lunes 24 enero, 2022
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¡Feliz Año Nuevo!

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Fredy Contreras Rodríguez*

Frase colectiva, telúrica, general, auspiciosa, esperanzadora, bonita, que a partir de las 12 de la noche del 31 de diciembre de cada año y primeros días de enero, decimos a la familia, a los amigos y hasta a los extraños, para manifestarles nuestro deseo de buenas nuevas, en los días del año que recién comienza.
Hasta hace poco tiempo, recibir el año nuevo en los pueblos el Táchira era una costumbre asociada a las celebraciones de la Iglesia católica, que ocurría frente al principal templo de la ciudad -ubicados en su inmensa mayoría frente a la plaza Bolívar- luego de concluir la “misa de Nochevieja”, 10 minutos antes de las 12. De inmediato, los parroquianos se reunían a esperar las campanadas del reloj o del campanario de la iglesia, anunciando la llegada del año nuevo. Concluida la misa y al compás de las campanadas, se desataba la emoción colectiva del año nuevo con el abrazo y la frase ¡FELIZ AÑO NUEVO!, aderezada de deseos y parabienes, entre el ruido de la pólvora, de la quema del Año Viejo y la música de grupos improvisados, y de seguidas, la gente marchaba a celebrar la llegada del nuevo ciclo anual en sus casas, en sitios dedicados a la diversión nocturna o en bailes en la calle, igualmente improvisados.
En la sociedad del presente todo cambia con más rapidez, al ritmo impuesto por la dinámica de nuevos usos sociales y de la fulana globalización que nos transculturiza aceleradamente; tenemos nuevos códigos comunicacionales marcados por la tecnología y ahora, la “nueva cultura” que se expande por las redes sociales.
Del abrazo fraterno, directo, caluroso, individualizado, con la risa o la lágrima de la alegría, recitando recíprocamente el “feliz año nuevo” con las esperanzas puestas en el futuro mejor porvenir del año recién nacido, hemos pasado al cliché del meme, el audio, el video, la foto, el gif animado, el “capture” y demás artilugios visuales para dar el “feliz año”. Ahora, la llegada del nuevo año lo recibimos en sitios nocturnos, en lugares de ocasión o en la casa, con la vista puesta en el “smartphone” y preocupados por el sms, el WhatsApp y otras expresiones de la comunicación virtual de hoy, en lugar de compartir –en persona- con la familia y los allegados una fiesta que ya no es religiosa para bien de la gente; que adquirió nuevas dimensiones sociales y culturales y que sigue siendo una manifestación cultural grata y oportuna para reconocernos como seres sociales, centrados en el afecto y la solidaridad; siempre con la alegría de la esperanza y de las buenas nuevas en el año que recién comienza.
En todo caso, lo importante es que la fiesta del año nuevo siga siendo expresión del amor filial, de la manifestación de costumbres y usos sociales que auspician tiempos mejores, pero también que sea manifestación del sentido de pertenencia a una familia, a un lugar geográfico y al ámbito de nuestra identidad como Pueblo, Estado y Nación.
Deseo que 2022 sea tiempo de logros; que se materialicen todas nuestras aspiraciones individuales y colectivas; que todos los días del nuevo año el Táchira, la patria y el mundo, los viva en prosperidad material y espiritual; en paz y tranquilidad; trabajando con optimismo y dedicación hacia mejores estadios de dignidad y convivencia fraterna. QAS.
¡Feliz Año Nuevo!
*Abogado. Agricultor urbano.

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