martes 18 mayo, 2021
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“Isaura”

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Néstor Melani-Orozco

Estas cosas de las noches de invierno, cuando La Grita se queda en silencios por la pandemia de un siglo. Y cantar de los gallos. Allí, entre todo, desde la ventana, escuchó el bandoneón de ‘Pepe’ Melani y más allá regresa el profesor Domingo Lupi Orozco y se abren los recuerdos, porque «Isaura», como la llamó Emilio Constantino Guerrero, cuando escribió la leyenda del Santo Cristo y se aferró de ilusión en la novela «Lucía». Y ella, señora de la literatura, está aún en la alcoba de los libros y espera las divinas hortensias para invocar los tiempos. Josefa Catalina Melani Pieruzzini de Olivares, la mujer de los versos, quien nació el 8 de mayo de 1862. Entre las pertenencias de su padre, escultor italiano, Doménico Melani, y la hermosa mediterránea, su madre, María Teresa Pieruzzini.

Quinta de nueve hermanos: Ítala. Luigi, Francesco. Ramona. Doménico. Enmanuel, Giussepi y Antonino. Desde una Grita de magnolias y de una época de Guzmán Blanco  en los aguerridos testimonios de un siglo.

Isaura, la comadre de Jesús Manuel Jáuregui. Y testimonio del Colegio Seminario del Sagrado Corazón de Jesús.

Muy de gracia su casa frente a la plaza Páez, el viejo lugar del convento, casada con el hijo del coronel Maferson, don Carlos Olivares. Y entre memorias se viene a convertir en una anfitriona de la cultura  tachirense. Puesto que su casa es lugar de oración, pero también relicario de la música, escenario del teatro y casi un cenáculo de la poesía.

Allí asisten desde las familias ilustradas, como de viajeros interesantes. Desde el jardinero Juan de Dios Sánchez, a Mariano Picón Salas, Rafael Pino, autor del escudo del estado, y arquitecto del Colegio de Jáuregui y la románica catedral. Udón Pérez, Epifanio Mora, José Rafael Pocaterra, Marcos León Mariño. Pedro Centeno Grau, el ingeniero del Gran Ferrocarril del Táchira, y hasta el dichoso general Eleazar López Contreras.

En casa de Isaura se quedó un libro francés de Medicina porque, según se dijo, era del Dr. José Gregorio Hernández y de la virtud que Marcos León Mariño le pintara a su hija de 16 años en el Ángel del Purgatorio que ella le mandó a realizar para la iglesia de los Ángeles.

Isaura, la madrina de ‘Pepe Melani’, junto a Aristodermo Paolini.

Es pues esta memoria a la mujer de las letras, quien desafió al gobierno de J. V. Gómez. La misma que el general Régulo Olivares le regaló una imprenta y desde allí nació el periódico «El Esfuerzo».

Rafael Ortiz del Gallego lo narra entre las memorias, y Rigoberto Henríquez Vera describe acontecimientos. Mucho más Ramón J. Velásquez habló y contó en una de mis exposiciones en Mérida y desde su voz describió: «Muy joven iba a La Grita y me deleitaba de la música de ‘Pepe’ Melani y entre poesías dormía en la casona de doña Josefa Melani, la poetisa Isaura».

Su voz, la voz de la mujer andina, mitad italiana, mitad venezolana, invocó un mundo desde las cartas de la chilena Lucila Godoy y de la fuerza poderosa de sus versos, más de ser anfitriona de la cultura.

En una noche de gracias en «Accua Benedetta» del maestro Raúl Sánchez, junto a su preciosa esposa, la Dra. Carmenza Cepeda, me mostró las cartas de Isaura y las publicaciones de “El Esfuerzo”, como del testimonio de la noche de 1916, cuando el ilustre zuliano, allí en su casa de La Grita, don Udón Pérez, compuso el himno del estado Zulia.

Isaura, el 1 de agosto de 1914, en la inauguración de la escultura de Mons. Jáuregui, en su discurso le dio a La Grita el sobrenombre de «Ciudad Atenas del Táchira».

Ese día, Nicolás Vitto, Ramón Vera G. y el reverendo Acacio Chacón, sembraron las ocho palmeras de la plaza en memorias al patriarca de la educación andina, monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno.

En 1947, antes de morir, le confesó al Dr. Teodoro Gutiérrez Calderón tantos hechos de su ciudad sagrada. Mas le afirmó que, en 1889, el médico trujillano había estado en su casona. Y entre acordes del piano leyó poesía. De allí el libro de Medicina en francés que la Poetisa donó a la biblioteca de Ciencias del Colegio del Sagrado Corazón de Jesús.

Como también, estando monseñor Jáuregui de director del Archivo de la Santa Sede en Roma, en el exilio, ella le llevó a su hija, la niña Ana Mireya, para que el ilustre sacerdote la bautizada en el Vaticano.

En el anuario del Instituto Civil, después Gutiérrez Calderón publicó esta dichosa entrevista.

Don Mario Briceño Perozo le dio una frase muy hermosa, «La Alondra Andina», y la escritora Gloria Stolk, siendo directora del Instituto de Cultura y Bellas Artes, le mandó a publicar el libro «Facetas Literarias de Isaura», que fue bautizado en el sagrado Ateneo del Táchira, en San Cristóbal.

Su casa la vendió su hija, Ana Mireya Olivares de Baptista, al padre Sandoval, para la Casa Cural de la parroquia Los Ángeles. Y los recuerdos se fueron perdiendo entre ignorantes y destructores de la cultura.

El gobierno estadal de 1968 creó una plaza en su nombre. Y un busto del escultor colombiano Alejandro Buitriago  se asignó al despacho municipal, y otro a la plaza con su nombre.

La poetisa Hildamar de Tesser promovió un centro literario con el nombre de Isaura, en Casino Militar del Liceo Jáuregui.

Pedro Emilio Coll le hizo una biografía.

Y desde los encantos, Pedro Romero Garrido le dijo: «No en balde tienen sus ojos el maravilloso azul de los mares de Italia.

El glorioso azul del golfo de Nápoles. Y en los canales de Venecia se nos llena el alma de misterios…

Azul celeste, bandera de todos los cruzados.

Del ideal,  los músicos van a contemplar el mar para inspirarse.

Los bohemios…

Sabrosa miel.

Vino de las campiñas.

Y de tu voz, los versos más eternos de la montaña andina»…

Los estudiantes de 1969 crearon una revista con su nombre.

Los años pasaron y esa noche, como les describí al comienzo, apareció el recuerdo del bachiller Lupi, quien ya anciano venía a mi casona a narrarme historias y una mañana, sábado, me narró cuando en un mitin político en Queniquea se ganó él un balazo, mas me describió el centro cultural de Isaura y me comentó de la virtud consagrada a decirle a La Grita como una Atenas. Más la notable visita a su casa del ilustre Tito Salas, quien vino atrás de ‘Pepe’ Melani, por la creación de la cúpula de la catedral, a quien el padre Eloy Contreras, muy sin saber las dimensiones del arte, mandó a borrar.

… “Y dichosos de nosotros, igualmente si secundando los altos ideales de nuestro actual gobierno, logramos con nuestro proceder convencer al mundo entero que nuestros dilatados valles y gigantescas cordilleras las formó la naturaleza, no para sostener tronos de tiranos, sino para ser pregoneros eternos de todos nuestros libertadores”…

Una tarde, en mi casa, el periodista Rafael Eusebio Baptista, nieto de Isaura, me entregó el discurso de la Poetisa, que fue leído en el Salón de Lecturas ante la concurrencia sancristobalense y desde la voz de Romero Garrido…

Una noche, muy después, encontré una dichosa fotografía, casi ocre. De aquellos sepias notables y allí, en ella, estaba la figura del señor del tango argentino, pero lo más interesante fue que en tinta negra decía: “a Doña Josefa Melani y a  Santiago Baretta, afectuosamente, Carlos Gardel».

El piano de la Casona de Isaura, al marcharse su hija, se quedó en la casa de doña Ernestina de Gandica. Y tiempo después se lo regalaron a la Escuela de Música Santa Cecilia.

Hablaron los recuerdos y vino al alma en flor desde aquel baúl de mi padre, con las eternidades curtidas en los campanarios anunciando los años y desde una carta de amor consagrada a mi Grita. Perdiéndose en la invocación eterna de la niebla…

8 de mayo del 2021. 153 años del nacimiento de Isaura …

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Cronista de La Grita.

Artista Plástico.

Honorario Sociedad Bolivariana de New York.

Premio Internacional de Dibujo «Joan Miro»-1987.  Barcelona, España.

Maestro Honorario

Doctor en Arte

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