General Rafael Urdaneta, ejemplo de nobleza y lealtad

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“Sereno en el peligro, culto, austero./ Fiel como Sucre y, a la par prudente./ Amó al Libertador y consecuente, Bolívar creyó en él de cuerpo entero./ Poeta Emiro Duque Sánchez.

Los primeros años de su juventud los vivió en Bogotá, al lado de su tío, don Martín Urdaneta, en 1804. Una vez declarada la independencia de Santa Fe de Bogotá, el 28 de julio de 1810, ingresó a las huestes revolucionarias en el batallón de Voluntarios de la Guardia Nacional, instaurada por la Junta Suprema de esa ciudad. Su vida pública se destacó en el campo militar y político. Sus innumerables realizaciones fueron de un hombre honesto, cabal, íntegro y leal. Intervino activamente en la Campaña Admirable conducida magistralmente por Simón Bolívar, en 1813, Tuvo una actuación brillante en varias batallas durante el desarrollo de la misma. Por eso, el futuro Libertador, al informar al Congreso de la Unión en Tunja en cuanto a la marcha de la expedición militar recién emprendida, describió al oficial Rafael Urdaneta como “digno de recomendación y acreedor  de todas las consideraciones del gobierno, por el valor e inteligencia con que se distinguió en la acción…”

Una de las actitudes descollantes la demuestra en La Grita, en el curso de la Campaña Admirable, al observar un lamentable incidente entre el sargento mayor Francisco de Paula Santander y el máximo jefe patriota. Entonces, el líder zuliano, testigo de aquel hecho, agarra un fusil y le dice: “Si Ud., Brigadier Bolívar, necesita dos hombres para salvar la república, cuente Ud. conmigo…” Apaciguada la discordia entre los dos jefes en disputa, la Campaña Admirable continúa su desarrollo. En esa ciudad, Rafael Urdaneta organiza el Estado Mayor del Ejército. En 1820 está en San Cristóbal, a la sazón Comandante Militar en ausencia del Libertador. En ese mismo año fue el primer Comisionado en la Ciudad de la Cordialidad para tratar los asuntos del Armisticio y Regularización de la guerra con los enviados por el jefe español Pablo Morillo; más luego, el Libertador designó al general Antonio José de Sucre integrante de esa importante comisión de reconciliación. En 1821 actúa en la toma de Maracaibo y el reagrupamiento de los ejércitos republicanos hacia San Carlos, lo cual sirvió de antesala a la batalla de Carabobo, que dio la independencia de Venezuela el 24 de junio de 1821. Vistos los excelentes servicios prestados a la causa patriota, el Libertador solicitó el ascenso a General en Jefe. En 1824 es nombrado Intendente del Zulia. En 1830, en vista de la gravedad de la situación de anarquía reinante y ocurrido el desmembramiento de la Gran Colombia, se encargó, como último recurso para salvar el proyecto bolivariano, de la presidencia de la nación y llegó a ser el último postrero mandatario de esa entidad republicana.

En lo político, Rafael Urdaneta desempeñó una vasta actividad en su carrera de hombre público. En 1828, en Bogotá, en la Secretaría de Guerra, le correspondió la responsabilidad de juzgar a los comprometidos en la Conspiración Septembrina, tentativa de asesinato de Simón Bolívar, el 28 de septiembre, en el palacio de San Carlos, Bogotá. Al juzgar a los autores del intento de magnicidio, el jefe patriota venezolano estuvo convencido de la culpabilidad del inamistoso jefe neogranadino contra nuestro Libertador en toda su carrera militar y política, Francisco de Paula Santander.

Rafael Urdaneta, según los historiadores, es catalogado uno de los mejores jefes patriotas que desempeñaron un rol estelar en nuestra emancipación, amigo leal y singular del Padre de la Patria Simón Bolívar. Su final como político lo efectuó en 1845, cuando es nombrado Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de Venezuela ante el Gobierno de España, durante el mandato del general Carlos Soublette, para gestionar las ratificaciones de los Tratados de reconocimiento de Independencia, Paz y Amistad, celebrados en Madrid el 30 de marzo de ese año y aprobados por el Congreso de Venezuela.

Antes de comenzar su misión diplomática, Rafael Urdaneta fue atendido por el Dr. Adolfo Frydensberg en La Guaira, quien le diagnosticó estar delicado de salud. Al llegar a Londres solicitó atención médica por sentirse quebrantado de vigor. En víspera de su fallecimiento, el legendario héroe zuliano expresó: “solo tengo y dejo una viuda y once hijos en la mayor pobreza; y los sueldos que la nación me adelanta para mi enfermedad, deseo que se los devuelvan al Tesoro Público” (cualquier parecido con los políticos y gobernantes contemporáneos es pura coincidencia?).

La probidad moral es un alentador y bello legado para las generaciones presentes. Su hijo primogénito Rafael, en comunicación dirigida al presidente de la República, Carlos Soublette, expresa: “deja a una larga y desgraciada familia sumida en la orfandad, en la miseria, en la mayor desesperación”. Al conmemorarse 231 años del natalicio del general Rafael Urdaneta, ejemplo de nobleza y lealtad, así como uno de los baluartes próceres de la independencia patria, evoquemos y practiquemos su legado en estos momentos apremiantes de la quiebra de los valores democráticos de la República.  (Alejo García S) alejogarciasierra@gmail.com