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Moral y ética: salvación de los partidos

Alejandro Bautista González


Si bien, en los dos últimos de mis artículos publicados en este Diario, se enfocó  “El auge y decadencia de los partidos políticos”, señalando los puntos clave de su apogeo y factores que incidieron en su desplome y pérdida de credibilidad; en esta oportunidad, partiendo de la  imperiosa necesidad que tienen estas organizaciones políticas de recuperar la confianza de las masas, escrutaremos sobre qué posibilidades pudieran facilitar la reconciliación partidista con sus seguidores.

Con las facilidades que provee la autopista de la información y del conocimiento global, la ignorancia de las masas sociales ya no es tal; razón por la que pretender el engaño o aceptación de conceptos equivocados en la pluralidad de la sociedad civil, resulta una misión más que imposible para cualquier organización partidista que lo pretenda. Situación esta intentada por el actual régimen venezolano en su afán “populista” que cuenta con el rechazo de más de un 80% del electorado, según encuestas del dominio público. Populismo es demagogia, la falta de planificación económica es su característica.

La injustificada crisis política, moral y socioeconómica que consume a Venezuela desde hace aproximadamente dos décadas, causante de la emigración de más de cuatro millones de venezolanos y la muerte inaudita de miles de personas, provocadas por la acción inhumana del mismo gobierno represor (en manifestaciones pacíficas, hambre-desnutrición, falta de asistencia hospitalaria adecuada, carencia de medicamentos, etc.), constituyen una dura lecciónque “el soberano” no quiere prolongar, por lo que exige el fin de la usurpación.

La ansiada reconciliación de los partidos políticos con sus seguidores no luce fácil, desde el punto de vista de estos últimos, pero los partidos insistirán hasta lograrlo. Reconquistar su aceptación solidaria será posible cuando se gane la confianza y la fe perdida. Al pueblo no le es fácil olvidar el desdén de sus dirigentes ante sus demandas, ni mucho menos, los actos indebidos faltos de ética y moral, cometidos no sólo por su dirigencia política, sino también los hechos de corruptela, no castigados, cometidos por altos funcionarios partidistas.

En su necesidad de ganar la confianza perdida, lo cual significa lograr el encauzamiento de la conducta humana dentro de la moral y las buenas costumbres, además de la preservación de su capital humano, muy valioso por su comprobada calidad profesional, ampliamente demostrada, dentro y fuera del país, los partidos tendrán que aplicar un meticuloso plan de reingeniería en su organización que implique, entre otras exigencias: a) Máximo grado de ética en el comportamiento de sus dirigentes, b) Máximo grado de ética en el comportamiento administrativo de los funcionarios públicos, c) Establecer sanciones disciplinarias y correctivas a dirigentes políticos y funcionarios por el cometimiento de actos reñidos con la moral y la ética, d) Crear unidades de seguimiento y control para dirigentes y funcionarios, e) Desarrollar en la organización partidista principios ideológicos doctrinarios, orientados hacia el bien común, f)…

La responsabilidad que tienen los partidos políticos en la vida nacional  gravita en el desarrollo del país, por lo cual esta representación debe estar ejercida por personas idóneas, donde puedan participar los ciudadanos que se sientan interpretados por principios, normas e ideales comunes y con capacidades de servicio público.

La cualidad de mayor significación que permitirá a los partidos reconquistar la confianza y credibilidad del electorado y, en consecuencia, ser tomados como “organización seria”, ha de ser su firme lucha contra el flagelo de la corrupción y el establecimiento de ejemplar castigo. Lo que significa que debe educar. Aquí radica su salvación.

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*Doctor en Cooperación Internacional. Integración y Descentralización: Los Desafíos del Desarrollo Internacional

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