sábado 22 enero, 2022
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En una lágrima de amor

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Néstor Melani-Orozco 


…”De Pepe Melani, aquel pintor andino de

origen italiano. Lo recuerdo. Sí, muy bien.

Logré entender allí el lado maravilloso del realismo, le conocí pintando la cúpula de la iglesia de ese pueblo tachirense de La Grita, era el año de 1927. Iba yo a Cúcuta a presentar en ese viaje mi obra para el presidente de Colombia, Miguel Abadía Méndez, sobre “El Paso de los Andes de Simón Bolívar”…

¡Sí, lo recuerdo!

Ya Vicente Lecuna me proponía decorar la casa  de los Bolívar en San Jacinto.  Por órdenes del general Gómez. Y desde ese momento en los Andes, visualicé más en la obra de aquel pintor, mi camino verdadero.  Aun más de lo que aprendí en París.  Aquel maestro,  oculto en aquellos páramos, como manifestaba con la más inmensa armonía de un clasicismo muy auténtico.

Lo invité a mi estudio de Caracas para que fuese mi compañero de obras patrióticas.  Pues sabía hacer del arte una manera del alma”…

Tito Salas.

Petare. Diciembre  19 de 1970.

De una entrevista al maestro de la epopeya realizada por el periodista  Rafael Eusebio Baptista.

…“Encontré en el viejo baúl de mi padre  una imagen fotográfica de Jorge Eliécer Gaitán. Los colores con los que iluminó fotografías, el retrato de Leonardo Ruiz Pineda. Más los bocetos de la capilla del Seminario Eudista Francés, donde Dios rodeado de ángeles remontaba su infinito.

Fue esta noche volver a sentir mis recuerdos como una carta de amor entre las presencias, el dibujo  de Delia y el anillo de oro de mi madre. Encontrando las memorias del pintor. La mandolina, la guitarra y la perrubia del viejo violín, como aquel sentimiento de una generación de La Grita después de Mons. Jáuregui, en los albores de Isaura y los colores que abrieron los testimonios al pintor y músico. Quizás el disfraz de la muerte para el Circo Razzore y los andamios eternos de la cúpula sefardita de la catedral románica, a quien se perdió de allí una de las obras dedicadas a la Santísima Trinidad, de quien el último romántico de la pintura venezolana vino a admirar y concedió los mayores manifiestos a la verdad del pintor de La Grita.

Volaron golondrinas en cada amanecer. Un día encontré una valoración de José Ratto Ciarlo sobre aquel pintor olvidado de los Andes, su importancia de uno de sus viajes a San Cristóbal del académico profesor de la Universidad Central.

Más de la justa presentación del notable Aquiles Ortiz comparándolo con los dibujantes alemanes de comienzos del siglo XX. Y entre tantos, el maestro Quintanilla Ponce hace los comentarios, el haber conocido a Pepe Melani en su viaje por la Trasandina…

Fruto Vivas revive la obra del pintor a través de su digno sentimiento, habla de la importancia del ilustrador. Del pintor de santos, ángeles y demonios.

Porque cuando uno presencia la obra del holandés Peter Van Brueghel en el Louvre, allí se encuentra con Pepe Melani. Lo dijo una noche de vinos Hugo Baptista en la Mansión Suiza.

  O se avecina a saber de los frescos renacentistas de Padua, allí vive de amor el pintor de La Grita, quien se convirtió en dolor por los inconscientes. Entonces vienen los hechos, Luis Arturo Domínguez invitándole a ilustrar sus libros, y Mario Briceño Perozo a describir la bondad del médico de Dios trujillano.

Luis Felipe Ramón y Rivera, a acompañarlo en un pasillo junto a su mandolina. Y Belisario Rangel a saber de sus esculturas más elocuentes que aquel manifiesto que se abrió en la escuela de Caracas.

¡Dios Santo!

Detrás de la luna, “Almas Gemelas” en la poesía de Gutiérrez Calderón junto a su guitarra y al piano. En los gritos de su silencio y en el dolor que causaron los vendedores de sus obras.

Para casi maldecirlo como a los pintores franceses después de los impresionistas… entre las connotaciones de Baudelaire, o los delirios inmensos de Derian, para un fin de Van Gogh numerando las estrellas.

Regresé reflexionando y me aparecieron los muchachos estudiantes, que invitan al viejo pintor y músico a sus propuestas e ideales, de  sus ‘Revolucionarias ideologías” y de querer hacer del pueblo un manifiesto de las culturas en los emblemas de un credo, en sus personajes y entender a aquel señor testigo casi de cien años de

la ilustración tachirense, quien ambulaba casi abandonado entre llantos y dolores, en una ciudad ciega e inconsciente. Para hacerse irreverente y maldecir al mundo. Burlarse de todos con sus aleluyas.

Como Amadeo Modiglani en Mobtmatre sin su Livorno de amor. Así fue el final de mi Padre, viendo en sus nostalgias cómo habían  robado sus obras, sabiendo de aquellos amaneceres de imaginarios, de su violín, la guitarra y los secretos del adiós,  viendo desfallecer su capilla Eudista por unos sin valores, momias de la incultura y los depredadores  malditos de  los  patrimonios.

Igual a Manuel  Osorio Velasco en la capital del estado, en un ancianato, entre la soledad y mil lágrimas.

A mi padre yo lo llevé a vivir conmigo y de amor volvió a pintar.

Habló de los años y escribió epitafios. Volvió a su música y describió imágenes de un pueblo con sus dibujos y sueños…

 A Elbano Méndez Osuna lo borraron del nombre de la Escuela de Bellas Artes.

Y hasta de Belisario Rangel nunca supieron de dónde venía.

Un día los estudiantes enaltecieron al viejo pintor y colocaron nombres a sus idearios.

 Y el viejo pintor se murió hablando de Andrómeda o de Dante. Viendo la humanidad sin sentir los hechos de los viejos.

Afinó su violín y descansando su cuerpo, llamo al Cristo, el que profanaron los acólitos, mientras la luna de enero destiló lluvia como llantos de cielos…

Volvieron los recuerdos…

Cerré el pequeño baúl. Había nuevamente leído las frases de Tito Salas en la entrevista del autor de las “Invitaciones al Alba”. Entonces medité mis pecados y los pecados de aquellos que se burlaron de los viejos.

Volvieron las lágrimas por las otras esperanzas”…

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(*) Cronista de La Grita.

Narrador. Artista Plástico.

Premio Internacional de Dibujo “Joan Miró”-1987. Barcelona. España.

Maestro Honorario.

Doctor en Arte.

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