viernes 28 enero, 2022
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Era el 17 de diciembre

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Néstor Melani-Orozco *

Siempre estuvieron las banderas en la casa de Bolívar en La Grita. La casona del Llano de la Cruz del Pbro. Fernando José García, pabellones de la verdad y ejemplos de la gloria emancipadora.
La de los comuneros, la misma de la Orden Mayor de la Trinidad, testigo del Decreto de Guerra a Muerte, y la Tricolor con ocho estrellas azules en la franja amarilla, que se elevó en Carabobo en la consagración de la Gran Colombia.
Mientras cada 17 de diciembre, los viejos antiguos de La Grita paseaban por las calles a una anciana mujer a hombros, sentada en una silla de suela y madera. Y la banda del maestro Ramón Vera entonaba los himnos, y hermosas marchas; mientras la señora de aquel homenaje era Trina Huerta, aún sobreviviendo, muy después de la historia de 1830.
Eran los tiempos de 1897 a 1910. Y desde la Alameda, hasta el Llano de la Cruz, la romería revestía con banderas el aniversario de la inmortalidad de Bolívar en Santa Marta…
Los años cruzaron los calendarios y en los apuntes del reverendo padre Edmundo Vivas se lograron apreciar aquellos momentos hermosos de la dignidad de un pueblo y la gloria del Libertador en la ciudad del Caribe colombiano, quien fallecía pidiendo los valores morales y las grandes conciencias políticas…
Porque, más allá de los silencios, aquella conmemoración enalteció a La Grita e invitaba a las aldeas para que bajaran en caballos y rindieran tributo a la gloria del general más grande del mundo.
El 17 de diciembre de 1930 se inauguró el pedestal de la plaza con un bronce florentino, fundido en “La Vía Corregio”, en Italia, obra de Fusse Lera, de la Compañía Roversi. Ofrendas del General J. V. Gómez en los pueblos y ciudades, más la restauración de la casa natal del Libertador en San Jacinto, en Caracas…a los 100 de la muerte del hombre que valió por miles de soldados.
La Grita vieja y bolivariana guardó la silla de la mujer heroica en la casa cural del reverendo Sandoval…
Y los años olvidaron aquellos simbólicos momentos vividos de una ciudad con el Libertador de América…
Un día encontramos la vieja silla en un lugar que llamaron de un “Museo”. Y nadie sabía de la importancia de aquellos pasados tiempos.
Mientras vinieron hace 45 años y demolieron el pedestal de la estatua de Bolívar y en su vientre seis bolsas de cuero poseían tierra de los países libertados. Y hasta la placa del pensamiento de José Enrique Rodó fue entre los escombros del pedestal…
La Grita enmudeció y desde los años, porque aún estarán las huellas sagradas del ideario viejo en la comarca que borró los testimonios de una mujer en la presencia de la guerra de la independencia…
Mientras la casa del balcón esperará a sus defensores y las banderas en los símbolos del padre de seis naciones…
Entre una rosa roja y el collar de plata de la histórica mujer del siglo XIX en La Grita…Amor de un mundo entre las lágrimas del campanero…
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Cronista de La Grita

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