viernes 3 diciembre, 2021
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El maletín del médico de la humildad

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Néstor Melani-Orozco *



Había sal bendita, un olor a incienso entre la humedad, paredes color ocre, y en un lugar el maletín que dejó el médico santo. Así confesaron los abuelos. Mientras detrás de aquel solar se divisó la alta torre de la iglesia parroquial. El horno antiguo de Céfora mostró los adobes de hace 132 años de un camino de los Andes.

Y La Grita, ciudad llamada del Espíritu Santo, olvidó en transcurrir de los años…

Mas de patrimonio, el libro perdido del Colegio Seminario del Sagrado Corazón de Jesús de La Grita, se podrá devolver la incógnita donde rezó en una de sus páginas las visitas del ilustre médico a la ciudad vieja de monseñor Jáuregui.

1889, año cuando el conflicto o huelga de sacerdotes en San Cristóbal. Figuraron los acuerdos y el padre eterno del viejo telón un día lo borraron con la presencia de Jesús en la cruz…

Mientras de la oralidad se mencionó a los doctores Alejandro Baptista y Anselmo Valbuena, y las colaboraciones del inminente médico trujillano en visitar la ciudad.

Hoy se hablará del santo José Gregorio Hernández, a quien desde hace un siglo el pueblo venezolano lo consagró a los altares, más de amor. Porque desde un aposento de una casa de la aldea o una casona de un patrón hacía existir de devoción un altar por el médico sanador de dolores y angustias.

De sus milagros y de la pureza de su vida, entre el verso, la música, el pintor de Nazarenos y el sastre regalando medicinas.

El hombre humilde que se entendía las necesidades de aquellos de las parroquias de la ciudad capital…

El católico. El hombre de la paz.

El doctor de la Universidad de Caracas.

El mismo de la Universidad Francesa, el investigador sobre la bacteriología en New York y el amigo de las noches hermosas frente a «Pentesilea» de Arturo Michelena, en La Rue de Vendone, allí en el Primer Distrito de París, al sur de la neogriega iglesia de la Magdalena, donde muy cerca vivió el pintor valenciano en la época.

Quien fue a los toros en Madrid y asistió de amor en Roma  y habló  de los secretos verdaderos de la dignidad,  y sus desafíos sociales  en tiempos del general J. V. Gómez.

El Dr. Temístocles Salazar describió las vivencias de José Gregorio en San Juan de Colon, quizás un día del alba se reconozca aquella memoria. Desde el catedrático o el romántico haciendo revivir el mérito humano del condiscípulo de Santis Dominici o del imponente Dr. Razzetti.

 Del Cristo en el calvario o del monje Cartujo viendo desde  adentro las  otras esperanzas…

Hoy sin equivocaciones. De amor por un personaje  que desde la teosofía hizo milagros. Cantó sus odas. Y bailó en festines, e invocó lo divino en amor y humanidad.

En un anuario del Instituto Civil, en 1947. Isaura. Doña Josefa Melani Pieruzzini de Olivares, antes de morir le confesó al poeta Teodoro Gutiérrez Calderón cómo de virtud, estando en La Grita, el joven médico José Gregorio Hernández fue a su casa a ejecutar el piano y a demostrar sobre el verso como aliciente en la cultura médica.

Quizás lo desconozcan, pero la huella cruzó el camino para entrar por los senderos de los páramos y desde Bailadores venir a La Grita. Y de Colon hacer su sacerdocio. Más de una memoria colectiva, un amor por el personaje.

Ahora la santidad, como una misión de esperanza por nuestro país; su santidad, el papa Francisco, al verdadero hombre puro y sin intereses por lo material, quien concedió el remedio  a los pobres y de verdad con su corazón  imploró al cielo, a un altísimo que es Dios, único de toda la Tierra.

Bendito  el pianista  de las noches hermosas de La Pastora. El hijo de Isnotú de la comarca trujillana y de esmeralda de los páramos andinos, de quien el infinito ya lo había consagrado de santidad porque los humildes siempre  le alumbraron  y de los años  viejos y nuevos  le vieron  ingresar a hospitales  a calmar los dolores…como visiones sublimes en otra dimensión.

Bendito amor entre la sabiduría del pueblo  y la eternidad de una historia romántica  de la otra Venezuela…

Bienaventurados los pobres. Porque ellos, un día en la verdad encontrarán a Dios!

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En el Libro:

UNA LÁGRIMA EN EL MARMOL

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