La peor derrota: el desaliento

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A Teresa de Calcuta, la monjita santa de la India querida por su sabiduría y humildad, le hicieron una entrevista de 24 preguntas, cada una de las cuales debía responder en una sola palabra. ¿Cuál es la peor derrota?, le inquirieron, a lo que dijo: “El desaliento”. Cuánta verdad, si nos dejamos ganar por la desesperanza y el descorazonamiento, si toman cuerpo en nosotros el desánimo y el apocamiento, estamos derrotados, porque no se levanta quien se hace preso de la desmoralización, agobio y anonadamiento. Se me ocurre imaginar que la madre santa pensaba en la Venezuela de hoy, cuando sentenció que el desaliento es la peor derrota.
Luego de lo ocurrido este pasado domingo 15, cuando el régimen, con rechazo del 80 % de los ciudadanos, gana 17 de las 23 gobernaciones, por obra y gracia de las cuatro comadres, tenemos derecho a molestarnos e indignarnos (incluso a echarnos la culpa entre nosotros mismos, si bien no es lo más recomendable), pero lo único que nos está prohibido es el desaliento. Sacudámonos la tierra de la caída y adelante, con fe en Venezuela.
Este fraude brutal precipita el fin del régimen podrido y corrupto, lo lanza por un despeñadero, si actuamos en esta hora como nos corresponde. Hoy el régimen está más deslegitimado, dio un paso adicional hacia el barranco, luego del monumental fraude de la ANC del 30 de julio. Que la calle y el mundo conozcan nuestras razones, y que la calle no calle.
Cuando la MUD llamó a participar en las elecciones regionales, al igual que otros, yo no di crédito a sus razones. Luego, cuando se inscribieron los candidatos, sentí que no debía dejarlos solos. Algunos decidimos acompañar a la MUD, ayudar a los compañeros de viaje, aunque pudieran estar equivocados. Quienes así actuamos pensamos que sería peor dejarlos vapulear, que derrotaran a los nuestros sin que echásemos un tiro. Hicimos bueno lo bueno de sus argumentos, y cesamos la crítica. Otros, también con legítimo derecho, llamaron a la abstención o anunciaron que ellos se abstendrían. Cada uno hizo lo que a conciencia entendió debía hacer, sin que fuésemos unos más patriotas que otros. Hoy tenemos derecho a molestarnos por lo hecho o no hecho por nosotros mismos, y derecho a indignarnos ante el brutal y masivo fraude, pero lo que no podemos es desalentarnos y dejar fluir que no hay salida. La desesperanza es la muerte. Mientras reine el desaliento sonríen Nicolás y quienes son dueños del poder, y lo tienen a él por títere: el terrorismo internacional, el narcotráfico, la guerrilla colombiana y los intereses conocidos de Cuba, China, Rusia, Irán e Iraq. La ayuda humanitaria militar es indispensable, requerimos del auxilio de la comunidad internacional, para lo que el sostén de nuestro aliento y esperanza resulta imprescindible.
He aquí otras cuatro de las respuestas de Teresa de Calcuta a las que nos estamos refiriendo. Cuando le preguntaron, “¿Cuál es el mayor error?”, respondió: “Abandonarse”, dicho de otra manera, perder la esperanza, desalentarse. “¿Cuál es el obstáculo más grande?”, dijo, “El miedo”, y “¿la cosa más fácil?”: “Equivocarse”. Cuando le inquirieron sobre “¿cuál es la primera necesidad?”, manifestó “Comunicarse”. Es tiempo de comunicarnos entre nosotros, entre los miembros de la alternativa democrática. Es hora de hablar, y los primeros llamados a hacerlo con humildad y honestidad son los líderes de la oposición, hoy obligados a reconocerse mutuamente y a encontrar el camino que hemos de transitar juntos. La división no nos da ganancia.
Gandhi, maestro de paz y campeón de esperanza, escribió un día lo que hoy nos viene de perla: “Voy a seguir creyendo, aun cuando la gente pierda la esperanza… Y seguiré gritando, aun cuando otros callen… Invitaré a caminar al que decidió quedarse. Y levantaré los brazos, a los que se han rendido. Porque en medio de la desolación, habrá un niño que nos mirará, esperanzado, esperando algo de nosotros. Y aun en medio de una tormenta, por algún lado saldrá el Sol…”.
Twitter: @padronpaciano
(Paciano Padrón)