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La pobreza

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Eduardo Fernández

La llamada revolución ha terminado siendo una fábrica de pobres, una promotora de miseria, de hambre y desolación.

En el seminario convocado por Unión y Progreso para imaginar el futuro de Venezuela, recordaba yo una frase de John Kennedy en su discurso inaugural, en enero de 1960, que me impresionó mucho. Kennedy dijo: “el hombre tiene en sus manos mortales el poder para abolir todas las formas de pobreza en el mundo y toda forma de vida humana”.

Lo importante es que desde hace más de medio siglo está claro que en manos de la humanidad está la posibilidad de acabar con el hambre, la miseria, la pobreza y, también, por la existencia de armas atómicas, con toda forma de vida humana.

Desde entonces, la pobreza en el mundo es un escándalo. También lo es la pobreza en América Latina. Y también lo es en Venezuela, un país que tiene todo lo que se requiere para erradicar la pobreza y para que todos los habitantes de este país puedan vivir con la dignidad de seres humanos.

Los que han gobernado a nuestro país, desde hace más de veinte años, llegaron al poder con la promesa de hacer realidad la justicia social y erradicar la pobreza. Ninguna promesa ha sido más cruelmente olvidada que esa. La llamada revolución ha terminado siendo una fábrica de pobres, una promotora de miseria, de hambre y de desolación.

Encuestas muy serias y autorizadas hablan de que alrededor del 90 % de la población venezolana vive en situación de pobreza o de pobreza extrema, es decir, miseria. Y eso no es por falta de recursos o como consecuencia de las sanciones impuestas por los Estados Unidos. La pobreza en nuestro país ha sido el resultado de políticas deliberadamente calculadas para promoverla, a pesar de los enormes recursos administrados en los últimos años.

Es una generación degradada por el déficit alimentario y proteínico lo que está surgiendo ante nuestros ojos. Hace más de treinta años propuse una fórmula para erradicar la pobreza, afincada en dos factores fundamentales: crecimiento económico para generar empleos y educación para el trabajo para capacitar a nuestros jóvenes para que pudieran acceder a esos empleos modernos, productivos, estables y bien remunerados.

El daño que “esta gente” le ha hecho al país es inconmensurable. ¡Ojalá vengan tiempos mejores!

Seguiremos conversando.

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