Opinión
Nación venezolana requiere la mayor cohesión política y social posible
jueves 13 agosto, 2026
Julio César Hernández
¿QUÉ ES LA NACIÓN?
Es una tarea pendiente, restablecer, ampliar y mejorar, la cohesión política y social de la Nación. Se usa este último término, para significar con ello, según Rivas Quintero, el “sentimiento de solidaridad humana, que une a las personas, por lazos espirituales, suficientemente fuertes para crear una unidad social con identidad propia, diferenciable, por contar con una misma tradición histórica, una misma comunidad de intereses y vivencias producto de luchas históricas por las libertades, la integridad personal, el desarrollo económico, para alcanzar los fines que como Estado se propone, sin importar incluso, vínculos de sangre o de suelo”.
EL VALOR
Tratando de ajustar este concepto de Nación a la realidad política de Venezuela, podemos destacar que, la solidaridad se prevé como un valor superior de la actuación estatal y ciudadana, una manifestación ética y humana, que se debería concretar, esencialmente en lo político en una mayor organización y articulación de las fuerzas políticas, tales como: Partidos Políticos, entes de la Sociedad Civil, gremios, sindicatos y ONGs entre otras formas asociativas, con el propósito, de recuperar derechos y libertades e impulsar beneficios comunes, que han sido, conculcados, por régimenes como el imperante, bajo el manto del socialismo revolucionario.
INOBSERVANCIA
Sin embargo, dicho valor, no ha sido valorado suficientemente, desde el ángulo político, porque esas fuerzas políticas democráticas, entre ellas, por muchos años, erosionaron la necesaria cohesión, que ha debido surgir en defensa de la Democracia. Las pugnas, por asumir el control de la conducción opositora, marcaron serias e irreconciliables diferencias entre diferentes actores políticos, a pesar de ejercer ese oficio, poco hicieron por limar asperezas, mientras que simultáneamente la “polarización”, se fue encargando de radicalizarlos, al punto que no se reconocían en su dignidad humana, todo lo cual, fue creando una profunda división social.
DEBILITAMIENTO DE LAZOS
La sociedad venezolana se resintió, a causa de ese “grave debilitamiento” en la interrelación política de sus ciudadanos, adjetivos escatológicos, injurias y descalificaciones, iban y venían, lo que todavía no ha desaparecido, valores como el respeto, la tolerancia y la cohesión, se extraviaron. Los lazos históricos, culturales y democráticos, fueron quedando atrás, nuestra tradición republicana en favor de la paz, el trabajo, la educación y el respeto a la propiedad privada, corrieron la misma suerte, dando origen de esta manera a conflictos con el Poder Público, que mermaron la motivación de muchos, por construir un mejor país.
VALOR INTRÍSECO
Ya, en estos días, se iniciaron una serie de diálogos, entre el gobierno interino y la Asamblea Nacional-2015, dirigido a lograr, una transición democrática el próximo año; hecho que por lo demás, suscita un gran interés nacional e internacional; sin embargo, el interior de ese proceso, debe ser reforzado y amalgamado, con filosofía sobre lo que significa la cohesión política y social, que haría, sin dudas, más seguro y estable ese necesario cambio político, más, si esas voluntades, aceptan acordarse a pesar de las múltiples diferencias existentes entre ellas, las que, a todas luces, no están por encima del anhelo ciudadano de relevar civilizadamente al actual régimen dominante.
INSTITUCIONALIZACIÓN PENDIENTE
Lo anterior, puede llevar al país político a entender que, buena parte de la conflictividad existente, obedece que, a lo largo de todos estos años de revolución socialista antidemocrática, no se institucionalizaron mecanismos racionales de resolución de conflictos, ergo, no se encausaron para su resolución, los serios problemas de polarización política y de exclusión, que se profundizaron. Bajo rasgos militaristas, se celebraron supuestas victorias del Poder, contra los reclamos ciudadanos, por mejores sueldos, inclusión social, mejores servicios públicos y ejercicio pleno de derechos y libertades, entre otras malas prestaciones estatales cumplidas, que a la postre resquebrajaron el sentimiento de cohesión nacional.
NUNCA ES TARDE
Prácticas contrarias a las descritas, hubiesen fortalecido la necesaria y trascendente cohesión política y social, y no la anomia que a veces se percibe en nuestra Sociedad. No obstante, nunca es tarde para recurrir a ese lazo espiritual, histórico, cultural, religioso y político, que puede impulsar a la mayoría de voluntades democráticas venezolanas, a establecer planes, con objetivos y metas realizables en el mediano plazo, que puedan despertar emociones compartidas, con el propósito de ir edificando nuevamente, la confianza e identidad entre todos, dado que, en el presente, la desconfianza existente entre las mismas fuerzas democráticas, nos priva de avanzar más rápido hacia la anhelada Democracia.
SUGERENCIA
En ese orden de ideas, el liderazgo político nacional que no participa de los diálogos hacia la transición democrática, pudiese dedicarse a difundir por todo el país, la necesidad y trascendencia de la cohesión política y social del país, con la finalidad de buscar inteligentes acuerdos, entre los potenciales actores del sistema político a restaurarse, pero por sobre todo haciendo énfasis en la existencia de hábitos, valores, costumbres y culturas compartidas, que son como se dice el “cemento que permitirá mantenerla unida y permitir a la vez que, las personas puedan vivir juntas en armonía”, o sea, destacando lo que siempre, nos ha unido como Nación. Sin cohesión, la transición hacia la Democracia, será débil e inestable.
LEGITIMIDAD
La anterior propuesta se justifica en virtud de que la institucionalización procurada, deberá fortalecerse con la pertinente legitimidad, para que no hayan cuestionamientos al respecto, para que, las alianzas o acuerdos, que se puedan convenir, entre los sectores públicos y privados, sean el resultado de consensos, donde haya confianza recíproca entre ellos, que haya claridad en que, todos persiguen cumplir objetivos comunes al bienestar colectivo, y no, cumplir con metas excluyentes y de poca inclusión social, lo que deberá ser suprimido, a los efectos de reducir las desigualdades materiales y sociales y consolidar así, la cohesión política y social.
EL ARRAIGO
La necesaria y trascendente cohesión política y social, recuperará y fortalecerá también el sentido de “pertenencia”, de los ciudadanos venezolanos a la Nación, lo que se puede traducir en creación de mecanismos por parte de la sociedad civil, para fortalecer relaciones de solidaridad y responsabilidad sociales, tanto dentro de los grupos como entre grupos y en sus espacios de activación; se podría difundir expansivamente una cultura pluralista, que permita mejorar los niveles de convivencia y comunicación entre actores, con variadas diferencias; y en la filiación progresiva de grupos sociales a redes de interacción para participar en instancias deliberativas.
En tal sentido, una mayor disposición de la ciudadanía a apoyar la democracia, a participar en asuntos públicos y en espacios de deliberación, a confiar en instituciones legítimas, podría robustecer un mayor sentido de pertenencia a la comunidad y de solidaridad con grupos excluidos y vulnerables, así como facilitar el logro de pactos o nuevos contratos sociales para promover y defender políticas que tiendan a proteger a los más vulnerables, ergo, es necesario que, un amplio espectro de actores de distintas procedencias, concurran a respaldar un proyecto de Nación, centrado en el compromiso de la ciudadanía y del Estado con la cohesión política y social, lo que pasaría por una revisión del actual texto constitucional.
LAS DIFERENCIAS
Por último, los venezolanos debemos tener claro que, tenemos un destino compartido, que no puede ser truncado, por diferencias políticas que marcan conductas encontradas; todo lo contrario, tenemos que entender que las diferencias, forman parte del pensar del hombre, por tanto, hay que respetarlas y saber convivir con ellas. Esta posición será fundamental para la cohesión política y social, que hay que construir, porque hace entender que, las diferencias, no definirán completamente la relación entre las personas, lo que, sin duda, refleja una gran madurez ciudadana y a la vez, hace pensar con optimismo que, la mayoría de personas, tendremos una visión compartida de país, y no segregada, como hasta ahora.
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