Opinión
“No se aceptan influencers”
jueves 13 agosto, 2026
*Rocío Márquez
Estoy enseñando a mis alumnos la teoría de los líderes de opinión y coincide que, mientras conversamos en clase sobre cómo algunas personas pueden influir en las decisiones de otras, aparecen en las noticias varios restaurantes de España que han decidido colocar carteles prohibiendo la entrada a influencers. Así que aprovecharé esta coincidencia para hablar de la comunicación en la era digital.
¡No tomamos decisiones únicamente a partir de los medios!
Hace décadas, la teoría de la comunicación ya había observado que muchas veces no tomamos decisiones únicamente a partir de los medios, sino también a través de personas cuya opinión consideramos relevante.
Hoy en día esa figura tiene nuevas formas y una capacidad de alcance mucho mayor debido a las redes sociales. Un video en TikTok o Instagram puede hacer que miles de personas descubran un restaurante, quieran probar un plato concreto o lleguen incluso sabiendo dónde quieren sentarse.
Pero quizá hay algo más interesante que la influencia misma. Por ejemplo, ¿qué ocurre cuando la experiencia comienza a organizarse pensando en cómo aparecerá después en una pantalla?
La vida debe ser “instagrameable”
Lo vemos en restaurantes que han incorporado a su diseño platos llamativos, paredes, luces, decoraciones o rincones pensados para provocar que saquemos el teléfono.
Lo “instagrameable” se ha convertido en un atributo de la experiencia gastronómica junto con la propia comida. Ya no basta necesariamente con que algo sepa bien. También importa que se vea bien, que pueda fotografiarse y, sobre todo, que pueda circular en las redes.
Entonces, ¿vivimos entre pseudoeventos?
Para hablar de este tema podemos recuperar un viejo concepto. En 1961, Daniel Boorstin habló de los “pseudoeventos” para referirse a acontecimientos que no ocurren de manera completamente espontánea, sino que son preparados pensando en su difusión mediática. Una rueda de prensa sería el ejemplo clásico, pues sucede realmente, pero se organiza para que alguien la cuente.
Lorenzo Gomis, en 1991, recuperó este término para explicar que la presencia de los medios puede influir en que determinados acontecimientos se organicen precisamente para obtener visibilidad.
Hoy, las redes sociales nos permiten mirar ese concepto desde otro lugar. Ir a un restaurante para comer es una experiencia cotidiana, y fotografiar el plato se ha convertido en parte de esa experiencia.
Pero ¿qué sucede cuando el plato, el espacio o incluso determinados momentos de la experiencia son pensados de antemano para ser fotografiados? La experiencia ya no solo se vive, sino que además se prepara para ser vista.
¿Disfrutar la comida o producir contenido?
Desde esta perspectiva, los carteles de “No influencers” pueden leerse como algo más que una reacción frente a determinadas prácticas.
Dejando a un lado el importante debate jurídico sobre la prohibición de entrada y su posible afectación a profesionales como los periodistas gastronómicos, también parecen expresar una tensión entre disfrutar un espacio y convertirlo en escenario para producir contenido.
A ello se suma una práctica cada vez más visible: el intercambio de comida por publicidad. Algunos creadores proponen consumir gratuitamente a cambio de mostrar el restaurante a sus seguidores. La moneda de cambio ya no es necesariamente el dinero, sino la visibilidad.
Quizá convenga reconocer que los restaurantes tienen parte de razón al querer establecer ciertos límites. Grabar durante largos periodos, repetir escenas, desplegar equipos o alterar el servicio para conseguir una publicación puede afectar la experiencia de quienes simplemente han ido a comer.
El asunto tal vez no sea impedir que alguien comunique, sino cómo convivimos cuando un mismo espacio sirve para comer y, al mismo tiempo, para producir contenido.
“No influencers”
Finalmente, llama la atención la paradoja: Un restaurante coloca un cartel de “No influencers”. Alguien lo fotografía. La imagen circula en redes, provoca comentarios, llega a los medios y proporciona al establecimiento una enorme visibilidad. Entonces, el intento de escapar de la lógica mediática termina convertido en acontecimiento mediático.
Boorstin escribió sobre los pseudoeventos mucho antes de Instagram y TikTok. Quizá hoy su concepto nos permita hacernos una pregunta: ¿fotografiamos nuestras experiencias porque las estamos viviendo, o empezamos también a construir experiencias para poder fotografiarlas?
*Comunicadora social. Doctora en Ciencias Humanas. Profesora de la Universidad de Los Andes, Táchira.
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