema no necesariamente ha sido el giro progresista de Hollywood, sino el evidente bajón de calidad en unos cuantos productos cinematográficos. Como sucede ahora en taquilla, sí hay producciones con este tipo de mensajes que logran su cometido.

La película progresista es “Barbie”. A pesar de esa condición que tiene saturado al público, ha logrado sobresalir. Según la crítica especializada, la clave de su éxito radica en la manera en que ha logrado honrar el legado de la muñeca como un ícono de la feminidad, sin imponer cambios bruscos en la esencia de los personajes. Siendo feminista, esa película respeta el material original sobre el cual se basa y ofrece una experiencia entretenida.

Por otro lado, «Oppenheimer» ha dejado claro que la grandeza del cine reside en contar bien una historia excepcional. Aquí no hay mucho por acotar. Puede considerarse una de las mejores películas de este año y es probable que obtenga reconocimiento en los Premios Óscar, ya sea solo como nominada o como ganadora. A pesar de su calidad, ha enfrentado críticas por falta de inclusión, aunque al basarse en hechos reales no necesitaba ser inclusiva para ser impactante. Su recaudación respalda esta perspectiva.

En resumen, el cine sigue teniendo el poder de cautivar, entretener y educar. No es cierto que muchas películas estén fracasando debido al declive de este medio. Esto tampoco se le debe achacar al auge del streaming. Ejemplos como «Barbie» y «Oppenheimer», cuyo fenómeno es conocido como «Barbieheimer»; así como el éxito reciente de «Super Mario Bros.: la película», que estableció récords en taquilla, contradicen esta idea.

Lo que realmente falta son historias bien narradas, interesantes y atrapantes desde el principio. El cine en sí no está fracasando, es la industria encargada de generar este contenido la que no están entregando productos de calidad al público. Si los estudios desean seguir promoviendo la diversidad, deberían comenzar a hacerlo de mejor manera. Hasta ahora, estas ideas no han contribuido mucho en mejorar las historias y están espantando potenciales espectadores. Mientras tanto, que sigan triunfando las historias bien desarrolladas. ¡Un brindis por el séptimo arte!

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