martes 17 mayo, 2022
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María Teresa Rodríguez del Toro y Alaiza, 219 años

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Néstor Melani-Orozco (*)
Aquellas cosas que son preciosas, donde el ser revive los sentidos más sagrados y uno se encuentra con las más purificantes memorias.
Recordando hoy, a través de un escrito que me envió mi general Gerardo Antolínez sobre el aniversario de la muerte en Caracas de María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, esposa del general en Jefe Simón Bolívar, y donde aparecieron en mi mente aquellos tiempos españoles, cuando vine desde Barcelona, del país catalán a Madrid, a ver la obra de Picasso y después de meditar en el Museo del Prado e irnos por la gran vía, una mañana fresca de los albores del otoño fuimos a contemplar la iglesia de San José, donde joven el pardo Simón Bolívar se casó con su adorada prima, María Teresa Rodríguez del Toro y Alaiza. Desde la Corte de Aranjuez, hasta la entonces aristocracia de Caracas.
Era 26 de mayo de 1802… aun pareciendo que vibran los pétalos de las rosas y el ensueño de amor de la divina mujer, promesa del ilustrado joven venido de aquella Caracas con el nombre de Colombia. Provincia criolla y castiza llamada Venezuela.
Desde los nombres, el reino de España dominando a la América y Fernando Séptimo vagando en los dorados palacios, entre fantasmas y espejos adornados del oro robado del Perú y de esclavos sirvientes en las cortes de la heredad de Juana la Loca…
Allí, la iglesia de San José, muy cercana al lugar donde vive entre piedra y bronce el perseguido escritor y caballero, autor del “Quijote de la Mancha”…
Como sublimes reminiscencias a los gritos que habitan en los tiempos y se aferran a nuestras almas…
Bolívar regresa a Caracas con su amada prima y, entre otras realidades, se instala en el ingenio de San Mateo para las bregas de agricultor y las promesas de amor.
Conviven la Caracas de mantuanos, mestizos y españoles…
María Teresa enferma y fallece de fiebre amarilla.
Allí, en la iglesia de San José de Madrid, en un mármol de rosa de carrara, se describe aquella boda de la nieta de los herederos del Marqués del Toro y del joven Simón de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios, entre el rumor de los cipreses y aun las calles de piedra… cuando se deslumbra la línea azul de las montañas de la sierra del Guardarrama con sus tintes blancos de las nieves.
Porque el 22 de enero de 1803, a un año de la boda en Madrid, fallecía la hermosa dama, mujer de Bolívar en Caracas. Y se abría de dolor un mundo para el joven capitán del regimiento de caballería de oficiales del batallón de los valles de Aragua.
En 1828, en plena guerra de independencia, Bolívar le confesó a su secretario, Luis Perú de Lacroix, sobre su pasión por la hermosa madrileña, cuando las raíces de las rosaledas permanecían del González y se quedaron en las tintas de las cartas de amor y más de haber jurado nunca volverse a casar…
Describe la historia que María Eulalia de González guardó las promesas en aquel primer amor del joven Libertador, más las descripciones narradas para el edecán de Napoleón, Perú de la Croix, de quien este coronel francés se convirtió en el secretario del Libertador y se hizo autor de aquella hermosa entrevista de quien se transformó en el “Diario de Bucaramanga”…
José Palacios, el eterno testigo de la vida de Bolívar y edecán- mayordomo, ya convertido en indigente en Cartagena, después de 1830, narró muchas veces entre lágrimas cómo Simón Bolívar, en Santa Marta, invocó en su agonía a su María Teresa, descripción que me afirmó George Mier Hotman, una tarde de encuentro en Maturín, al regalarme los libros de “La Carta”.
En uno de los testimonios logramos leer, de uno de los libros de Gobierno de la Catedral de Caracas, gracias al buen gesto del profesor Palmenio García y la connotación del poeta e historiador Luis Brito, quien le dibujaba unas ilustraciones y me invitó a leer aquel testimonio del ideario guardado del Libertador…
…”Sin María Teresa del Toro, mi vida se transformó en pesar y vi desde aquel dolor a los desamparados y esclavos heridos y maltratados de América; fue de proponerme a la lucha por la libertad. Porque si ella hubiese permanecido viva, yo me hubiese dedicado más a mis tareas de agricultor, y quizás hubiese sido un triste alcalde de alguna provincia”…
Están allí, en aquella escritura, los sentimientos, el ánima de la mujer de los sueños…
Y de saber que en tiempos del general Antonio Guzmán Blanco se ordenó construir una cripta-mausoleo en la Catedral de Caracas y allí, junto a los padres de Bolívar, se colocaron los restos de María Teresa…
¡Gloria de una inmensa carta de amor!
En los tiempos del Perú, en las fuentes de El Chimborazo, la dichosa Marquesa de Solanda, esposa del general Antonio José de Sucre, salió encinta de un retoño, concediéndole una hermosa niña. Fue en esta alegría donde Bolívar le pide al ilustre Mariscal de Ayacucho le diera a la niña el nombre de María Teresa, amor de la ciudad de Quito y esperanza de un nuevo mundo, y Sucre le pidió fuese Bolívar el padrino de bautizo de la niña…
Al asesinar al Mariscal de Ayacucho, muy después, el traidor general Isidoro Barriga, fingiendo jugar con la infanta, la lanzó desde un balcón y moría María Teresa Sucre…
Tristes recuerdos de la libertad de América…
Cuando entre esta devoción de amor por Bolívar uno llega a la plaza de San Jacinto, en el corazón de Caracas, y entra a la casa natal del padre de América, allí, entre los inmensos lienzos de Tito Salas, se nos aparece la Boda del joven con la doncella de Madrid señorial. Y desde las rosas en el piso para el paso de la novia, el pintor dibujó sus hijas y viéndose en el altar el rostro del padre Borges, quien dictó el discurso de reinauguración de la casa.
Mientras cruza la solemnidad del casamiento, un viejo mira la escena, era otro de los modelos para la dichosa composición pictórica. Llamado don Vicente Lecuna, ganadero de reses de lidia, y fiel historiador. Tiempos del general J. V. Gómez, y a quien el benemérito de La Mulera comisionó para adquirir la Casa de los Bolívar Palacios, que era propiedad de una familia de alemanes y, además, le ordenó guiara las restauraciones…
Una noche de aquellas, donde hablamos de la historia de La Grita, hace tantos años, en mi casa solar, el viejo maestro, bachiller Domingo Lupi Orozco, entre sus recuerdos me trajo una interesante fotografía donde estaban el general Espíritu Santo Orozco y su esposa, Bárbara Genoveva del Toro de Orozco, donde me afirmó que en La Grita el apellido Toro era originario del Marqués del Toro. Y aquella mujer de la fotografía vinculada con el vasco general de los Orozco, era línea directa con la mujer de Bolívar…Y María Teresa de Bolívar fue del Toro, sobrina del Marqués firmante de la independencia de Venezuela y fiel compatriota al ideario sagrado de emancipación de la patria.
Por estos momentos de nuestras búsquedas de saber y hacer honor a las otras realidades históricas. Y de los 219 años de la gloria del amor del Libertador de América…
Y desde el espacio de un mundo aún suenan las campanas de aquella Madrid donde permanecen de encantos los primeros versos de un venezolano juntándose en amor a una delicada flor de España muy vieja…
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(*) Artista Plástico.
Cronista de La Grita.
Premio Internacional de Dibujo “ Joan Miro”-1987, Barcelona, España.
Maestro Honorario.
Profesor de Arte del Liceo Militar Jáuregui, 1974-2003.
Doctor en Arte.
Premio Nacional del Libro-2O21.

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