Formar un ejército

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El empeño de formar oficiales instruidos en las artes y las ciencias militares en Venezuela tuvo su origen en la Colonia. adquiriendo importancia en Caracas lo relativo al estudio de las matemáticas.
La construcción de caminos y fortificaciones requería conocimientos especiales de los oficiales españoles y no era extraño que. tal y como ocurría en la Península, en América también se establecieran cátedras formales e informales de instrucción militar.
Igualmente, a favor de los civiles, el doctor Juan Antonio Montenegro, vicerrector del Colegio de Santa Rosa, preceptor de varios de los más notables hombres de nuestra independencia, esbozó sus ideas al sabio alemán Alejandro de Humboldt para impartir clases de matemáticas a los jóvenes de Caracas. La Universidad y el Real Consulado respaldaron entonces esa iniciativa.
Algunas cátedras surgieron poco tiempo antes de los sucesos de 1810, con la idea de que la matemática se estableciera en Caracas y en Cumaná, la primera a cargo del padre Francisco Andrújar, entre cuyos alumnos se encontraba Simón Bolívar, y la segunda regentada por el ingeniero Real Juan Pirés y Correa, en la cual se distinguió  Antonio José de Sucre.
Las ideas y las acciones de los hombres mayor entendimiento y formación dieron al contenido superior a la República. Ella, desde su nacimiento, en modo alguno desdeñó la cultura y el saber, el cultivo de las artes, los talentos, las humanidades y las ciencias. La ilustración inspiró los espíritus: la justicia, el derecho y la razón dictaron la doctrina política y formaron sus resoluciones.
En tal sentido, preciso es examinar el origen y conocimientos de los hombres civiles y militares que auspiciaron la independencia y quienes integraron el Congreso, el Ejecutivo y la Justicia, capaces como lo hicieron de propiciar cambios fundamentales y definitivos en la historia americana.
Admira como antecedente institucional la Resolución de la Junta Suprema de Caracas, dictada el 03 de septiembre de 1810, firmada por Lino de Clemente y Palacios, mediante la cual se creaba una Academia Militar de Matemáticas, remoto precedente de la Academia Militar de Venezuela.
Destruida la Primera República, sin embargo, aquel intento inicial se ratificó en el año de 1820 al presentarse el proyecto para formar en el ejército no únicamente hombres de acción sino también de: “oficiales facultativos”, ya que: “Esta naciente República necesita exércitos (sic) de operación y de fuerzas estacionarias, y tanto estas, como aquellas (sic), no pueden ser brillantes ni respetables, si les faltan Ingenieros y Artilleros bien instruidos”.
Capitán de Fragata en los comienzos de la independencia, General Comandante de Armas en 1828, don Lino de Clemente figuró entre los principales comandantes y cuando se precisaba a Venezuela: “salvarla en circunstancias tan difíciles”, estuvo entre los que respaldaron a Bolívar para que restableciera la integridad de la República y le devolviera el estado de respetabilidad, unidad y organización que requería.
Formó también parte Clemente en sus comienzos del grupo de regidores de aquella Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII, con la cual principió nuestra heroica y sacrificada gesta por la libertad de Venezuela. De la misma manera, fue el Primer Secretario de Guerra y Marina de la República. Fue uno de nuestros primeros diplomáticos al haber sido nombrado en el año de 1814 para peticionar ante el gobierno de SMB el reconocimiento y el respaldo a favor de nuestra Independencia.
Quien nació en hogar sobresaliente en aquella Caracas colonial mantuana y principal, prestó sus servicios meritorios a la independencia y, se dice, murió en la pobreza en el año de 1834.
Corresponde a la milicia honrar su nacimiento, el mérito de sus forjadores, los valores supremos de la República, la importancia del conocimiento y del saber, el ejemplo inmortal de quienes la llevaron por los campos de América para implantar y sostener los principios liberales inspirados en los Derechos del Hombre, al servicio de la libertad y de la dignidad de los pueblos.
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José Félix Díaz Bermúdez